Conflicto Selección del editor

Vacío del poder: la disputa del territorio

Los colombianos no hemos logrado vivir ni un solo día sin conflicto armado, incluso, hemos naturalizado las muertes, los combates, los bombardeos y en algunas ocasiones, celebrado la muerte.

Siempre escuchamos comentarios, análisis, noticias y reportajes sobre las razones del conflicto, sus orígenes, los actores que lo componen y, todos tenemos algo que decir del conflicto armado. Pero pocas veces, nos hemos sentado a pensar la razón que ha mantenido vivo el conflicto;  según el discurso dominante, la gasolina del conflicto eran las FARC-EP pero, si ellas no están en armas, ¿Por qué sigue prendida la llama de la guerra? Para dar respuesta a esto, entrevistamos a Freddy Escobar, miembro del partido FARC, que actualmente vive en un Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR)- los cuales se ubican en zonas donde las FARC –EP tenían presencia y dominio-, exprofesor de la Universidad de Antioquia, trabajador social con maestría en Estudios políticos

El pasado 26 de abril, el Proceso Social de Garantías de Antioquia realizó una denuncia del alto riesgo que viven los habitantes de Urrao y Vigía del fuerte por la presencia de 200 paramilitares con insignias de AGC; un mes antes, ex guerrilleros del ETCR en Ituango, fueron desplazados por grupos armados, quienes antes habían asesinado uno de sus compañeros, los farianos salieron para salvaguardar sus vidas; así mismo, en los tres primeros meses del año, han sido asesinados 36 líderes sociales. Estas son solo tres situaciones que han tenido que atravesar las comunidades, los líderes sociales y ex guerrilleros que habitan en lugares donde nunca se ha ido el conflicto.

La economía ilegal como el narcotráfico, el contrabando y la venta de armas es un elemento fundamental para comprender esto, pues según Freddy “El narcotráfico no es solo un problema de criminales […] el narcotráfico en la economía del país pesa demasiado. El lavado de dinero proveniente del narcotráfico puede ser hasta de 10 billones de pesos anuales.” Afirmar esto, implica el reconocimiento del narcotráfico como algo más que violencia y drogas, es una forma de economía ilegal que subsiste con lo legal, en definitiva “El narcotráfico le aporta a la economía colombiana para que esto funcione” dice Freddy; Por su parte, el contrabando -por ejemplo- de gasolina en la frontera Colombo-Venezolana mueve, según la revista dinero, $522.000 millones al año. Así mismo, la minería ilegal mueve miles de millones anuales. Estas economías son los que se disputan los actores armados en los territorios.

Para Freddy, la matriz de acumulación capitalista en Colombia se conforma por la economía legal e ilegal, cuando las FARC-EP tenían el dominio de algunos territorios las confrontaciones eran –sobretodo- contra el Estado y los paramilitares, pues, esas zonas eran vistas con buenos ojos para el cultivo, producción y transporte de pasta de coca y para la minería. Al dejar las armas se propicia un vacío de poder  en los territorios donde el ejército (porque no llega otra institución estatal), la guerrilla del  Ejército de Liberación Nacional (ELN), los paramilitares y algunas personas que se rearmaron (disidencias), aspiran a llegar para instalarse, ejercer el control y apoderarse de la economía ilegal o legal; esto se gana a partir de la capacidad militar y de beligerancia que tienen los diferentes grupos armados. Es la continuidad de la guerra.

Por ejemplo, actualmente en Ituango, cerca de la ETCR, se libra una guerra entre las disidencias, el ELN y los paramilitares porque es un corredor fundamental para el narcotráfico, su facilidad para la producción, el transporte y lo esencial la salida al mar caribe lo hace un punto estratégico. La función del ejército colombiano es enviar tropas para hacer presencia, pero la falta de combate, de bombardeos y de bajas, indican que poco o nada les interesa tomar control de esta zona, a esto Fredy le llama el “fallido control territorial del estado”, que no es más que la decisión del gobierno de no llegar a los territorios. Se da por dos razones, la primera, es como se explicaba anteriormente, el narcotráfico es un ápice importante de la economía del país, tanto que un embajador tenía laboratorios en su finca y, la segunda, porque poco o nada le interesan esa zona, aunque sea una de las más disputadas por los grupos armados ilegales y donde la guerra sigue derramando la sangre de colombianos.

Sin embargo, hay territorios donde el control del ejército es completo, esto se debe a la necesidad de salvaguardar los intereses del capital, este es el caso del norte del Cesar, lugar donde se encuentra Freddy, allá la disputa por el territorio es nula, los militares tienen asegurada esa zona para que la minería legal pueda desarrollarse de la mejor manera, claro está que, los paramilitares están ahí,  “nosotros sabemos que por ahí están” dice Freddy. Para garantizar ese control, el ejército colombiano tiene instalados tres batallones espaciales  energéticos, por esta razón, en la ETCR del cesar y a sus alrededores no existe un confrontamiento armado.

En este orden de ideas, cuando hay control establecido por parte del estado, no hay disputas bélicas por parte de grupos armados ilegales; Cuando el control lo tiene otro grupo armado ilegal y al Estado le interesa, el ejército hace lo posible por tomar posesión, cuando no le interesa, deja que el más fuerte prevalezca, es en esta situación, donde la guerra es más beligerante; los territorios estratégicos para las economías legales e ilegales son los más golpeados por la guerra; el narcotráfico no es el enemigo del Estado, este alimenta la matriz de acumulación capitalista y finalmente, en este juego de poderes, la economía política nos da luces frente al conflicto que actualmente vivimos, las relaciones de poder en los territorios, se mueven todos los días, las alianzas, las enemistades y el dinero, son los que permiten que un grupo se adueñe de un territorio del país, y esto se consigue a punta de fusil, y como dice Freddy “el plomo no se le niega  a nadie” y es el plomo, lo que simboliza la llama de la guerra.