Opinión

Baldomero Sanín Cano y Ricardo Rendón Bravo, personajes insignes de la cultura en Rionegro

Además de ser un importante polo de desarrollo, Rionegro es un  epicentro cultural. El municipio fue declarado Monumento Nacional por el decreto 264 del 12 de febrero de 1963 debido a su bella arquitectura colonial. Aunque con el paso del tiempo varias edificaciones coloniales han desaparecido, aún se conservan otras de gran valor para nuestra historia, entre ellas el Museo Histórico Casa de la Convención, donde se redactó la Constitución de 1863, la más liberal y revolucionaria que haya regido a este país.

Además, en el municipio se realizan diferentes certámenes culturales que proyectan a los artistas locales y generan espacios de disfrute y convivencia, como el Festival Internacional Rock al Rio, el Concurso Nacional de Bandas Sinfónicas Ramón Jaramillo Jurado y el Festival Internacional de Caricatura Ricardo Rendón Bravo.

Aparte de albergar monumentos de gran belleza y ser la sede de importantes certámenes, Rionegro puede darse el orgullo de ser la cuna de dos personajes ilustres que le han hecho un aporte sumamente valioso a la cultura.

Ellos son Baldomero Sanín Cano, intelectual e impulsor del modernismo en la literatura colombiana y Ricardo Rendón Bravo, uno de los caricaturistas más importantes que haya tenido Colombia en el siglo XX.

El legado de estos rionegreros sigue vigente y por eso Al Poniente quiere hacer un breve repaso por su vida y obra para que nuestros lectores se animen a conocerla y replicarla.

Baldomero Sanín Cano

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Nacido el 27 de junio de 1861, en plena guerra civil, Baldomero Sanín Cano fue un notable intelectual, ensayista, crítico literario, periodista y profesor. Huérfano de madre desde los cinco años, contó con la tutoría y el apoyo de su padre, quien le reveló los bellos secretos del conocimiento y más adelante lo animó a dedicarse a la docencia.

Tras graduarse como profesor en 1880, fue nombrado director de una escuela en el municipio de Titiribí y luego trasladado a Medellín para dictar un curso de pedagogía en la Escuela Normal de Señoritas.

Además de la docencia, se dedicó al periodismo y fue colaborador para la revista Hispania y el diario La Nación de Buenos Aires (Argentina), donde además ejerció como ministro plenipotenciario. De prosa lucida y elegante, Sanín Cano se dio a conocer en Colombia y Latinoamérica por sus columnas y ensayos sobre literatura, teatro y demás artes, así como destacar el trabajo de varios poetas que querían renovar el lenguaje.

Pero sin duda su aporte más importante fue introducir a Colombia el movimiento modernista, que se caracterizó por el refinamiento en la forma y que tuvo como máximos exponentes a los poetas José Asunción Silva y Guillermo León Valencia.

2Autor de libros como La civilización manual y otros ensayos (1925), Indagaciones e imágenes (1926), Crítica y arte (1932), Divagaciones filosóficas y otros apólogos literarios (1934), Sanín Cano falleció en 1957 en la ciudad de Bogotá y sus restos reposan en el cementerio de Rionegro.

A 59 años de su muerte el legado de este hombre sigue siendo recordado por escritores y estudiosos que celebran sus valiosas contribuciones a las letras colombianas. Uno de ellos es el escritor Luis Fernando Macías, quien en el prólogo del libro De Mi vida y otras vidas, publicado por la colección Palabras rodantes del Metro de Medellín, afirmó lo siguiente:

-Resulta difícil encontrar en el país de hoy a un hombre de su talante: juicio sereno y reposado, cultura integral y humanista, sentido del humor agudo y al mismo tiempo sutil, y una capacidad para decir por escrito –en la más deliciosa lengua castellana – las verdades insobornables de un visionario.

Ricardo Rendón Bravo

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Irreverente, genial y acucioso observador de nuestra tragicómica realidad. Así era Ricardo Rendón, caricaturista y humorista nacido el 11 de junio de 1891 y que hasta el sol de hoy es considerado una de las plumas más brillantes de nuestro tiempo.

