Colombia no puede quedar en manos del miedo

La realidad electoral de Colombia hoy tiene varios frentes que explican por qué Iván Cepeda aparece liderando sectores importantes de las encuestas. Y uno de los más preocupantes es, sin duda, el crecimiento y fortalecimiento de las estructuras criminales en el país.

La llamada “paz total” terminó convirtiéndose en un fracaso absoluto. No existe hoy un solo indicador serio de seguridad que permita concluir que Colombia está mejor. Por el contrario, grupos armados ilegales han recuperado control territorial, poder económico y capacidad de intimidación en muchas regiones del país. En varios territorios, la libertad electoral está gravemente comprometida, porque las comunidades viven bajo presión permanente de estructuras ilegales que influyen sobre la vida política y social.

A esto se suma el enorme fortalecimiento económico del narcotráfico y de la minería ilegal.

Colombia hoy no tiene un rumbo claro en materia de seguridad, y esa ausencia de autoridad ha permitido que organizaciones criminales crezcan como hace muchos años no ocurría. Guerrillas, bandas criminales, narcotraficantes y economías ilegales se han expandido mientras el Estado pierde presencia efectiva en múltiples regiones.

También es evidente el debilitamiento progresivo de las Fuerzas Militares y de Policía. La disminución de la inversión, la pérdida de respaldo político y la falta de una estrategia clara han generado un escenario ideal para el crecimiento de estructuras criminales que hoy desafían al Estado con total tranquilidad.

Otro elemento que preocupa profundamente es la forma en que el Gobierno Petro ha construido una relación política basada en subsidios y transferencias económicas permanentes. No se trata de cuestionar la ayuda social necesaria para millones de colombianos, sino de advertir cómo se ha instalado una lógica donde el Estado se convierte en una herramienta de dependencia política. Por eso resultan tan delicadas propuestas como entregar pagos mensuales incluso a personas privadas de la libertad, ideas que generan enormes dudas sobre sus efectos sociales, económicos y éticos.

Yo invitaría a los colombianos a leer con detenimiento el programa de gobierno de Iván Cepeda. Programa de Gobierno de Iván Cepeda Porque más allá del discurso político, Colombia necesita propuestas viables, sostenibles y capaces de generar crecimiento, seguridad y estabilidad institucional.

Y aquí aparece otra gran preocupación: el debate alrededor de una posible constituyente. Aunque Cepeda ha intentado moderar esa discusión en campaña, el tema sigue presente dentro de los sectores que respaldan la continuidad del actual proyecto político. Muchos colombianos temen que se debiliten instituciones fundamentales como el Congreso, el equilibrio de poderes y las garantías constitucionales que sostienen nuestra democracia.

Yo sí creo que la división de la derecha ha fortalecido electoralmente a Iván Cepeda. Pero también creo que existe otro fenómeno aún más grave: el fortalecimiento de estructuras ilegales y economías criminales que encuentran en el debilitamiento institucional un escenario perfecto para expandirse.

Me duele profundamente Colombia. Pero esta no es una columna derrotista ni una invitación al miedo. Colombia sigue siendo un país inmensamente fuerte, lleno de gente trabajadora, capaz de salir adelante incluso en medio de enormes dificultades. Esto es, más bien, un llamado a la reflexión del elector colombiano. Porque más allá de simpatías ideológicas, lo que está en juego es la fortaleza de nuestras instituciones, la seguridad del país y la defensa de la democracia.

Ariana Mira

Soy Ariana Mira, abogada, magíster en Derecho, especialista en Derecho Administrativo y en Derecho de Familia, Infancia y Adolescencia.

Soy socia fundadora y líder jurídica de VML Abogados, desde donde trabajo por la defensa de los derechos y la construcción de soluciones legales con impacto real.

Además, soy activista política y una firme creyente en la posibilidad de construir un mejor país, a través del liderazgo, la justicia y el compromiso ciudadano.

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