Sin referentes masculinos

“El patriarcado no solo hace daño a las mujeres, también nos lo hace a nosotros, sin distingo de nuestra orientación sexual, porque nos ha hecho creer que sólo existe una única manera de ser realmente hombres.”


 Si les pidieran tres nombres de personas que hoy representan algún tipo de masculinidad positiva en la vida pública, ¿qué responderían?

Esa pregunta se la hicieron a los participantes del documental Clonar a un hombre*, de Iván Roiz. La película, estrenada en 2020 y disponible en YouTube, reflexiona sobre qué significa ser un hombre, y cómo nosotros podemos (o debemos) empezar a desmontar la masculinidad hegemónica para contribuir al fin del patriarcado.

Me quedé pensándolo durante un rato, pero no supe qué contestar. En verdad no abundan los ejemplos, o no en la vida pública. Al interior de mi círculo social y familiar puedo reconocer a algunos hombres que se esmeran por pensarse y alejarse conscientemente del estereotipo del macho héroe, violento, racional, insensible, conquistador, individualista, misógino, homófobo y un largo etcétera; pero no veo que muchos hombres de la vida pública así lo hagan, ni siento que estemos conversando sobre ello lo suficiente. ¿Ustedes qué opinan?

Al contrario de lo que piensan muchos todavía, el feminismo no atañe solo a las mujeres, sino que ha sido un sistema de pensamiento, una filosofía, que nos ha llegado hasta el presente como herramienta para descubrir nuevas (o antiguas) formas de habitar con otros, más plenas y mucho más auténticas. Porque la coraza del hombre que no llora ni se expresa, o la de aquel que solo vive para proveer, hace tiempo que se nos quedó pequeña. Es tiempo de hacer amanecer: dejar de esperar que algo pase, para empezar a hacer que suceda.

El patriarcado no solo hace daño a las mujeres, también nos lo hace a nosotros, sin distingo de nuestra orientación sexual, porque nos ha hecho creer que sólo existe una única manera de ser realmente hombres. Por eso vengo preguntándome cuál es nuestra responsabilidad ante la falta de modelos positivos de masculinidad, y qué hemos hecho o qué estamos haciendo para contestar esa pregunta.

En la actualidad, un par de amigos y yo orientamos un círculo de palabra para hombres en el que invitamos a repensar la masculinidad para el bienestar individual y colectivo. Hace poco, allí nos preguntamos por quiénes fueron nuestros referentes masculinos en la infancia; la mayoría respondió que no tuvo, porque el padre –que en el imaginario social es la principal figura masculina al interior de la familia– no estuvo, o sólo lo hizo para ejercer dominio y violencia. Entonces nuestra propia imagen de lo masculino se construyó a partir de la música, el cine, el deporte o incluso las lecturas que hicimos a lo largo de nuestro crecimiento.

Así, la conversación giró en torno a algunos modelos que están instalados consciente o inconscientemente en el imaginario colectivo, como la figura del dios parricida que destrona al propio padre –también parricida– para quedarse con el trono y sus privilegios (el caso de Zeus en la mitología griega); o el héroe de las películas de acción, que solo erige su valor gracias a la fuerza bruta que ejerce contra sus enemigos; o el cantante mujeriego que se niega a exteriorizar su sufrimiento cuando vive en carne propia la infidelidad de su pareja, y se dice a sí mismo “si perdono, renuncio al derecho que tengo de vengarme”.

Hemos llegado a ser hombres a través de los anti-modelos. Sin embargo, esa conciencia de la falta de referentes positivos de masculinidad se puede convertir en una gran oportunidad para nosotros. Imaginar qué clase de hombres queremos ser junto a nuestros contemporáneos, o la clase de legado que queremos dejar a las generaciones posteriores, puede significar la construcción presente de figuras masculinas más acordes con nuestra sensibilidad. Este aparente extravío en el camino puede ser un punto de partida, si como hombres nos permitimos la audacia de la imaginación, el diálogo y el debate franco; no solo entre nosotros, sino también –y sobre todo– con las mujeres que nos rodean.

*El documental se puede ver aquí: https://www.youtube.com/watch?v=ks7EtXx6v5k

 

 

Juan Sebastián Rueda Peñaloza

Escritor y lector. Profesional en Estudios Literarios y Magíster en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia.

2 Comments

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  • Interesante este tema que planteas en tu columna, es complejo responder a tu pregunta. Parece ser que estamos sin referentes de masculinidades sanas. A veces, se cree que los referentes deben estar afuera, pero aen realidad los referentes deben surgir al interior del hogar, allí hay un trabajo importante por empezar gracias por mostrar una ruta a través de tu escrito. Espero tus próximas columnas

  • Se viene viviendo un juego a morir, donde *todos estamos contra todos*-creyendose algunos de raza, casta superior. Así las cosas: las identidades, diferentes unas de otras, DEBEN SER RESPETADAS. Sinembargo, se observa, desde mi opinión; la estructura de un extremismo violento, inspirado en un estructura de poder que nos fueron imponiendo las famosas” fronteras de la normalidad”, donde se señala,apuntan,disparan y desaparecen quienes no estamos dentro de rasgos arbitrariamente establecidos, sin permitirnos *Ser*,poniéndonos una lápida ante una sociedad inquisidora y me pregunto, y si lo que llaman normal y correcto, no lo es.
    Que locura esta sociedad, por ello es vital reencontrar las raíces, la genealogía de la naturaleza del SER individual con todas sus proezas y realizaciones, respetar esa individualidad y crecer en armonía, poder uno aprender, decidir, quizá coincidir sin tener un dictamen de patología sobre la identidad y así desarrollarnos en intentar ser felices con lo que somos y con lo que tenemos sin que los patriarcado o matriarcado que existen igual no se les nuble la razón entre el falso poder que creen ostentar y alcanzar el fin último de todo ser en esta geografía, es decir ensayar ser, vivir y partir siendo felices.