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Votar más que un derecho, un deber

El próximo 27 de mayo se define nuestro futuro político como país. Nuevamente elegimos presidente y decidir quién nos gobierne es dar el primer paso para crear un país en el que todos tengamos cabida sin distinción alguna y en el que podamos convivir como sociedad. Varios acontecimientos marcan la diferencia de esta jornada electoral con respecto a las de años atrás. Por un lado, las FARC son un actor político y no de conflicto, por el otro, el ELN ha aceptado sentarse a dialogar para buscar la salida a una guerra sin sentido.

Esto hace que como ciudadanos demostremos que estamos comprometidos con nuestro presente y futuro. Quien ocupe la casa de Nariño los próximos cuatro años tiene como reto garantizar el cumplimiento de lo pactado con los ex combatientes de las FARC e iniciar un proceso democrático y participativo que motive al ELN a abandonar definitivamente las armas e incorporarse a la vida en sociedad; desde luego no es solo un compromiso del gobierno y de quienes negocien los puntos de la agenda entre uno y otro bando, es también un proceso que necesita de nuestra disposición como ciudadanos para incluir nuevas formas de hacer y pensar la política. Siempre hemos querido que la violencia deje de ser normal en nuestro diario vivir y si eso es lo que buscamos, debemos empezar a aportar y caminar a pasos que aceleren lo que deseamos.

La paz se escribe con mejoras en la educación, en el sistema de salud, en vivienda digna y acabando con la idea del narcotráfico como nuestra carta de presentación. Lograr esto no es fácil, pero si posible. Además de esos factores es preocupante que un país que presenta tantas irregularidades tenga los niveles de abstención tan altos. No se justifican de ninguna manera. No votar beneficia a los mismos de siempre, es decir, a las mismas maquinarias políticas y electorales, a los partidos tradicionales, y las clases políticas (la oligarquía), ellos son los que se privilegian de la falta de cultura democrática que está cada vez más impregnada en lo que pensamos los colombianos.

Votar por quienes nos han gobernado desde hace más de cinco décadas y que, además, han demostrado que les queda grande poner en práctica la erradicación definitiva de todo tipo de violencia, es no respetar la historia que hemos vivido y queremos cambiar. Si es así, lo consecuente es mirar mas allá de lo mismo, es votar por ideales con los que nos sintamos identificados y representados.

Votar sin miedo es concebir la democracia como la máxima expresión de libertad.