Vacío de poder y oportunidad histórica: España como puente, no como tutor

La historia no avanza en línea recta: se pliega, retrocede y, a veces, regresa con otros nombres a los mismos dilemas. Uno de esos dilemas eternos es el vacío de poder. Allí donde una autoridad colapsa, alguien —o algo— ocupa su lugar. La pregunta nunca ha sido si ese vacío será llenado, sino por quién y bajo qué lógica.

América Latina conoce bien esta dinámica. Cada crisis profunda ha sido seguida, casi mecánicamente, por una intervención externa que se presenta como solución, pero que termina configurando nuevas dependencias. Venezuela hoy se encuentra precisamente en ese umbral: un punto crítico donde el vacío puede convertirse en transición o en tutela.

El vacío de poder como categoría política

Desde la teoría política y las relaciones internacionales, el vacío de poder no es ausencia de gobierno, sino ausencia de legitimidad efectiva. Cuando el Estado pierde la capacidad de representar, proteger y organizar a su sociedad, se abre un espacio que otros actores —internos o externos— buscan ocupar.

La experiencia histórica demuestra que cuando ese vacío es llenado desde fuera, sin mediación cultural, regional o simbólica, el resultado suele ser inestabilidad prolongada. No por falta de recursos, sino por falta de arraigo. La imposición externa puede restablecer el orden, pero raramente construye comunidad política.

Aquí surge una disyuntiva crucial:
¿Repetir el patrón de sustitución hegemónica o ensayar una transición acompañada, donde el protagonismo siga siendo latinoamericano?

España y el modelo británico: una comparación incómoda, pero necesaria

España suele aparecer en el debate iberoamericano como una potencia ausente, incómoda con su pasado y silenciosa frente a su potencial. Sin embargo, el contexto actual le presenta una oportunidad histórica inédita: redefinir su rol sin repetir el error del tutelaje.

El Reino Unido, con todas sus contradicciones, logró transformar su antiguo imperio en una red de vínculos funcionales: la Commonwealth. No gobierna, no impone, pero articula, respalda y conecta. Comparte lengua, instituciones jurídicas, cooperación militar y canales diplomáticos que facilitan transiciones sin borrar soberanías.

España podría —y debería— aprender de ese modelo, no para liderar América Latina, sino para acompañarla. No como metrópoli, sino como puente entre Europa y el mundo hispanoamericano; como garante cultural y diplomático frente a injerencias que no comprenden ni la historia ni las heridas de la región.

Hispanidad: no nostalgia, sino estrategia

Hablar de hispanidad incomoda porque se confunde con nostalgia imperial. Pero en el siglo XXI, la hispanidad no es dominio: es capital simbólico, cultural y geopolítico. Compartir lengua, códigos jurídicos, historia y sensibilidad política es una ventaja estratégica real en un mundo fragmentado.

España posee:

  • Inserción plena en la Unión Europea

  • Capacidad diplomática y militar suficiente para misiones de apoyo y transición

  • Legitimidad cultural que ningún actor extra-regional puede improvisar

Usar ese capital no significa dirigir procesos internos, sino respaldar marcos multilaterales, facilitar diálogos, proteger transiciones y evitar que el vacío de poder sea colonizado por intereses ajenos a la región.

Una transición con testigos, no con dueños

Venezuela —y América Latina en su conjunto— no necesita nuevos tutores. Necesita testigos activos, garantes, acompañantes que entiendan que la soberanía no se impone, se cuida. España puede ser uno de esos actores, siempre que comprenda que su rol ya no es mandar, sino respetar y sostener.

La alternativa es conocida y sombría: dejar que el vacío sea ocupado por una potencia que actúe desde la lógica del control, no del vínculo; del interés inmediato, no de la memoria histórica. Y la historia, cuando se repite sin aprendizaje, rara vez mejora.

Este es el punto de inflexión. No solo para Venezuela, sino para el mundo hispano.
No para volver atrás, sino para demostrar que se puede avanzar sin olvidar, que es posible una transición sin humillación, y que la soberanía latinoamericana no necesita aislamiento, sino alianzas que la comprendan.

Porque los vacíos de poder no esperan.
Y cuando se llenan mal, el costo lo pagan generaciones enteras.

Juan Felipe Méndez H.

Profesional en Negocios Internacionales de la Universidad Santo Tomas, con estudios en: Logística y Comercio Exterior, Relaciones internacionales, Docencia Universitaria, Marketing, Competitividad y Emprendimiento, Couching Personal y Empresarial, Oratoria e Historia.
Investigador nato con diferentes escritos sobre conflictos y sus orígenes en medio oriente e investigaciones sobre competitividad aplicada a la economía del departamento del Meta Post-Conflicto.
Ha hecho parte de Colciencias, Grupo Holos de Investigacion, Club Deportivo Roma, ademas de apoyar a mas de 20 nuevos emprendimientos. Hace parte de AlPoniente desde 2017.
Residente en el Exterior desde 2020, comparte con nosotros su vision del mundo, asi como sus explicaciones para entender los temas de actualidad y proponer posibles soluciones, Su objetivo final no es convencerlos de su punto de vista, es lograr que forgen su propio punto de vista,

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