Bogotá: la ciudad que mejora en cifras pero no en la calle

Bogotá tiene un talento perverso: mejorar en las estadísticas mientras empeora en la experiencia cotidiana de quienes la habitan. La pobreza monetaria bajó del 24,2 % al 19,6 % en 2024, la caída más pronunciada del país según el DANE. Trescientas cincuenta y dos mil personas salieron de la pobreza en un solo año. Y sin embargo, pregúntele a la madre cabeza de hogar de Ciudad Bolívar si siente que su vida mejoró. Pregúntele al joven de Bosa que espera cuarenta minutos un bus del SITP a las cinco de la mañana y que desde enero paga $3.550 por pasaje —un aumento del 10,9 % que el propio Gobierno nacional calificó de “irresponsable”—. Pregúntele a la mujer que dejó de caminar por su barrio de noche porque el miedo le ganó a la libertad. Esa Bogotá —la Bogotá real— no aparece en los boletines de prensa del Distrito.

Celebremos lo que hay que celebrar, pero con rigor. La pobreza monetaria bajó en Bogotá, sí. Pero la pobreza multidimensional contó otra historia: subió del 3,6 % al 5,4 % entre 2023 y 2024, según el DANE. Eso equivale a 431.000 personas que padecen privaciones simultáneas en salud, educación, empleo o vivienda. Bogotá registró la mayor variación anual positiva del país en ese indicador, después de Córdoba y Vichada. Según El Espectador, hay 148.000 capitalinos más en esa condición que el año anterior. Mientras el ingreso monetario sube, la calidad de vida no sigue el mismo ritmo. El trabajo informal sigue afectando al 51,3 % de los hogares bogotanos. Las barreras de acceso a servicios de salud crecieron 2,8 puntos porcentuales en un año. Y la brecha por jefatura femenina persiste: las mujeres jefas de hogar tienen un índice de pobreza multidimensional del 7,5 %, más del doble que los hogares con jefatura masculina (3,4 %). Eso pasó bajo la administración Galán, no bajo otra.

El alcalde Galán celebra que nueve de once delitos de alto impacto bajaron en 2025. Pero la Encuesta de Percepción y Victimización 2025 de la Cámara de Comercio de Bogotá revela que el 66 % de los bogotanos aún percibe que la inseguridad aumentó. Que el 56 % dejó de caminar por la ciudad. Que el 43 % evita el transporte público. No lo digo yo: lo dicen veinte mil encuestas en veinte localidades. En 2024, bajo esta administración, se registraron 1.204 homicidios —la cifra más alta en ocho años—. Bajaron un 3,4 % en 2025, sí, pero eso aún significa más de mil muertos. Y mientras los delitos “tradicionales” bajan, los ciberdelitos se disparan: la misma encuesta alerta sobre el aumento de la delincuencia informática como nueva frontera del crimen en la capital. ¿Cómo se camina seguro en una ciudad donde caminar da miedo?

Hay cifras que deberían hacer ruido en cada despacho del Distrito. El acoso callejero en Bogotá saltó del 13,4 % al 19,3 % en 2025 según la Cámara de Comercio. El 73,8 % de las víctimas son mujeres. Los homicidios de mujeres aumentaron un 28 % en 2025: 59 frente a 46 del año anterior, según la Policía citada por el Concejo de Bogotá. Pero lo que ocurre dentro de los hogares es aún peor. La Policía registró 43.771 denuncias por violencia intrafamiliar en 2024 —un aumento del 20 % frente a las 36.549 de 2023—. Y según el sistema de vigilancia en salud de la Secretaría Distrital de Salud, se notificaron 51.070 presuntas víctimas de violencia intrafamiliar y de género ese mismo año, con un incremento del 11,3 %. De esas víctimas, el 64,5 % eran menores de 18 años. Niños y niñas. Eso es lo que pasa en Bogotá. La Patrulla Púrpura no puede ser un eslogan: tiene que ser presupuesto, cobertura y protocolo real. La concejala Diana Diago lo dijo sin rodeos: “Las estrategias de la administración de Galán son insuficientes”.

Y los niños, que siempre quedan al final de la lista de prioridades. En 2024, el sistema de salud de Bogotá registró 17.077 casos de violencia sexual —un aumento del 6,5 % frente a 2023—. El 77,8 % de las víctimas eran niños, niñas y adolescentes. De ellos, el 71,5 % eran niñas. El lugar donde más ocurren estos hechos es la vivienda, con el 58,5 % de los casos, seguido de la institución educativa con el 23,4 %, según SaluData. Los dos espacios donde un niño debería estar más protegido son los dos espacios donde más lo agreden. Cuatro de cada diez valoraciones por riesgo de feminicidio en Bogotá corresponden a mujeres de Kennedy, Ciudad Bolívar, Bosa y Suba, según Medicina Legal. Siempre las mismas localidades. Siempre el mismo sur y el mismo suroccidente. Siempre la misma Bogotá que nadie gobierna.

Lo que le falta a esta administración no son cifras: le falta urgencia. Le falta una política de cuidado que reconozca que las mujeres de esta ciudad trabajan más horas no remuneradas que los hombres y que la jefatura femenina duplica la pobreza multidimensional. Le falta un transporte público que no sea una ruleta de miedos y que no le cueste a un trabajador de salario mínimo casi el 6 % de su ingreso diario en un solo pasaje. Le falta un metro que avanza al 23 % en estaciones mientras la ciudad se desangra en obras inconclusas —con 500 accidentes laborales reportados en su construcción en 2025, según el Concejo—. Le falta entender que no se gobierna con boletines de prensa: se gobierna con vidas. Que el desempleo baje al 6,5 % es buena noticia, sí. Pero si uno de cada tres de esos empleos es informal, si una mujer sigue ganando menos, si una madre en Ciudad Bolívar tiene que dejar a sus hijos solos para ir a trabajar porque no hay red de cuidado que la sostenga, entonces la cifra es un espejismo.

Bogotá es la ciudad colombiana que más ha reducido la pobreza monetaria en el último año. También es la ciudad donde más aumentó la pobreza multidimensional. También es la ciudad donde los hogares son el lugar más peligroso para las mujeres y los niños. Esa contradicción no es una anécdota estadística: es el retrato de un modelo que sube ingresos pero no transforma condiciones de vida. Una ciudad donde la gente gana un poco más pero sigue enferma, informal, hacinada y con miedo. Alcalde Galán: Bogotá no necesita otra encuesta que le diga lo que sus habitantes ya saben. Necesita que alguien gobierne para la Bogotá de las cinco de la mañana, la del bus que subió $350, la de la madre que deja a sus hijos solos porque no hay quien los cuide, la de la niña que fue agredida en su propio hogar y nadie la escuchó. Esa Bogotá sigue esperando.

Claudia Romero Nader

Trabajo Social
Activista social.
Comprometida con la defensa de la niñez colombiana.

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