“…La democracia que anhelamos no es un ideal romántico; es una tarea diaria, y nuestra participación consciente es el primer paso para construir el país que queremos.”
“Infórmate, Decídete y haz que tu voz cuente”
VOTAR no debe ser un acto indiferente ni rutinario, sino una responsabilidad que implica conciencia, información y compromiso con el bienestar colectivo, cada decisión tomada en las urnas determinan el rumbo, el progreso, o el tipo de liderazgo que quieres para la Nación. Sé que muchos creen que un voto no cambia nada pero la historia demuestra que millones de pequeños votos sí.
Si, ya sé que esta idea puede sonar romántica; pero es precisamente en ese romanticismo en el que debemos involucrarnos: en esa democracia participativa por la que lucharon los que dieron la vida por la patria. No es posible que, estando en la fila preguntemos a quien hay que tachar, a mi edad solo he sido participe de la elección anterior, y me desconcertó la apatía frente a este acto tan importante. Y no me refiero a la que puede provenir del adulto mayor o por ejemplo aquel campesino que, quizá por la ausencia de herramientas para comparar propuestas, comprender cómo esas iniciativas impactarán en su sector o conocer la trayectoria de los aspirantes, enfrenta mayores dificultades para decidir. A ellos les resulta más complejo. Lo que realmente me desconcierta es el joven —el estudiante, el empleado— que acude a votar sin tener idea alguna. Esa indiferencia es la que más preocupa, porque en sus manos también está la responsabilidad de construir el país que anhelamos.
Es aquí donde te hago un llamado especial como joven: a que utilicemos todas esas herramientas digitales, redes sociales y plataformas de información para convertirnos en un puente entre las propuestas políticas y quienes no tienen las mismas facilidades para acceder a ellas. Tenemos que salir de esa idea de que “la política es mala”. Sí, nos han tocado malos gobernantes que nos han llevado a pensar así; claro que sí. Pero como la nueva fuerza de este país, no podemos seguir asumiendo el papel de ignorantes. No se trata de convertirnos en políticos ni de hacer parte de un partido. Hacer política es tomarnos el tiempo de hablar sobre la relevancia de ir a votar, dedicar espacio para motivar a otros, propiciar sobremesas donde debatamos ideas y compartir información clara con quienes la necesitan.
Es hora de que, como jóvenes, reaccionemos y asumamos la política con responsabilidad. No hay por qué dejarla en manos de los demás. Tenemos que desechar ese pensamiento de que “a mí la política no me afecta”, de que “el gobierno no hace nada” o “no me importa lo que pase”. Qué privilegiado eres si puedes decir eso. Pero que no te guste la política no te saca del juego; solo significa que otros juegan por ti. Todo es político, y todo te afecta más de lo que crees. El acceso a la salud, a la educación y a un salario digno depende del presupuesto que aprueben quienes están próximos a ser elegidos. El precio de la gasolina, la canasta familiar e incluso el contenido en el que perdemos gran parte del tiempo en redes sociales están influenciados por regulaciones sobre internet y la libertad de expresión.
Sabiendo esto, ¿cuál es la razón para seguir siendo políticamente indiferentes?
Solemos denominarnos una generación crítica y de cambio; pero, si no entendemos cómo funciona nuestro sistema, qué dicen las noticias o cómo operan las instituciones, ¿cómo esperamos generar transformaciones reales? Incluso para cambiar aquello que no te gusta necesitas ir a votar. Infórmate, porque luego resulta fácil quejarse. Que esa crítica no se quede solo en palabras: no hacemos nada cuando señalamos, pero no construimos. Necesitamos informarnos para poder actuar. Seamos parte de esa democracia participativa que tanto pregonamos y que este país necesita con urgencia.
Al final, la democracia no se sostiene sola; se construye con decisiones conscientes. No basta con indignarnos, compartir una publicación o repetir que queremos un país diferente. El cambio exige participación, información y responsabilidad.
Ser jóvenes no es una excusa para la indiferencia, es una oportunidad para incidir. Tenemos las herramientas, el acceso y la capacidad de cuestionar; lo que no podemos permitirnos es la apatía. Porque cuando renunciamos a participar, no desaparece la política: simplemente dejamos que otros decidan por nosotros.
Si de verdad queremos transformación, empecemos por lo esencial: informarnos, conversar, debatir y votar con criterio. Que nuestra generación no sea recordada por la crítica fácil, sino por el compromiso firme. La democracia que anhelamos no es un ideal romántico; es una tarea diaria. Y nos corresponde asumirla con claridad, convicción y responsabilidad.














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