El centro sin rumbo se deja arrastrar por el viento

Álvaro Gómez Hurtado afirmó en algún momento: “el que está en el centro, no está en ninguna parte”. No se equivocaba. Seguramente, quienes apoyan el centro —o se identifican con él— se sentirán aludidos por esta frase, pues para muchos constituye parte de su identidad.

Según Erik Erikson, la identidad es central para la autoestima, el sentido de pertenencia y la motivación. Por ello, requiere un lugar —físico, simbólico, emocional o narrativo— para existir. No estar en ninguna parte implica no saber quién se es, y termina por generar una sensación de vacío.

Desde la elección de Javier Milei como presidente de Argentina, la unión entre la derecha y los libertarios se ha estrechado, al tiempo que varios postulados libertarios han ganado terreno en el escenario político y social. Esto ha llevado a muchas personas a asumir con mayor claridad sus convicciones. Cada vez más ciudadanos manifiestan su inclinación por principios basados en el respeto a la vida, la libertad y el proyecto personal de cada individuo, así como por la limitación de la injerencia del Estado en la vida privada.

John Locke lo explicaba así:

El haber reconocido la preexistencia de una ley natural y unos derechos previos al surgimiento del Estado servirá para evitar que el gobernante actúe de forma despótica; el gobierno y la ley positiva están sujetos a una ley previa a la razón de cada individuo”.

En consecuencia, luego de la elección de la fórmula vicepresidencial de la candidata del partido Centro Democrático, muchos seguidores de Álvaro Uribe Vélez vieron la luz y por fin cayeron en cuenta de que el “centro” no es derecha, sino que se mueve, según la conveniencia, entre centroizquierda y centroderecha, utilizando la consabida retórica de la inclusión, la tolerancia y el consenso de ideas; lo cual no es malo, aunque en la política actual puede resultar debilitante.

Podemos decir que la historia le dio la razón a Daniel Rasibeck, quien escribió que para el centro:

La izquierda nunca es ni extrema ni radical; el centrista odia la polarización, se ubica en un centro sensato que comparte las aspiraciones nobles —según él— de la izquierda, como la obsesión por la desigualdad, pero acepta con reticencia elementos de derecha, como una versión aguada de la economía de mercado”.

Y concluye que el problema se resuelve con la premisa: “tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario”. Sin embargo, quienes definen qué es “necesario” son, por supuesto, los mismos centristas, que dominan tanto las tecnocracias como las universidades que forman a esos tecnócratas.

Así, como advierte Jesús Huerta de Soto, aceptar incluso un intervencionismo mínimo del Estado implica sembrar la semilla de su expansión. De este modo, se termina legitimando el avance del progresismo, aun cuando el discurso económico o de seguridad se acerque a la derecha. La evidencia es clara: tras varios periodos de predominio del Centro Democrático, hoy Colombia es gobernada por la izquierda.

Hoy el centro sigue la tendencia y busca recoger votos de la izquierda biempensante bajo el discurso de la inclusión y de la construcción de un país en el que “todos quepamos”. Al final, quien gobierne lo tendrá que hacer para todos y con todos; buscará consensos. La realidad es que el elector hará una lectura de las propuestas y las contrastará con sus principios, algo que al centro le cuesta trabajo hacer.

Entonces, mientras los ciudadanos buscan una identidad basada en sus principios de vida —un modelo que les permita vivir en libertad y tomar sus propias decisiones, sin la injerencia del Estado en sus asuntos familiares, personales o económicos—, el centro insiste en “tanto Estado como sea necesario”, inclinándose una vez más hacia los postulados de la izquierda.

Esto deja a sus seguidores en medio de la nada: unos migrarán al progresismo, otros a la derecha; los más audaces al libertarismo, y los menos arriesgados a la comodidad de no asumir ninguna posición.

Por eso no temo afirmar, como lo hizo Álvaro Gómez, que “el que está en el centro, no está en ninguna parte”. Y por ello, hoy más que nunca, los libertarios vamos un paso adelante.


Esta columna fue publicada originalmente en El Insubordinado.

Jorge Ordóñez Monak

Coronel retirado de la FAC (Fuerza Aeroespacial Colombiana). Administrador Aeronáutico de la Escuela Militar de Aviación y Máster en Defensa y Seguridad Nacional de la Escuela Superior de Guerra. Staff Writer de El Insubordinado.

Cuenta con más de 30 años de experiencia en operaciones aéreas, desempeñándose en diversos cargos de inteligencia, así como en funciones operativas y administrativas. Esta trayectoria le ha permitido desarrollar una visión integral de problemáticas multidimensionales en ámbitos nacionales e internacionales.

Apasionado por la libertad, la lectura, la historia, la filosofía política y el debate de ideas. Ha publicado diversos artículos en revistas de la FAC, Al Poniente, entre otras publicaciones.

Comentar

Clic aquí para comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.