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Suicidio: un problema fundamental.

 

Las penas secretas son más crueles que las miserias públicas.”

Voltaire1 Cándido o El optimismo, Pg. 98. Sarpre,1985, Madrid.

Los indígenas Uwa’s con su resguardo de más de 230 mil hectáreas, a orillas del río Cobaría en resistencia contra las arbitrariedades primero de los colonos, luego de los campesinos, después con cuanto grupo armado, seguidos por el hostigamiento estatal y varias incursiones con Oxxy Petroleum Co. y otras petroleras, como quien dice la voluntad general, la tormenta desatada contra un pueblo que ante semejantes incursiones, amenazó con suicidarse masivamente en varias ocasiones durante el siglo XX, y de hecho es un mito entre la comunidad ubicada detrás de la serranía del Cocuy, que pervive como la memoria colectiva de que sin el territorio, sin la comunidad, sin los medios y recursos que les pertenecen y necesitan, es preferible desaparecer por la autodeterminación política, cultural, ontológica o ética, renunciando a ésta existencia. Daniel murió en Nueva York el sábado 14 de mayo de 2011: Piedad Bonet lamenta el suicidio de su hijo, y se volca en la elaboración personal con rigor filosófico para reflexionar, ¡oh catarsis cíclica, desmesurada, apabullante de la poeta!, sobre un drama privado, Lo que no tiene nombre (2013), un toque ulterior en el inexplicable fenómeno que implica la muerte de un hijo. El 8 de junio de este año, el afamado chef y celebridad Anthony Bourdain acabó con su vida en un hotel en Kaysersberg-Vignoble al este de Francia, mientras trabajaba en algo. También es reciente la controversia relacionada con 56 eutanasias aprobadas en Holanda a personas con cuadros clínicos y diagnósticos psiquiátricos de salud mental que les producían un dolor inaguantable.  O Jamel Myles un niño de 9 años que se suicidó por hostigamiento de sus pares en Denver, Colorado, EEUU por confesar orgulloso el primer día de clase ser gay, padeció cuatro días y acabó con el padecimiento del bullying y la homofobia extremas, que en este país le costó la vida a Sergio Urrego de 16 años que el 4 de agosto de 2014 saltó del último piso del Centro Comercial Titán Plaza en Bogotá.

En el país, solo el 2% del régimen contributivo y 1,3% del régimen subsidiado de salud acceden a programas de prevención en salud mental, es decir solo estas personas podrían acceder a planes, programas y gestión de la prevención, atención y acompañamiento del suicidio, si estos se propusieran en cantidad equiparable con la magnitud de la problemática. En este ámbito las psicologías y demás áreas del conocimiento y la intervención pública en Colombia, paradójicamente no atienden la inminencia del problema de salud pública más importante de la nación, y en países como Groenlandia, Rusia, Finlandia, Hungría, China, Japón, Corea del Sur, EEUU, Canadá, Surinam, Guyana, Uruguay, Argentina, Chile, Cuba, Puerto Rico, Ecuador, Costa Rica, Guatemala, Panamá y Venezuela. Según el Plan Decenal de Salud Pública de la OMS y el Min Salud, aunque tengamos investigaciones, profesionales, centros académicos y redes con los que incidir significativamente en la trasformación de las regiones diversas, encontramos con preocupación que la tasa de suicidios por cada 100.000 habitantes en 2017 fue de 15.77 en Arauca, 15.59 en Vaupés, 10.65 en Quindío o 8.30 en Norte de Santander. En Arauca hasta junio de este año, se registraron 8 suicidios y más de 70 intentos, con un aumento del 50% en suicidios durante el 2017 respecto al 2016 y 2015, y a esto añadir que “en diversos estudios se ha mostrado que por cada suicidio registrado como consumado se presentan entre 15 y 20 intentos suicidas” (https://goo.gl/bSC6y7), lo que evidencia una problemática de raíz profunda y requiere toda nuestra disposición antes que institucional o profesional, de todos y todas quienes estamos en riesgo, no de suicidarnos, sino de existir en solitario, aislados en nuestras penas secretas y sucumbiendo ante la realidad contrariada y cruda de días sin mañana cada vez más parecidos al día anterior de tantas personas.

Las razones del suicidio son búsqueda infecunda, por implicar lo que no es pero pudo haber sido, y que generalmente advierten de desgarradoras experiencias individuales, familiares y colectivas, pues 800mil suicidios al año en el mundo, dictaminan un diagnostico crítico: cada cuarenta segundos una persona decide suicidarse, lo logra y es reportada. Un cuadro así no se reivindica en el levantamiento de protocolos, indicadores, cifras y conceptos profesionales y académicos, con el fin de atender el problema que durante todo el siglo XX entendimos y asimilamos, quién sabrá qué primero, pero en ultimas que el suicidio es un problema social en cuanto filosófico, y que son signo profundo y cultural en nuestras sociedades, acostumbradas o resignadas o martirizadas por la muerte, la violencia, los dramas desatados por la guerra, los desbarrancaderos económicos o las miserias e injusticias repartidas en la lucha de clases. Habrá que intervenir con millones de experiencias el devenir de los años en los que nos correspondió vivir, solo así dejaremos de ser millones en el más grave de los peligros del no retorno: el no futuro.

