El gobierno de la IA: entre la voluntad de poder y el sentido de la justicia

En la obra de Platón, específicamente en La República, se aprecia la diferencia entre el deseo de gobernar bajo el auspicio de la voluntad de poder y su contraste más antípoda, el gobierno que tiene como égida el sentido de la justicia (Cassirer, 1968). La conexión entre el deseo y el poder es tan directa en el análisis platónico, que la indagación por la naturaleza del deseo nos lleva a pensar su relación con los fines. En efecto, cuando el deseo se mantiene en un círculo de placer y autosatisfacción, su relación con el poder se manifiesta como llana voluntad de poder. La relación entre los deseos y los fines pierde la capacidad de dirigir el poder hacia otra cosa diferente, por cuenta de la autocomplacencia que genera la búsqueda del poder por el poder mismo.

Fines distintos al deseo de apropiación que caracteriza a la voluntad de poder como la distribución correcta, la paz, las buenas relaciones con los vecinos, el mejoramiento de las relaciones comerciales, etcétera, se pierden por cuenta del advenimiento de la voluntad de poder. Y ello es así porque la voluntad de poder es inagotable, nunca descansa y su expansión no plantea límites. Todo ello se traduce en el apetito de poder, un vicio que en la filosofía de Platón se conoce como la “pleonexia” o “el hambre de más y todavía más” (Cassirer, 1968, p. 89).

El carácter ilimitado que identifica a la voluntad de poder genera a su vez la desproporción y el caos. Recordemos que uno de los ideales del buen gobierno en la filosofía platónica alude a la capacidad que tiene el gobernante de orientar el deseo en función de lo armónico, lo proporcionado, lo justo. La idea de la justicia como la aspiración por alcanzar la “igualdad geométrica”, era un criterio para mantener saludable la vida privada y pública de quienes asumían el poder (Cassirer, 1968). Cuando la voluntad de poder prevalece sobre el sentido de la justicia, genera de manera necesaria el comportamiento enfermo, corrupto y destructor.  En definitiva, la voluntad de poder y la justicia son las fuerzas éticas y políticas que se muestran como formas adversas en la conducción y el gobierno de La República.

La justicia es la virtud definitiva que, junto a la templanza, la prudencia y la sabiduría integran el cuadro de las acciones positivas que hacen posible la armonía entre la vida privada y pública de los gobernantes y los gobernados en el ámbito de las relaciones políticas. Mientras que el afán de poder se impone desaparece el conjunto de las virtudes y a su paso resaltan todos los defectos y los vicios, entre ellos la pleonexia. De ahí que Platón aconseje que “La razón es la condición de la templanza y la moderación, y solo esta moderación puede templar debidamente la personalidad del nombre y todas sus acciones” (Platón, Gorgias).

Ahora bien, ¿de qué manera esta pugna que se encuentra en el ámbito del gobierno y las relaciones sociales en la obra de Platón puede trasladarse para ampliar la discusión que plantea la implementación de la IA a escala planetaria?  Precisando los términos que usamos para referirnos a la IA Kate Crawford en su libro Atlas de Inteligencia Artificial (2024), plantea en primer lugar que la inteligencia no es propiamente un capacidad autónoma de pensamiento, sino que ella es el resultado de un ejército de profesionales que diseñan una programación asistida por cantidades ingentes de datos e información; y de otra parte la artificialidad no es una propiedad que la caracteriza a esta inteligencia ya que para su sostenimiento tecnológico requiere de la explotación de recursos naturales y la obtención de minerales raros.

Es decir, que la IA no es una idea sino más bien una infraestructura, una industria y en suma una forma de ejercer el poder y sobre todo una reorganización del capital que es respaldado por sistemas de extracción y logística, a través de una cadena de suministros que cubren todo el planeta. Los sistemas de la IA no son abstractos, sino que ellos son propiamente infraestructuras físicas que tienen el poder de transformar la tierra, con el añadido de que alteran de un modo radical el modo de ver y de entender el mundo (Crawford, 2024).

En otras palabras, La pleonexia de la IA tiene que ver con su carácter promiscuo. En efecto, la IA puede ser utilizada de diversas formas, haciendo presencia desde los dispositivos de consumo como el Amazon Echo hasta en sistemas anónimos de procesamientos secundarios; también es posible identificar su promiscuidad en artículos técnicos especializados hasta en las compañías industriales más grandes del mundo. En clave platónica, podemos pensar que la voluntad de poder en la IA alude a su gran capacidad de mimetizarse y usarse desde la política de la inteligencia hasta la recolección masiva de datos; también es identificable en la concentración industrial del sector de las tecnologías hasta el poder militar geopolítico.

La IA ocupa hoy en día la función de la creación del conocimiento, la comunicación y el poder. En suma lo que para Platón conceptualizó en su momento como el carácter insaciable del poder por el poder mismo (la voluntad de poder y la pleonexia), hoy día lo asume el poder tecnocrático, que se intensifica por cuenta de un contexto caótico donde la concentración de capital industrial alterna con medidas de austeridad económica y tercerización, una situación que ha propiciado la eliminación de fondos para para los sistemas de ayuda social y en general para aquellas instituciones que de algún modo trataron de regular el talante insaciable y voluntarioso que caracteriza al mercado. En otras palabras, la implementación de la IA a escala planetaria suscita interrogantes que generan respuestas incómodas como, por ejemplo: “¿qué es la IA?, ¿qué tipo de políticas difunde?, ¿a qué intereses responde y quién corre el mayor riesgo de sufrir daños?, ¿a dónde debería limitarse el uso de la IA?” (Crawford, 2024, P. 44).

A pesar de todo la aspiración al ideal de la justicia no puede perderse de vista ante este dominio de la IA bajo el gobierno de la voluntad de poder. Y ello es así porque la viabilidad de la tecnología como de la democracia depende de la práctica de la justicia y la aplicación de los límites ante el talante promiscuo e insaciable que reviste hoy día al poder tecnológico. Las discusiones que se libren de ahora en adelante sobre las implicaciones de justicia y distribución de la implementación de la IA a escala planetaria plantean retos epistemológicos, éticos y jurídicos acerca de las relaciones entre el poder y la justicia en temas sensibles como los derechos laborales, la extracción de recursos y la protección de datos, la justicia climática, la equidad racial, etcétera.


 

Bibliografía

Cassirer, Ernst (1968). El mito del Estado. F.C.E.

Crawford, Kate (2024). Atlas de Inteligencia Artificial. F.C.E.

Platón. (2010). Diálogos. Gorgias. Gredos.

 

Juan Sebastián Ballén Rodríguez

Amigo de los libros y de la buena compañía. Filósofo de profesión y profesor universitario:

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