El problema no es el líder: es lo que usted necesita justificar

Hay una verdad incómoda que casi nadie quiere aceptar: la mayoría de las personas no elige líderes por su capacidad, sino por lo que le permiten justificar de sí mismos.
No elegimos a los mejores. Elegimos a los que no nos incomodan.
Existe un fenómeno claro “la disonancia cognitiva”que explica por qué preferimos sostener una mentira cómoda antes que enfrentar una verdad que exige cambio. Cuando lo que somos choca con lo que sabemos que deberíamos ser, no siempre corregimos el rumbo; muchas veces ajustamos la narrativa.

Y ahí es donde entran los líderes.

El corrupto no escandaliza tanto como debería porque quien lo defiende ya hizo sus propias concesiones internas. El mediocre no incomoda; tranquiliza. El desordenado, el improvisador, el que promete sin cumplir… termina siendo cercano, casi familiar.

Representa, en grande, lo que ya se tolera en pequeño.

Por eso, en muchas ocasiones, los líderes íntegros no ascienden. No porque no tengan la capacidad, sino porque generan una tensión difícil de sostener. Obligan a revisar la propia vida. Exigen disciplina, coherencia, carácter.

Y eso no es popular.

En cambio, el líder débil tiene una ventaja poderosa: permite que el seguidor no cambie. Si él falla, entonces fallar no es tan grave. Si él miente, entonces la mentira se vuelve negociable. Si él improvisa, entonces la exigencia desaparece.
Es un pacto silencioso entre lo que se es y lo que no se quiere enfrentar.

No estamos frente a una crisis de liderazgo. Estamos frente a una crisis de carácter.
La política, la empresa, incluso las relaciones personales, reflejan ese mismo patrón. No es falta de información. Es resistencia a la transformación.

Elegir bien implica renunciar a la comodidad. Implica aceptar que el problema no siempre está afuera.

El día que la gente deje de elegir a quienes le permiten seguir igual, y empiece a elegir a quienes la obligan a elevarse, ese día cambiarán los resultados.

Pero eso exige algo que pocos están dispuestos a hacer:

dejar de justificarse.

Jayson Taylor Davis

Soy un abogado sanandresano, especialista y estudiante de la maestría en MBA en la Universidad Externado de Colombia.

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