Firmes con la democracia

Andrés Barrios Rubio

“Colombia se dispone a celebrar un nuevo proceso electoral en un contexto de marcada polarización política. Como ha ocurrido en distintos momentos recientes de la historia colombiana, el país se encuentra ante una decisión de gran importancia sobre el rumbo que desea seguir durante los próximos años. No obstante, independientemente de las particularidades relacionadas con los nombres, las ideologías o las campañas, existe un elemento que debería unir a todos los ciudadanos, la defensa de la democracia.


Durante el último cuatrienio, el debate público se ha caracterizado por una confrontación constante, la descalificación del adversario y la incapacidad de alcanzar consensos mínimos sobre los principales desafíos nacionales. La inseguridad, el deterioro económico de muchos hogares, las dificultades del sistema de salud, los escándalos de corrupción y la creciente desconfianza institucional han sido los temas centrales de la conversación pública.

En este contexto, resulta comprensible que una parte importante de la ciudadanía exprese su descontento con la gestión del gobierno saliente. Las promesas de transformación a menudo se enfrentan a la complejidad de gobernar, y los resultados terminan siendo el criterio definitivo con el que los ciudadanos evalúan a quienes ejercen el poder. La democracia opera mediante un sistema de rendición de cuentas, en el cual los gobiernos actúan en representación de los ciudadanos y son estos quienes, a través del sufragio, reconocen o sancionan las decisiones adoptadas.

Asimismo, es evidente que numerosos actores políticos intentan actualmente distanciarse de errores, decisiones o controversias que hace apenas unos años o meses defendían con convicción. Esta dinámica no es nueva. La política se caracteriza por una serie de reacomodamientos discursivos en el periodo previo a las elecciones. Por lo tanto, es responsabilidad de los ciudadanos examinar con escepticismo no solo los discursos actuales, sino también las acciones previas, la coherencia de los liderazgos y la credibilidad de las propuestas.

La memoria democrática se perfila como un componente esencial para el desarrollo de la sociedad. Los ciudadanos colombianos tienen derecho a exigir explicaciones sobre los resultados obtenidos, el manejo de los recursos públicos, la transparencia institucional y las decisiones que han afectado la vida cotidiana de millones de personas. Del mismo modo, tienen derecho a cuestionar cualquier proyecto político que pretenda minimizar los errores propios mientras magnifica únicamente los ajenos.

Ciertamente, la discusión no puede ser simplificada ni reducida a sentimientos de resentimiento o miedo. Para que una democracia sea sólida, es necesario que los ciudadanos estén debidamente informados y sean capaces de evaluar de manera crítica las propuestas, trayectorias y capacidades de gobierno. Es igualmente indispensable la existencia de instituciones sólidas que aseguren la alternancia en el poder, el respeto por las normas establecidas y la independencia de los organismos reguladores.

La verdadera fortaleza democrática no radica en la victoria de una ideología específica. Se trata de garantizar que los ciudadanos puedan ejercer su derecho al sufragio de manera libre e informada, sin verse sometidos a presiones, intimidaciones o cuestionamientos a la legitimidad de las instituciones en caso de que el resultado no sea favorable para ciertos sectores políticos. Por lo tanto, el mensaje principal que debe transmitir esta jornada electoral es el llamado a la participación ciudadana. La indiferencia no ha sido una solución efectiva para los problemas de Colombia. Cada abstención constituye una decisión que otros individuos finalmente adoptan. Cada ciudadano que decide abstenerse de ejercer su derecho al voto está desestimando la oportunidad de expresar su punto de vista a través del sufragio.

Este domingo no debería ser una jornada de odio entre compatriotas. Se trata de una demostración de madurez democrática. Los ciudadanos colombianos tienen la oportunidad de expresar sus convicciones a través del mecanismo más poderoso de una república, el voto libre. Es crucial que Colombia recupere la confianza en sus instituciones, fortalezca el Estado de derecho y reconstruya los puentes de diálogo que han sido deteriorados por la polarización. Es evidente que ningún gobernante estará en capacidad de resolver por sí solo los problemas estructurales del país. Sin embargo, es preciso entender que cualquier solución comienza por respetar las reglas democráticas y la voluntad ciudadana.

