“Desde la prepotencia de quien se cree invulnerable dice “ya ganamos” aunque hayan perdido, la diferencia de un ayer relativamente cercano como la guerra en Vietnam es que en ese tiempo Estados Unidos tenía capacidad efectiva de coerción basada en su potencial bélico y en la dinámica geopolítica del mundo dividido en dos grandes ejes de poder”
Muchos ansían el fin del episodio Trump como quien espera el fin de la tiranía y el advenimiento de la democracia, pero no hay tal. Trump es la cara grotesca del imperio, pero, la otra, la que parece más benévola no es menos perversa. El imperio en decadencia ofrece la oportunidad única de mirarle las costuras y comprender mejor lo que parece estar detrás de esa suerte de megalomanía sin límites ni filtros.
Estados Unidos a partir de su temprana independencia; del hecho de estar en una geografía privilegiada en la que se instalaron colonos europeos que no eran más que gentes desplazadas y migrantes en busca de nuevas oportunidades y la convicción de la expansión y el dominio llegada como una condición ineludible por las guerras que hubieron de emprender y que no cesan hasta el día de hoy, ̶ a más de que por su ubicación geográfica no ha tenido una guerra internacional en sus propia tierra ̶ , se configuró como una nación altamente autorreferenciada y no gratuitamente autoproclamada como la tierra de las oportunidades, las libertades y los supuestos progreso y desarrollo sin límites.
Pero ¿Por qué es diferente la apropiación de inmensos territorios pertenecientes a México que se dieron principalmente en el siglo XIX y los que hoy reclama Estados Unidos como Groelandia, Canadá, Cuba o Venezuela? No solo porque ello suene excesivo o simplemente absurdo, sino porque cada vez le creen menos una gran cantidad de países y líderes, oponiéndose a sus bélicas empresas, haciéndose los tontos ante sus llamados y aun dándole la cara en el campo de combate.
Desde la prepotencia de quien se cree invulnerable dice “ya ganamos” aunque hayan perdido, la diferencia de un ayer relativamente cercano como la guerra en Vietnam es que en ese tiempo Estados Unidos tenía capacidad efectiva de coerción basada en su potencial bélico y en la dinámica geopolítica del mundo dividido en dos grandes ejes de poder; por el contrario en la actualidad, el país del norte como único hegemón y cabalgando sobre diversas crisis sin resolución a la vista como la deuda pública, el consumo desaforado de sustancias psicoactivas por parte de su población, decenas de guerras abiertas en los cuatro puntos cardinales del planeta, las cada vez más seguidas crisis económicas unida a la escases y encarecimiento de la mano de obra, conforma un coctel que solo se está afrontando en la actualidad desde el liderazgo bravucón, ignorante y pérfido del convicto Trump. A esa realidad no le cambia de apariencia ni toda la filmografía de Hollywood junta.
En cuanto a la dirigencia política interna, es un error considerar que las cosas mejorarían para el mundo con la llegada de los demócratas al poder, pues históricamente han demostrado que actúan igual o peor que los del partido rival, y es necesario aclarar que la gran oposición ciudadana que está teniendo Trump se debe en buena medida a su accionar errático y equivocado movido por su narcisa personalidad, pero si con su bestial conducta logra algún triunfo político o militar real (no inventado como los que proclama), su respaldo y popularidad volverían a subir.
Por supuesto que en la sociedad gringa existen personas honestas, con alto sentido ético y principios humanitarios, pero es justo la deriva del poder imperial, incrementado en el marco de un mundo unipolar, que obliga a que el país sea orientado como un imperio caníbal y destructor donde no se desaprovecha la menor oportunidad de lucro o acumulación de poder, aunque para ello haya que liquidar el derecho internacional y las más elementales reglas económicas o de guerra.













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