“Estados Unidos necesita solidificar desde diferentes flancos, posibles aliados que pongan a disposición su territorio para la fase inicial de este proceso de extracción de las tierras raras y explotación de minerales sin muchas trabas desde las instituciones, aprovechando su protagonismo histórico en relación con el Estado colombiano”
Los memorandos firmados el pasado 8 de septiembre por el ministro colombiano de relaciones exteriores con el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, no son novedosos si pensamos en la orientación mostrada para la diplomacia que en campaña expresó Abelardo De la Espriella. El refortalecimiento de la política exterior bilateral con Estados Unidos se configuró desde la carrera electoral temprana, impulsado por el anterior deterioro de estos vínculos durante el gobierno Petro. Aunque estos no obligan a que el Estado colombiano prosiga como lo dicta su contenido, son un manifiesto directo de voluntad política frente a la pretensión extractivista estadounidense. Es de mi interés el memorando relativo al aseguramiento de las cadenas productivas y la cooperación para la extracción de minerales críticos. Considero que el estrechar estos lazos, lejos de las percepciones dominantes sobre el supuesto desarrollo (entendido como la incorporación a mercados competitivos para financiar acciones institucionales), es una participación directa en la prolongación de la crisis de acumulación del norte, en lugar de una acción para el bienestar económico.
El geógrafo marxista David Harvey, en su texto “Nuevo imperialismo: acumulación por desposesión” hace un análisis que resulta útil mencionar; en un primer momento explica el concepto del ajuste espacio-temporal a partir de Marx, y su explicación del decrecimiento de la tasa, los cuales me sirven para apreciar esta coyuntura; cuando el excedente de trabajo y de capital no se pueden mezclar de forma productiva (entendiendo pues, que a largo plazo al capitalismo le cuesta mantener niveles de rentabilidad), la expansión de este conjunto de excedentes necesita de nuevos espacios geográficos para trasladar el capital y que la tasa de ganancia no decrezca. Justo aquí se refleja el ajuste que Harvey menciona: EEUU en un contexto de pugna geopolítica por las nuevas cadenas productivas, se encuentra con actores que son capaces de liderar mercados enteros. Afianzar el poder económico en una zona geográfica con las particularidades político-administrativas como las de Colombia, es un acierto estratégico y una táctica explícita para hacer de este lugar parte de la asistencia a la crisis del capital estadounidense. No solo los memorandos pueden observarse desde la teoría, las dinámicas recientes a propósito de las posibles deudas con el FMI se ubican dentro del segundo momento conceptual, específicamente en la acumulación por desposesión, al trasladar el flujo de excedentes por medio de la deuda y las privatizaciones, pero esto requiere una explicación más robusta que no podría sostener aquí.
El caso argentino es en parte ilustrativo: este hace parte del triángulo del litio, y el aparato legal ha tenido diferentes cambios para estimular la inversión extranjera en proyectos mineros. Este marco con el gobierno de Javier Milei tuvo cambios importantes en comparación con otros periodos administrativos frente al estímulo de los intereses privados. La carrera por el litio está encabezada por EEUU y China principalmente, debido a que este mineral es clave para las tecnologías de transición energética global. Menciono esto como ejemplo de la flexibilización del aparato legal para beneficio de los flujos financieros y como la expansión geográfica del capital central busca afianzar nuevas cadenas de producción, ya que en el caso de Colombia, Estados Unidos necesita solidificar desde diferentes flancos, posibles aliados que pongan a disposición su territorio para la fase inicial de este proceso de extracción de las tierras raras y explotación de minerales sin muchas trabas desde las instituciones, aprovechando su protagonismo histórico en relación con el Estado colombiano.
El aseguramiento de “la cadena de producción” es la pretensión para continuar y agudizar los vínculos asimétricos en materia económica con Estados Unidos. Estos memorandos son un acto administrativo cargado de simbolismo en perspectiva con otros países de la región, ya que las relaciones económicas con Washington y actores privados no se negocian de manera discreta, la intención se hace explícita desde espacios institucionales para facilitar la inversión norteamericana, con el fin de reajustar, como expresó Marco Rubio, “las relaciones naturales entre EEUU y Colombia”. Harvey ya lo enunció en el mismo texto, la reestructuración radical del capitalismo fue y ha sido una serie de apuestas de EEUU por mantener su hegemonía en el mercado internacional. Asimismo, la crítica va anexada junto con otra afirmación del autor; el libre comercio no significa comercio justo.
El amedrentamiento a nuestra nación ha existido y se ha sostenido por las lógicas internas del capitalismo, pero hoy, tomar una postura que se organiza específicamente para el capital externo es una estrategia geopolítica válida y necesaria según el gobierno de turno (también popular si incluimos las tendencias electorales recientes) que asume esta disparidad por medio de actos públicos para preservar la coherencia en la agenda de los gobiernos de la nueva derecha; los objetivos ya no conservan una intención de negociar entre varias partes, al menos citando una ficción de simetría, estos saltan a los acuerdos directos desde el Estado en favor de los recursos externos y una estabilidad ajena que no nos favorece a profundidad. ¿Cuál será el nuevo carácter de la cooperación conjunta? Por ahora lo sensato será ofrecerse como mina a cielo abierto para que estas relaciones políticas se sostengan.
















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