El valor de las cosas

¿Cuál es el valor de las cosas? Esta pregunta, aparentemente sencilla, ha sido el origen de innumerables disputas, conflictos e incluso guerras a lo largo de la historia. Vamos a abordar de manera sencilla y amigable qué determina realmente el valor de las cosas.

En Colombia, es común que los padres les den a sus hijos jugo de remolacha durante su crecimiento. La remolacha, una hortaliza de raíz, es conocida tanto por sus hojas comestibles de sabor amargo como por su raíz ligeramente dulce; se cree ampliamente que el jugo de remolacha beneficia a la circulación sanguínea y tiene un efecto depurativo en la sangre, entre otros muchos beneficios.

Para preparar este jugo, primero se compra la remolacha, con un costo aproximado de $COP 2.000. Luego, se limpia y se hierve hasta que se ablande. Una vez fría, se licúa, frecuentemente con leche, y a veces se le añaden moras u otros ingredientes para hacerlo más apetecible. El proceso completo toma alrededor de 80 minutos y cuesta unos $COP 5.000.

Imagina ahora que quieres vender este jugo. Ofreces un vaso por 500 pesos colombianos a un grupo de personas. Aquellos a quienes les gusta están dispuestos a pagar, pero los que no, no muestran interés, incluso con descuentos o la oferta de tomarlo gratis; inclusive ofreciendo dinero para que lo consuman, hay quienes se resisten.

Aquí yace un dilema esencial: el jugo de remolacha lleva un coste monetario y 80 minutos de esfuerzo para su elaboración. ¿Por qué entonces para algunos tiene valor y para otros no? La respuesta reside en los gustos y las preferencias individuales. Quienes disfrutan del jugo están dispuestos a pagar por él, mientras que, para quienes no les agrada, no tiene valor, independientemente de su precio o incluso de los incentivos económicos.

Este principio se aplica a todos los bienes económicos. Contrario a lo que Karl Marx propuso en su Teoría del valor-trabajo (TVT), no es la cantidad de trabajo lo que confiere valor a un objeto. El valor de las cosas reside en la percepción subjetiva de cada individuo, y en cómo estas satisfacen sus gustos y necesidades.

De ahí que sea crucial enfocarnos en crear bienes y servicios que sean valiosos para los demás. No es la cantidad de trabajo lo que importa, sino cómo nuestro trabajo satisface y enriquece las vidas de otros, lo que a su vez determina nuestro propio bienestar.

El error del socialismo radica en su mala definición del valor, asumiendo que este es intrínseco. Como Ludwig von Mises señaló: “El valor no está en las cosas, sino en la mente de los hombres que las valoran”. El capitalismo de libre mercado reconoce que el valor es subjetivo y permite que todos creemos valor para los demás a través de nuestras elecciones y acciones individuales.

El capitalismo es un marco de cooperación libre y voluntaria donde todos los participantes tienen la oportunidad de beneficiarse mutuamente; allí, cada intercambio voluntario es una expresión de valor subjetivo, donde ambas partes ganan al satisfacer sus necesidades y deseos individuales. Mientras el socialismo trata de imponer un valor objetivo a los bienes y servicios, ignorando las preferencias individuales. Es este reconocimiento del valor subjetivo lo que hace del capitalismo no solo un sistema económico efectivo, sino también un poderoso promotor de la libertad individual y la prosperidad colectiva. ¡VIVA LA LIBERTAD!


La versión original de este artículo apareció por primera vez en el Diario La República (Colombia), y la que le siguió en nuestro medio aliado El Bastión.

Jair Viana

Director de Investigación de LIBERTANK y Founder Member de EL INSUBORDINADO. Analista económico y financiero, y columnista para varios medios, con estudios especializados en políticas públicas, crecimiento económico y estabilidad. Cuenta con amplia experiencia en gestión de activos, planificación financiera y macroeconometría.

Fue reconocido por el Banco de la República de Colombia y la Red de Investigadores de Economía por el Mejor Pronóstico de TRM 2024.

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