Albert Camus es, del existencialismo, ese sistema ontológico, estético, político y ético -como la cosmogonía U’wa- quien materializó concretamente la atención intelectual, social y cultural del suicidio como el principal problema de la existencia, de allí su frase “el acto más importante que realizamos cada día es tomar la decisión de no suicidarnos”. Un razonamiento absurdo, comienza con un subtítulo  Lo absurdo y el suicidio, primer título en la antología de ensayos El mito de Sísifo que paralelo con El extranjero en 1942, comienza sentenciando: “No hay problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio”. Un comienzo donde se juzga si la vida tiene o no un sentido y si es competencia de los individuos o de la sociedad o de cualquier ente encontrar ese sentido; de ese comienzo se desprenden unas meditaciones profundas y sumamente solidas que vale la pena resaltar al no suponer el remplazo de la literatura por la realidad, sino poner la realidad en la literatura como forma de emplazar la realidad para generar aprendizaje. Pero Camus dice: “Siempre se ha tratado del suicidio como de un fenómeno social. Por el contrario aquí se trata, para comenzar, de la relación entre el pensamiento individual y el suicidio”. Ya entre finales del siglo XIX y principios del XX, en los albores de la psicología, opinaba en esta dirección William James  al plantear fundacionalmente una disciplina psicológica en preponderancia científica, pero con el constitutivo social como única metodología dialécticamente correspondiente con y en la realidad; o en La fábrica de la infelicidad: Nuevas formas de trabajo y movimiento global (2003) de Bifo, como se conoce al activista e intelectual italiano Franco Berardi.

¿Cómo murieron Sócrates, Séneca, Demócrito, Yukio Mishima, Hemingway, Virginia Wolf, Alfonsina Storni, Sylvia Plath o Anne Sexton? Porque “matarse, en cierto sentido, y como en el melodrama, es confesar. Es confesar que se ha sido sobrepasado por la vida o que no se la comprende” escribe Camus, y en este rumbo, le oí decir en su última visita a Bogotá al que sería uno de los grandes investigadores del teatro y el mejor dramaturgo español contemporáneo José Sanchis Sinisterra que en los tiempos que vivimos, si la dramaturgia de este siglo no asume a los socialmente excluidos del teatro, no podrá ser más que un producto del capitalismo, pues quien puede ser el más indicado sujeto del drama si no quienes están en inminente riesgo ontológico, sí, dijo Sanchis poniendo de ejemplo a un hombre de 40 años en un aquí y ahora desempleado y contradicho a sí mismo en lo que denominó: riesgo ontológico.

Y es que finalmente reflexiona Camus: “adquirimos la costumbre de vivir antes que la de pensar”; por lo que los intentos de suicidio no son consecuencia de la conciencia de la vida, pues una autentica ontología implica el estudio entorno a la potencia de nulidad del suicidio, y la precariedad e insuficiencia de los registros y estudios sobre ideación suicida, detección de riesgos y vulnerables, intervención y prevención, convierte en inconmensurables las posibilidades de al menos esbozar la magnitud del problema en las principales ciudades del país, donde las familias acallaban los suicidios, los maquillaban de enfermedades misteriosas, de rumbos extraviados de la muerte o de tristezas incurables, por el qué dirán no tanto como por la deshonra que implicaban las condiciones de vida para que alguien traicionase las costumbres y la voluntad religiosa, fueron por estos motivos que en el Cementerio Central de Bogotá D.C., donde están las tumbas de eméritos personajes de la historia patria; allí fue puesto en su tumba actual el poeta nacional José Asunción Silva varias décadas después de su muerte, lo mismo que con Ricardo Rendón, que en palabras del poeta Santiago Espinosa: “que Rendón sea nombrado como el más grande caricaturista colombiano no solo se debe a lo impecable de un estilo, su trazo de figuras adustas que parecían subvertir la rigidez de las costumbres”, fallece en 1931 y es puesto en su tumba solo hasta mediados del siglo pasado, la razón: ser suicidas. Llevaban sus muertes detrás del cementerio, donde quedaba el basurero municipal, un mensaje con el que un pueblo turbulento y traumado de tantas aberraciones, significa las implicaciones de la autodeterminación, el aislamiento de los individuos ante la crisis social y las taras que nos imponen al cada cual lleva su propia cruz en silencio, tragar el trago solitario de las penas y sudar la gota fría, la desesperación y el sufrimiento por dentro, pues se infiere que cada pena tiene su doliente, que todos lloran, como no en el estado actual de cosas, y que como rezan los pregones “por cada risa, hay diez lágrimas”. Para adquirir o replantear las lecciones sobre las formas equivocas de mirarnos tenemos ya muchas, saturadas y necesarias cargas de memoria y contextualización, pero hoy el asunto es de urgencia e implica reconocer, asumir, respaldar y promover las diversas y pesadas condiciones materiales de las existencias de ahora, ahora mismo. Respira.

 

Por: Gibran Mouarbes Giraldo. Director Laboratorio de Teatro Universitario LTU – UN. Mg (c) Escrituras Creativas – Dramaturgia UN. Psicologo- UN.

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