Opinión

A un año del final

Hace 7 años inició una pesadilla insospechada para la mayoría de los colombianos: a la Casa de Nariño llegó un señorito bogotano que como estrategia de victoria se dedicó a gritar a los cuatro vientos que Álvaro Uribe era el mejor presidente de la historia republicana de Colombia. El destino había sido demasiado generoso al permitirle ser el candidato del uribismo, ya que sin los votos de su jefe político no hubiese sido siquiera edil en Bogotá.

Muy poco tardó Juan Manuel Santos en mostrar su verdadera cara, la del traidor, en el más amplio sentido de la palabra. El mismo día de su posesión encargó a uno de sus mayores áulicos, Armando Benedetti, para que se despachara en contra del gobierno saliente, ése mismo del que habían hecho parte y al que tanto alababan de manera conveniente. Días después y sin vergüenza alguna, ante los ojos del mundo coronó al tirano de Hugo Chávez como su “nuevo mejor amigo” y hoy sin ruborizarse un segundo juega el papel de opositor ante la dictadura chavista.

Luego de la inesperada traición de Juan Manuel Santos a su mentor Álvaro Uribe, éste se dedicó a gobernar a espaldas al pueblo, mientras se sentaba a manteles con los terroristas de las Farc. Cuando corrió el rumor que el presidente de los colombianos estaba dialogando de manera secreta con las Farc, Santos salió de inmediato a decir que eso era falso, que Uribe estaba desinformando, muy poco después la verdad salió a flote y no tuvo más opción que aceptar lo que era una realidad.

Al presidente que le da piquiña sentarse con los campesinos, profesores, transportadores, médicos, estudiantes, sindicalistas… no dudó un segundo en compartir mesa con los mayores criminales de la historia.

La política de seguridad que desde hacía más de una década se venía fortaleciendo se fue al traste, porque para el actual gobierno la paz es sinónimo de cesión de principios republicanos, fue así como un grupo criminal que estaba acorralado en lo profundo de la selva y corriendo por las fronteras con Venezuela, resucitó y hoy es amo y señor de los destinos del país. A un ritmo más lento pero firme fueron reviviendo grupos como el ELN y el EPL. A este paso la resurrección del cartel de Cali y de Medellín es cuestión de tiempo, pensándolo bien no es descabellada la afirmación, ya que no es casualidad que durante estos 7 años de desgobierno los cultivos de cocaína se hubiesen incrementado de manera colosal.

La administración de Santos se hizo famosa por su enorme despilfarro de los recursos públicos: de manera increíble malgastó la mayor bonanza petrolera ante los ojos de los colombianos, volvió a Ecopetrol su iguana lechera, se dedicó a repartir mermelada sobre toda la tostada, duplicó la deuda externa histórica, vendió ISAGEN; dizque para construir las vías 4G -es la hora y aún no sabemos dónde está el dinero de esa transacción-. Tanto se ha robado este gobierno que hasta le tocó al Consejo de Estado evitar mediante providencia judicial que se siguiera robando la voluntad popular expresada en el plebiscito del 2 de octubre.

Cuando Santos no encontró de donde más extraer recursos decidió abrochar el cinturón, no el del Gobierno, el de los colombianos, y fue así como fiel a su estilo rompió su promesa sobre mármol de no subir impuestos y le impuso al contribuyente una carga tributaria del 16 al 19% de IVA, entre otros sobrepesos ¿ya lo sintieron en sus bolsillos o creen que es exageración de quienes hemos manifestado nuestro desacuerdo con esta ignominiosa administración?

Los males del país son cada vez mayores, pongamos algunos por ilustrativos: el sistema de salud hace aguas por donde se lo mire. Díganme cuántas nuevas clínicas se inauguraron durante este gobierno, o cuáles planes por lo menos de contingencia se implementaron para evitar que los colombianos se sigan muriendo a las puertas de los hospitales. El sistema carcelario es el ejemplo de descomposición social más aberrante que podamos dar, nadie logra imaginarse la barbarie que se vive en las cárceles del país. Los delincuentes se encuentran recluidos con el propósito esencial de la pena que es la resocialización, pero acá sucede todo lo contrario porque el hacinamiento lo único que logra es la profesionalización de los criminales en los centros de reclusión -preguntemos de nuevo- ¿cuántas nuevas cárceles sabe usted que se hayan inaugurado durante la administración de Santos?

Y concluyamos con nuestra máxima preocupación: la educación, ¿acaso han visto ustedes los puntajes que ocupan nuestros niños en las pruebas de conocimiento?  Hemos dicho sin cansancio que la apuesta de un buen Gobierno debe ser su inversión en educación, pero eso fue lo primero a lo que se negó este Gobierno. La jornada única escolar y la educación integral fueron grandes propuestas que Juan Manuel Santos jamás tuvo en cuenta y que por el tiempo que le queda sabemos que ya no tendrá. Ésa será una deuda imposible de saldar. Rematemos con nuestra pregunta ¿cuántos nuevos colegios o nuevas universidades se inauguraron durante este gobierno?

Sabemos que nos hemos quedado cortos en describir esta pesadilla padecida durante la administración de Juan Manuel Santos, pero en algo nos consuela el saber que queda un año para que finalice el peor gobierno de la historia, inicia la cuenta regresiva por parte de los colombianos.