Independientemente de las discrepancias ideológicas, existe una responsabilidad colectiva que debe ser reconocida y abordada, la cual consiste en la defensa de la democracia frente a aquellos que buscan socavarla, relativizarla o convertirla en un mero instrumento de conveniencia política. La democracia no se encuentra vinculada a una ideología política específica, ya sea de izquierda, de derecha o de centro. Pertenece a los ciudadanos.

Independientemente de la opción que cada colombiano considere más apropiada para el futuro del país, es fundamental transmitir un mensaje claro y conciso, que invita a la participación, la toma de decisiones y el respeto por el resultado. Es un hecho que las democracias se fortalecen cuando los ciudadanos asumen su responsabilidad y hacen oír su voz. Este domingo, Colombia tiene una cita con su futuro. Y la voz más adecuada que se puede transmitir es que mantiene firme su compromiso con la democracia.

En una democracia madura, los ciudadanos tienen el derecho y la responsabilidad de evaluar el desempeño de un progresismo que se encuentra actualmente personificado en Iván Cepeda Castro, contrastar promesas con resultados y exigir rendición de cuentas. Ciertamente, a la izquierda colombiana le resulta difícil ocultar la corrupción, los fallecidos sin acceso a medicamentos, el nombramiento de diversos funcionarios públicos incompetentes, maltratadores, con títulos de dudosa idoneidad y la concesión de amplios beneficios a los criminales.

El debate público debe centrarse en los hechos, las propuestas y la capacidad de liderazgo, evitando desinformación, temores infundados o descalificaciones personales. A pocas horas de los comicios, son muchos los que buscan distanciarse de Gustavo Francisco Petro Urrego, los mismos que dicen ser promotores de la vida, pero olvidan que fueron quienes inmolaron a las víctimas del Palacio de Justicia, o que hablan de ética y moral por la juventud, omitiendo los 18.677 niños y niñas reclutados y vulnerados por las FARC. Colombia no debe sucumbir al engaño de un proyecto político que no garantiza la capacidad de enfrentar los desafíos nacionales, fortalecer las instituciones y asegurar la seguridad, la prosperidad y las libertades de los ciudadanos. El proceso electoral constituye una ocasión para deliberar sobre perspectivas futuras y determinar, a través de un voto libre y justo, la opción que inspire mayor confianza.

El momento demanda responsabilidad cívica; es preciso ejercer el derecho al sufragio y demostrar que existe un país que se mantiene firme en su compromiso con la democracia. Millones de colombianos son conscientes de la conexión y proximidad del progresismo con los actores armados, la benevolencia con los actos non-santos y las incongruencias que actualmente se intentan ocultar mediante la victimización. La estrategia de la izquierda para persuadir a las fuerzas de centro es arriesgada, ya que busca crear la percepción de una ruptura con la Constituyente y con las acciones asociadas a Hugo Chávez Frias que llevaron a Venezuela donde hoy se encuentra.

La decisión está en manos de los ciudadanos, y el resultado debe ser respetado por todos los sectores políticos. La democracia exige aceptar las reglas del juego tanto en la victoria como en la derrota. Ninguna diferencia ideológica justifica la violencia, la intimidación o el desconocimiento de la voluntad popular como ya lo proponen voces del progresismo de izquierda que hablan de incendiar el país si el resultado les resulta adverso. La fortaleza de una nación democrática se mide precisamente por su capacidad para resolver sus diferencias mediante el voto, las instituciones y el respeto mutuo.

Andrés Barrios Rubio

PhD. en Contenidos de Comunicación en la Era Digital, Comunicador Social – Periodista. 23 años de experiencia laboral en el área del periodística, 20 en la investigación y docencia universitaria, y 10 en la dirección de proyectos académicos y profesionales. Experiencia en la gestión de proyectos, los medios de comunicación masiva, las TIC, el análisis de audiencias, la administración de actividades de docencia, investigación y proyección social, publicación de artículos académicos, blogs y podcasts.

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