Mujeres para pensar Opinión

Si no puedo hablar de política mejor callar

El 19 de febrero leí que el senador colombiano Edward Rodrigez había lanzado un proyecto de ley para que los profesores de colegio fueran sancionados por “promover ideas políticas o realizar proselitismo a favor de alguna ideología”. La sola idea me aterró, aunque me hizo reír ¿cómo no va uno a hablar de política? No digo solo en un salón de clase, sino en general ¿ya no nos quedó claro que hasta comprar o no comprar una empanada en la calle es una decisión que parte de ideas políticas?

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Lo político es lo que nos vincula como sociedad, es discutir consensos y reglas generales. La política es la forma cómo, concretamente, estos consensos se llevan a cabo; sucede a veces en la cámara de representantes y otras veces al interior de los hogares cuando se distribuyen las tareas domésticas, pues como decían las feministas de los años sesenta “lo personal es político”.

No se puede dar una clase de historia, ni de español, ni de biología, ni de matemáticas sin tener posturas políticas. Quien diga lo contrario está haciendo algo todavía más grave: hablar de política sin tener consciencia de qué ideas está promoviendo (spoiler alert: probablemente sean las ideas dominantes, en cualquier otro caso ya se habría dado cuenta).

Por eso, en medio de esa discusión, me parece pertinente leer a Paulo Freire.

Freire fue el educador brasileño que fundó la pedagogía crítica, en la que plantea que enseñar es construir sociedad con el otro y que se deben discutir todos los asuntos que antañen de forma directa o indirecta al aula de clase. Así, en su alfabetización para adultos, propone que se aprenda a leer al mundo y a salir de la opresión para luego leer las palabras. En su libro “pedagogía del oprimido” sugiere que los estudiantes no escuchen pasivamente una narración, sino que se estimule su creatividad y su capacidad de discutir y dialogar. Por medio de una educación emancipadora, Freire cree que no solo se libera al oprimido sino también al opresor, cuya identidad y poder dependen del reconocimiento de sus inferiores.

La pedagogía de Freire pretende ser situada y activista, pues no tiene sentido que la escuela sea una institución aislada de la vida diaria y de los problemas sociales. Creer que discutir sobre política va a adoctrinar estudiantes es poner en duda sus capacidades críticas, además de no prepararlos para solucionar los líos que armó la generación de los maestros.

Si un partido está en contra de unas cartillas de educación sexual y propone como director del centro de memoria histórica a un hombre que niega el conflicto armado, podemos estar seguros de que sus integrantes tienen claro hasta qué punto toda decisión, lectura y aprendizaje es político. El afán que tienen por censurar otras ideas muestra que lo que tratan de evitar no es la política, es la discusión.