Venezuela Irán y…

Pocos hechos tan difíciles de entender y analizar como la captura del tirano Nicolás Maduro y el asesinato de decenas de militares cubanos y venezolanos que lo protegían. ¿Cómo no rechazar al autócrata protagonista del acto unilateral violatorio del derecho internacional, garante de la paz del mundo?, y sin embargo inicialmente ¿cómo no alegrarse con la contentura de tantos ciudadanos que sentían recuperadas su patria y sus sueños; cómo no albergar cierta esperanza por la recuperación de la libertad del Bravo Pueblo?

Desde el 28 de diciembre pasado centenares de miles de mujeres y jóvenes indignados, hambreados, vencieron el miedo y se volcaron a las calles para reclamar comida, libertad, cambios. Se han enfrentado a la teocracia criminal, han entregado vidas, han insistido por encima de masacres, mentiras, agresiones y soledades, saltando sobre el silencio de órganos multilaterales, que duele tanto, y de los desmanes del autoritario Trump, que juega con sus expectativas, y los humilla.

A Venezuela y a Irán los distancian la cultura, la geografía y las creencias, y los unen la paciencia de sus gentes, sus reservas de petróleo, la progresiva pérdida de libertades democráticas y el abismo autoritario del que no se vislumbra salida. Duelen esas naciones ricas asoladas por el autoritarismo; asusta nuestro propio futuro.

El Instituto Cato, estadounidense, y el Instituto Fraser, canadiense, son dos centros de pensamiento con alma liberal y apuestas libertarias que cada año construyen el Índice de Libertad Humana (ver: https://acortar.link/Tc4wMg), basándose en datos sobre el estado de las libertades individuales, como ellos llaman a las libertades democráticas, y la libertad económica. Las primeras reconocen derechos individuales y políticos, las segundas, los empresariales.

En 2025, las instituciones publicaron su clasificación utilizando ochenta indicadores que refieren el estado de las libertades cívicas y democráticas, que constituyen el Índice de Libertades Individuales, del lado de la libertad personal, y las libertades económicas, asociadas a la libertad de empresa y comercio, el papel del Gobierno y las regulaciones. Para este análisis haré énfasis en las dos libertades democráticas que garantizan la formación y ejercicio de ciudadanía para la toma de decisiones libres: la libertad de asociación y la libertad de prensa.

El aire que pareció refrescar a Venezuela ha sido contaminado con el autoritarismo y la ambición exhibidos con indolente desparpajo por Donald Trump y el séquito anhelante por armar protectorados en el “America’s Backyard”. Años y años de batallar por la democracia, su derrota tras el robo de las últimas elecciones, minaron la ciudadanía venezolana, la dejaron sin medios para cuidar lo suyo. Según los datos de 2023, que deben ser peores en 2024, el país quedó en el puesto 159 entre 165. Con generosidad, las instituciones le entregaron una puntuación de 3,9 en libertad de asociación y de 4,1 en libertad de prensa y expresión. Y digo generosidad, porque el régimen no ha tenido frenos -digo que no ha tenido porque cambiaron el nombre y las políticas económicas, no la tiranía- para perseguir, encarcelar y torturar a líderes opositores, ni para agobiar a los medios de comunicación y periodistas.

Venezuela se hunde en su abismo. No me reconozco capacidad moral o intelectual para juzgar a una líder perseguida en su país y menospreciada por el invasor, que no se cansa de humillarla; tampoco pongo en duda el daño profundo que la sumisión de María Corina al sátrapa yanqui le está haciendo al futuro de la democracia, a ese pueblo que ha intentado resistir, que votó poniéndose en riesgo, también al que huyó desencantado.

El análisis de 2025 pone a Irán en el lugar 164 de los 165 países evaluados, con una calificación de 3,9. Las libertades individuales, calificadas con 3,36 frente a 4,36 de las libertades económicas, son su peor desempeño. En la calificación sobre 10 puntos, el derecho de asociación de los iraníes tiene apenas 0,4 puntos y las libertades de prensa y expresión apenas califican con 1,3. Desde el 28 de diciembre pasado, centenares de miles de iraníes se lanzaron a un sacrificio desesperado, copando las calles para reclamar respuestas económicas a su precariedad, civilidad y libertad; el mundo los mira de tarde en tarde gracias a voces como la de la nobel Shirin Ebadi, sus aliados en Noviolencia, y los amigos de Narges Mohammadi, también Nobel de Paz, detenida y aislada.

Son valientes y parecen inagotables, así sus esperanzas sean tan cortas: ¿una invasión para convertirlos en otro protectorado frágil y expoliado?, ¿el regreso de la monarquía con el hijo del defenestrado Reza Palhevi, rey de las revistas del corazón, pero no del alma de su pueblo? Esa sociedad valiente fue despojada de las conversaciones, los medios, las organizaciones que deberían sustentar su emancipación, su ruta a la libertad y la democracia. Ocurre como en Venezuela.

Defender la libertad de expresión y de prensa no es un asunto de medios de comunicación, periodistas y opinadores públicos, reclamar su plena garantía es cuidar la democracia como hay que hacerlo, día tras día, gesto tras gesto. Y esa democracia se va deteriorando cuando un presidente usa su vocería y recursos públicos para atacar a medios de comunicación y periodistas, la mayoría mujeres; cuando un gobernante usa el erario para impulsar o censurar medios de comunicación, o cuando un actor político acosa judicialmente a un periodista o medio. En Colombia tenemos de todo esto, más violencia.

Abelardo de la Espriella amenaza con denunciar penalmente a la valiente Ana Bejarano; insiste en acoso judicial a los periodistas, como lo ha hecho con la presentación de 109 denuncias contra injuria y calumnia entre 2009 y 2018. Sus bodegueros han enfilado para calumniar a La Silla Vacía, cuyas destacadas credenciales como medio independiente y serio son indiscutibles. El candidato de la Espriella es una amenaza para la libertad de expresión y de prensa, para la democracia. Así lo fueron Chávez, Maduro y los ayatolás para Venezuela e Irán.

Luz María Tobón Vallejo

Periodista. Exdirectora del periódico El Mundo, profesora, investigadora en comunicación.
Actualmente lidera la Iniciativa por la Minería Consciente, un proyecto de la sociedad civil por el diálogo social y la comunicación pública en entornos mineros.

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