Johannes Kaiser y la cofradía de los macholibertarios

Andrés Kogan Valderrama Caratula alponiente al poniente (6)

Según datos actualizados del Servicio Electoral de Chile, el Partido Nacional Libertario —fundado y liderado por Johannes Kaiser— es el segundo partido con más militantes en el país, solo superado por el Frente Amplio. Además, es, por lejos, el partido con mayor cantidad de militantes hombres de todo Chile, con 36.925 varones inscritos (1). Esto no debería sorprendernos, pero sí invita a reflexionar sobre sus implicancias.
Lo señalo porque Johannes Kaiser se ha convertido en un referente para miles de hombres que perciben el feminismo como una amenaza real. En él ven un modelo de masculinidad tradicional: fuerte, capaz de levantar la voz con firmeza, sin mostrar vulnerabilidad y que se burla abiertamente de cualquier forma de ser hombre que se aleje de la hegemónica.
Por eso, un personaje como Kaiser atrae a tantos hombres. En su discurso, lo políticamente incorrecto, el desprecio por lo diferente y su cruzada contra la llamada “ideología de género” forman parte de una batalla cultural que, en el fondo, busca preservar los roles tradicionales de hombres y mujeres.
En este marco han surgido diversos grupos de colaboradores de Kaiser a través de plataformas digitales. Uno de los más destacados es La Cofradía, del canal La Mano Invisible TV en YouTube. Se trata de un espacio que funciona como un grupo de amigos dedicado principalmente a reforzar una masculinidad hegemónica.
Lo hacen no solo mediante burlas sistemáticas hacia cualquiera que se salga del molde tradicional masculino heterosexual, sino también a través de las bromas que se hacen entre ellos mismos, como si se tratara de un colegio de hombres dirigido por el macho alfa del grupo (Emiliano Fernández), en el que las mujeres son meros objetos de consumo para demostrar virilidad.
El programa es tan burdo y básico en su humor que, en ocasiones, parece una sátira. Está lleno de insultos, descalificaciones, ridiculizaciones y degradaciones. Se recurre con frecuencia a términos como “maricón”, “hueco” o “fleto” para referirse a cualquier expresión masculina u orientación sexual que se aleje de lo que ellos consideran convencional y “normal”.
Un ejemplo claro es la burla constante hacia uno de sus integrantes, Ítalo Omegna, sobre supuestas dudas respecto a su sexualidad y falta de virilidad (quien, además, se ríe de sí mismo). Esto ocurre incluso en presencia de Diego Dahmer, abiertamente homosexual. Se trata de la clásica reafirmación heterosexual: una forma de evitar cualquier conversación seria sobre los miedos y problemas reales que enfrentan los hombres (2).
En otras palabras, Diego Dahmer funciona como una masculinidad cómplice o subordinada. Al aceptar y reírse de las bromas que lo estigmatizan simbólicamente, contribuye a sostener el orden hegemónico. Refuerza la idea de que el “hombre de verdad” se define siempre en oposición a las mujeres y a las disidencias sexogenéricas.
Es el clásico mecanismo de cooptación: se tolera al disidente siempre que no amenace el núcleo patriarcal del grupo. En lugar de cuestionar la jerarquía de género, la participación de Dahmer legitima el programa como un simple “humor interno” y permite al resto del panel argumentar: “No somos homofóbicos, miren, tenemos un gay”.
Esta dinámica no es nueva. La masculinidad hegemónica ha utilizado históricamente el humor como herramienta de control social: se ríe de lo queer, de lo afeminado y de lo vulnerable para reafirmar que el “verdadero hombre” está por encima de todo eso. Lo que La Cofradía actualiza es la versión digital y macholibertaria de ese viejo mandato. Bajo la bandera de la “libertad de expresión” y el rechazo al “woke”, se reproduce la misma estructura de poder.
No se trata sólo de “bromas pesadas entre amigos”. Se trata de un discurso excluyente y esencialista que enseña a miles de espectadores jóvenes que la forma aceptable de ser hombre pasa necesariamente por la descalificación constante de todo aquello que no encaje en el molde heterosexual y dominante.

Andrés Kogan Valderrama

Sociólogo
Diplomado en Educación para el Desarrollo Sustentable
Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea
Con cursos de Doctorado en Estudios Sociales de América Latina
Profesional de la Municipalidad de Ñuñoa
Integrante de Comité Científico de Revista Iberoamérica Social
Director del Observatorio Plurinacional de Aguas www.oplas.org

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