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“Este llamado es necesario e indispensable para garantizar no solo la democracia, sino también la garantía de que podemos continuar siendo un país diverso que atiende al llamado derecho de elegir y ser elegido libremente.”
El pasado 21 de junio, tras haber pasado la jornada de elecciones presidenciales de los candidatos Iván Cepeda Castro y Abelardo de la Espriella Otero, como era de esperarse, Colombia entró en un modo de críticas y choques políticos tras los resultados electorales.
El punto de partida de esta opinión, más que centrarse en la ola de violencia generada antes, durante y después de las actividades democráticas, es aludir a ciertas reflexiones que surgen a partir de los mismos comportamientos vistos después de las campañas realizadas por los candidatos y la posterior decisión que tomó Colombia, si bien lo importante aquí no es determinar en esta discusión qué candidatura es la más apropiada o qué candidato es el más idóneo para asumir una presidencia, sino focalizarnos en lo que estamos haciendo como sociedad frente a una democracia, frente al respeto político y de elección, frente a lo que cada uno de nosotros como sujeto de derechos y responsables de ciertas obligaciones estamos haciendo y asumiendo cuando otra persona piensa, opina y vota diferente a nosotros.
Es claro mencionar que entre ambos partidos políticos, a lo largo del tiempo, han existido diferencias sustanciales al momento de determinar la ruta o el futuro del país en temas económicos, culturales, educativos o ambientales, lo que en últimas, por mero principio de naturaleza, ocasiona choques, posturas y argumentos fuertes, sin embargo, tras estas elecciones, a nivel social podemos ver un reflejo de odio, de resentimiento y discriminación por quienes piensan y votan diferente, y las preguntas más significativas son: ¿por qué?, ¿qué estamos haciendo como sociedad para cambiar estas modalidades de violencia por lo diverso? Porque en definitiva lo diverso es todo lo diferente, y ser diferente no tendría que ser un problema, no tendría que ser motivo de señalamiento, de juzgamiento, de insultos como lo estamos viendo estos días.
Personas, grupos de ambos partidos discutiendo, señalando, insultando, golpeando, amenazando a sus oponentes solo por pensar y apoyar causas completamente distintas a las propias, es por ello que tras vivir estas elecciones y las secuelas de la misma, es importante hacer un llamado social a que enfrentemos estas elecciones y las próximas no desde la aversión por los oponentes y sus múltiples decisiones, sino a que se haga desde el respeto, desde el conocimiento, la empatía, la solidaridad y sobre todo, desde un campo donde al momento de estar en desacuerdo con las ideas, o toma de decisiones del oponente, podamos discutir o polemizar siempre desde un enfoque tolerante por lo que dice el otro, pues este llamado es necesario e indispensable para garantizar no solo la democracia, sino también la garantía de que podemos continuar siendo un país diverso que atiende al llamado derecho de elegir y ser elegido libremente.













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