Hijo de Ricardo Rendón Echeverri y Julia Bravo, su talento para el dibujo fue descubierto a temprana edad y por razones más bien trágicas, debido a que una de sus piernas recibió un disparo durante una riña que se presentó en un bar cercano a su casa. Mientras se recuperaba de las heridas, el niño Ricardo comenzó a dibujar sentado en la ventana de su casa, lo cual le permitió plasmar el mundo que había a su alrededor y desarrollar un don que años más tarde lo haría famoso.

En 1911 la familia Rendón Bravo se trasladó a Medellín y allí Ricardo, después de demostrarles a sus padres que lo suyo era el dibujo, comenzó a tomar clases en el taller del maestro Francisco Antonio Cano, quien se convertiría en su mentor y le enseño no sólo a dominar las técnicas del oficio, sino también a apreciar la literatura y otras artes.

3Con el espaldarazo de Cano, Rendón cursó sus estudios en el Instituto de Bellas Artes bajo la tutela del maestro Humberto Chávez. Más tarde publicó sus primeros dibujos en la revista Panida, órgano difusor de este movimiento literario conformado por nada más y nada menos que León de Greiff, Fernando González, Tartarín Moreira y otros escritores y artistas.

Al tiempo que hacía parte de los Panidas, Rendón era colaborador del diario El Espectador y trabajaba como ilustrador, pintor y diseñador para varias empresas antioqueñas. Como dato curioso hay que destacar que el emblemático logo de los cigarrillos Pelirroja es de su autoría, lo cual le permitió ser uno de los ilustradores más cotizados de la época.

En 1918 decidió trasladarse a la ciudad de Bogotá, donde su carrera llegó a un nivel mucho más alto. Tras su paso por El Espectador, empezó a publicar sus punzantes caricaturas en La República y El Tiempo, publicación en la que atacaría sin misericordia y con total inteligencia a la clase dirigente colombiana.

Su lápiz se convirtió en un dardo que apuntó por igual a presidentes, congresistas, empresarios y jerarcas de la iglesia católica. Son memorables los caricaturescos retratos que hizo de los presidentes Marco Fidel Suárez, Miguel Abadía Méndez y Pedro Nel Ospina, así como su mordaz mirada a varios hechos de la agitada historia colombiana, como la Masacre de las Bananeras, la Hegemonía conservadora o el intervencionismo estadounidense en Colombia.

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Aparte de su combativo humor, Rendón se destacó por la fuerza y elegancia de su trazo, así como por la excelente calidad de sus composiciones; solo le bastaban unos cuantos elementos para decir mucho de los personajes o situaciones que caricaturizaba.

Ampliamente reconocido en Colombia como un genio de la caricatura, Rendón sin embargo era un hombre hermético y taciturno. Aunque frecuentaba tertulias literarias y fue amigo entrañable de notables escritores, artistas y hasta líderes políticos, entre ellos el ex presidente Alberto Lleras Camargo, Rendón mantuvo un silencio casi que total sobre su vida privada. De ahí que a muchos los tomara por sorpresa su suicidio, ocurrido en Bogotá el 28 de octubre de 1931 en la cafetería La Gran Vía.

“Su vida, su figura, su misterio y el contraste que todo ello hacía con su humor despiadado y clamoroso, acrecientan esa forma un poco enfermiza de inmortalidad. Pero la obra de Rendón vale por sí sola, y es ella, y también la feroz independencia y honestidad vital que le dio aliento, la que hace parte de nuestra historia”, afirmó sobre su vida y obra el también caricaturista Elkin Obregón.

Esto fue escrito por

Felipe Sánchez Hincapié

Medellín, 1989. Artista plástico, periodista, melómano y fumador empedernido. Ha participado en diferentes exposiciones realizadas en Medellín como Castilla pintoso, organizada por el colectivo venezolano Oficina # 1, en marco del Encuentro Internacional Medellín 07 (MDE07). Hizo su práctica en el periódico El Mundo de Medellín y ha publicado sus textos en publicaciones como Cronopio, Revista Prometeo, Cartel Urbano y Noisey.