“El personaje en mención se llama Jeison Álvarez y me da mucho orgullo conocer personas como él y contar un poco de su historia porque es un ejemplo vivo de resiliencia, fe y esperanza”.
Las columnas de opinión suelen ser críticas a personajes públicos y tratar temas de actualidad. Esta vez quiero destacar la historia de un paisano de Jericó, Antioquia, joven, de cuna humilde y que, gracias a su espíritu de superación, a sus ganas de comerse el mundo y a su calidad humana, se abrió camino como maestro luthier en Dubái, donde lleva más de un año trabajando para una empresa de instrumentos musicales como técnico que repara y les hace mantenimiento a los instrumentos de viento.
El personaje en mención se llama Jeison Álvarez y me da mucho orgullo conocer personas como él y contar un poco de su historia porque es un ejemplo vivo de resiliencia, fe y esperanza. Es un ejemplo de sueños cumplidos y de romper las barreras y obstáculos que la vida nos pone pero que no necesariamente son impedimentos para cumplir los propósitos. Historias como las de Jeison generan ilusión -de que todos somos merecedores de experiencias positivas- a pesar de que el entorno nos haga creer que estamos sumidos en crisis y caos.
Un maestro luthier, para los que no están muy familiarizados, es la persona que repara y le hace mantenimiento a los instrumentos musicales para que funcionen al máximo de su capacidad. Desde que conozco a Jeison -somos casi contemporáneos-, siempre tuvo vocación por la música, siendo un niño participaba activamente de la Escuela de Música del municipio y a los 15 años, estando en una de las clases, tuvo su primer acercamiento con un maestro luthier que le fue enseñando sobre el oficio que posteriormente lo enamoró y que hoy lo tiene trabajando en Dubái.
Cuando Jeison se fue de Jericó trabajó en varias empresas de comercialización de instrumentos musicales en Medellín, pero siempre tuvo claro que para ser un luthier destacado tendría que prepararse constantemente y aprender a reparar instrumentos de diversas marcas, fue así como se capacitó en países como Francia y Brasil. A su regreso a Colombia siguió trabajando con empresas de comercialización y reparación de instrumentos musicales, luego creó su propia empresa Jeisonbrass – luthier, desarrolló proyectos con la Red de Escuelas de Música de Medellín que le permitió hacer buenos contactos en el mundo de la música y que, sin pensarlo, a principios del año pasado, le compartieron la oportunidad para irse a trabajar como técnico de música en una empresa de Dubái.
Para ese trabajo tuvo que competir con personas de otros países como Inglaterra y que eran más experimentadas, sobre todo en edad. Lo que valoraron de Jeison, para seleccionarlo, fue sus ganas constantes de aprender sobre el oficio, en su haber, tenía más certificaciones que otros candidatos.
Cuando le notificaron que había quedado seleccionado para el trabajo, no dudó un solo instante en aceptarlo. Dice que ese tipo de oportunidades sólo suceden una vez en la vida y la tenía que aprovechar. Coincido con él. De su experiencia en Dubái lo que más difícil le ha parecido hasta ahora, no ha sido ni el idioma -se comunica en inglés que ha estudiado por su cuenta-, ni la comida, ni la cultura; sino no haber podido estar en el funeral de su padre en Jericó el año pasado que por dificultades de conexiones en los vuelos y de conflicto internacional le imposibilitaron estar.
Personas como Jeison me inspiran a creer porque nunca buscan excusas para no hacer, por el contrario, encuentran oportunidades con las herramientas que tienen a su alcance aplicando la frase del ya eterno Willie Colón en El gran varón “Si del cielo te caen limones, aprende a hacer limonada”.
Personas buenas como Jeison merecen siempre lo mejor y que bueno que el universo los recompense.
*Mis artículos no representan a mi empleador.













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