Cultura

Una revista de historia, poesía y ciencia para niños revolucionarios

Los adolescentes poseen un gran interés por la política. Desde la pedagogía Montessori se cree que éste es el interés central de los jóvenes y esto se puede confirmar en los fuertes movimientos estudiantiles de las universidades públicas. Este era el caso del adolescente cubano José Martí, que a sus 16 años, el 21 de octubre del 1869, enfrentó una condena por apoyar grupos independentistas. Fue sometido a dos años de trabajos forzados y luego deportado a España.

En su caso, estos castigos no lo hicieron parar de escribir ni de luchar, el deseo ardiente de cambiar el orden social no se apagó en él hasta el día de su muerte.

Martí creía que los niños tenían la capacidad de cambiar el mundo y que se les debían contar los problemas de la sociedad, que estaban capacitados para enfrentarlos y tomar posiciones al respecto; por esto en el año 1889 publicó desde su exilio en Nueva York una de las partes más bellas de sus obras, va dirigida específicamente a los más jóvenes, es el periódico La edad de oro.

Él solo se encargó de realizar cuatro volúmenes de textos para niños que incluían poemas y textos políticos, científicos e históricos. En la forma de escribir se nota que esta obra fue diseñada pensando en tratar con dignidad a los lectores, en hablarles como les hablaría un amigo. Sus artículos y poemas manifiestan sin eufemismos y con un estilo preciso, simple y concreto lo que el autor pensaba acerca de la muerte, de su patria y de la moral; como dice Mirta Aguirre “difícilmente hay en La edad de oro línea que no propicie un aprovechamiento actual, ideológico y literario al mismo tiempo. Porque lo que para aprender a pensar vale ese libro, lo vale también para que los que aspiran a hacerlo bellamente, extrayendo al español su más rico zumo, aprendan a escribir” (Centro de estudios martianos, 1980) [pp. 56]

No solo el contenido de este texto es llamativo, también lo es la forma de escribir, que parece una conversación cálida y amigable. Él usa en su obra infantil los mismos recursos literarios que usa en su obra canónica, con la única diferencia de que en estos textos usa imágenes más visuales en las descripciones, como la del pastel de hojaldre para explicar cómo se ven las capas de la tierra o en los símiles con diversos animales para hablar de la moral. Tomemos por ejemplo el siguiente fragmento:

“Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado. Un hombre que obedece a un mal gobierno, sin trabajar para que el gobierno sea bueno, no es un hombre honrado. Un hombre que se conforma con obedecer a leyes injustas, y permite que pisen el país en que nació los hombres que se lo maltratan, no es un hombre honrado

El niño, desde que puede pensar, debe pensar en todo lo que ve, debe padecer por todos los que no pueden vivir con honradez, debe trabajar porque puedan ser honrados todos los hombres, y debe ser un hombre honrado. El niño que no piensa en lo que sucede a su alrededor, y se contenta con vivir, sin saber si vive honradamente, es como un hombre que vive del trabajo de un bribón, y está en camino de ser bribón.

Hay hombres que son peores que las bestias, porque las bestias necesitan ser libres para vivir dichosas: el elefante no quiere tener hijos cuando vive preso: la llama del Perú se echa en la tierra y se muere, cuando el indio le habla con rudeza, o le pone más carga de la que puede soportar. El hombre debe ser, por lo menos, tan decoroso como el elefante y como la llama. En América se vivía antes de la libertad como la llama que tiene mucha carga encima. Era necesario quitarse la carga, o morir.”

(Martí, La edad de oro, 1889)[pp. 20]

En una carta que Martí escribió a María, la niña a la que educó, le dijo que si quería encontrar belleza en algún lugar recurriera a la ciencia, pues las descripciones del mundo y de la naturaleza encerraban más poesía que la palabrería enredada de los poetas clásicos, en su publicación infantil fue consecuente con esta idea e intentó despertar la curiosidad científica además de la sensibilidad literaria.

Este libro, aunque escrito hace más de cien años, sigue siendo vigente, pues lastimosamente ni los malos gobiernos ni el egoísmo se han acabado. Siguen siendo los niños los que deben apropiarse de estas problemáticas, entenderlas y proponer cambios.

Para finalizar, los invito a que lean uno de los poemas más famosos de este libro:

Los zapaticos de rosa:

Y cuando el sol se ponía

Detrás de un monte dorado,

Un sombrerito callado

Por las arenas venía

Trabaja mucho, trabaja

Para andar: ¿qué es lo que tiene

Pilar, que anda así, que viene

Con la cabecita baja?

Bien sabe la madre hermosa

Por qué le cuesta el andar

-¿Y los zapatos Pilar,

Los zapaticos de rosa?

>> ¡Ah, loca! ¿en dónde estarán?

¡Di dónde, Pilar! -<<Señora>>,

Dice una mujer que llora:

<<¡Están conmigo, aquí están!

Y dice una mariposa

Que vio desde su rosal

Guardados en un cristal