Resumen Económico de la Semana del 02 al 06 de Febrero de 2026

Resumen Ejecutivo

La semana del 02 al 06 de febrero de 2026 estuvo dominada por una recalibración del entorno macrofinanciero global, en un contexto de inflación más persistente, señales mixtas en actividad y empleo, y una lectura más exigente de los marcos de política monetaria y fiscal. Los mercados ajustaron primas por riesgo ante la evidencia de que el proceso de desinflación avanza con mayor lentitud y heterogeneidad entre economías.

En Estados Unidos, la resiliencia de la demanda y del mercado laboral mantuvo presión sobre la inflación de servicios, reforzando una postura cautelosa de la Reserva Federal y generando mayor volatilidad en renta variable y en la curva de Treasuries. En Europa, la política monetaria se mantuvo sin cambios, mientras el crecimiento siguió condicionado por ajustes sectoriales y un entorno fiscal más activo. Asia presentó una dinámica fragmentada, con China enfocada en la estabilidad externa y Japón avanzando en estímulos estratégicos.

En América Latina, el foco se desplazó hacia la sostenibilidad fiscal y la política monetaria. México enfrentó límites claros en su proceso de consolidación, mientras la agenda de inversión y energía volvió a ganar relevancia. Brasil combinó desaceleración gradual, inflación a la baja y una discusión estratégica sobre apertura comercial. En Colombia, el repunte inflacionario y el endurecimiento monetario elevaron el costo de financiamiento, profundizaron la diferenciación entre deuda nominal y UVR y acentuaron la cautela en los mercados locales.

En los mercados financieros, la renta variable mostró elevada dispersión sectorial, con ajustes concentrados en tecnología y mejor desempeño relativo en segmentos cíclicos. La renta fija reflejó mayores exigencias en tasas reales y una preferencia por instrumentos indexados a inflación. En divisas, el dólar se fortaleció globalmente, mientras el peso colombiano se apreció apoyado en el diferencial de tasas. En commodities, el petróleo cerró la semana a la baja pese al rebote final, los metales exhibieron alta volatilidad y los productos agrícolas ajustaron por factores de oferta.

De manera transversal, la semana reforzó una distinción clave para el análisis de mercado: en un entorno de condiciones financieras más exigentes, los activos con flujos, garantías o respaldo económico tienden a comportarse de forma más resiliente que aquellos cuya valoración depende principalmente de la liquidez y de la demanda marginal.

 

Estados Unidos

La primera semana completa de febrero dejó una lectura más exigente para la narrativa de aterrizaje suave que había dominado el cierre de 2025. La economía de Estados Unidos mantiene fortaleza en los agregados, pero con señales crecientes de reaceleración nominal que tensionan el proceso de desinflación y elevan la exigencia sobre la política monetaria.

Los indicadores de actividad continúan firmes. El mercado laboral no muestra un enfriamiento consistente: la creación de empleo se sostiene por encima del crecimiento de la fuerza laboral y la tasa de desempleo permanece cerca de mínimos cíclicos. Más relevante aún, la dinámica de salarios nominales sigue siendo elevada, especialmente en servicios, un componente históricamente más rígido y con mayor persistencia inflacionaria. Este patrón desplaza el foco desde los bienes —ya normalizados— hacia los servicios intensivos en mano de obra.

En materia de inflación, las lecturas recientes volvieron a sorprender al alza en los componentes subyacentes. La secuencia mensual refuerza la percepción de que la fase de desinflación más rápida quedó atrás y que el retorno al objetivo enfrenta fricciones estructurales. La combinación de demanda interna resiliente, salarios firmes y condiciones financieras menos restrictivas que a mediados de 2025 mantiene elevada la presión inflacionaria de fondo.

La Reserva Federal mantuvo una comunicación cautelosa, evitando validar expectativas de recortes inminentes. El énfasis continúa en la dependencia estricta de los datos y en la necesidad de observar señales claras y sostenidas de convergencia inflacionaria. El debate institucional sobre el sesgo futuro de la Fed ha reforzado una función de reacción más exigente, con menor tolerancia a episodios de reaceleración de precios.

En los mercados financieros, la respuesta fue consistente con este entorno. Los rendimientos de los Treasuries repuntaron en los tramos medio y largo de la curva, reflejando una recomposición de las primas por inflación y por plazo. La curva se mantiene invertida, con un tramo corto anclado en tasas elevadas y sin validación de recortes agresivos. En renta variable, el desempeño fue heterogéneo: mayor volatilidad en sectores sensibles a tasas y mejor comportamiento relativo en compañías con poder de fijación de precios y estructuras financieras sólidas.

El dólar volvió a apreciarse frente a las principales monedas, apoyado en el diferencial de tasas reales y en su rol defensivo dentro del sistema financiero global. Este movimiento incide sobre las condiciones financieras externas, particularmente en economías con mayor dependencia de flujos de capital.

 

Europa

La Eurozona continúa transitando una fase de ajuste estructural marcada por contrastes sectoriales y un entorno macro más estable que el observado en 2023–2024, pero lejos de ser homogéneo. El sector automotriz concentra buena parte de las tensiones, especialmente por la transición hacia la movilidad eléctrica, cuyos costos de adaptación se estiman en torno a EUR 26.000 millones. Este esfuerzo de capital presiona márgenes, reconfigura cadenas de valor y condiciona el crecimiento industrial, particularmente en economías con alta exposición manufacturera como Alemania.

Al mismo tiempo, otros segmentos muestran mayor capacidad de absorción del ciclo. Sectores regulados, proyectos de infraestructura y el despliegue de gasto público asociado a defensa y transición energética actúan como amortiguadores del crecimiento regional. Esta heterogeneidad se refleja en un PIB que mantiene resiliencia agregada, pero con una composición más dependiente de inversión pública y sectores menos cíclicos.

La inflación en la Eurozona continuó moderándose en enero, con el índice general descendiendo al 1,7% interanual y la inflación núcleo al 2,2%, impulsada por una desaceleración clara de los servicios. La energía volvió a aportar una contribución negativa, mientras que los bienes industriales permanecen en niveles de inflación contenidos. Estos movimientos se produjeron en un contexto de ajustes metodológicos y nuevos pesos en la cesta del índice armonizado, con efectos marginales sobre la cifra agregada.

En este marco, el Banco Central Europeo (BCE) mantuvo sin cambios su política monetaria, con el tipo de depósito en 2,00%, el refi en 2,15% y la facilidad marginal de crédito en 2,40%. La decisión fue unánime y reafirmó un enfoque estrictamente dependiente de los datos, sin compromisos explícitos sobre una senda futura de tipos. La presidenta Christine Lagarde insistió en que la institución no puede reaccionar a un solo dato y que lo relevante sigue siendo la dinámica subyacente de inflación y las perspectivas de medio plazo.

El BCE reconoce una economía que mantiene resiliencia, apoyada en un mercado laboral aún sólido, una situación financiera relativamente sana de empresas y hogares, y un repunte significativo de la inversión privada, en particular en el sector TIC, no solo ligada directamente a la inteligencia artificial, sino también a la infraestructura y el software asociados. En materia cambiaria, la apreciación del euro fue objeto de discusión, aunque el banco considera que su impacto desinflacionista ya está incorporado en sus proyecciones y que la moneda se ha movido dentro de un rango estable desde mediados de 2025.

Los datos de producción industrial continúan evidenciando debilidad en el núcleo manufacturero europeo. En Alemania, la producción industrial cayó un 1,9% mensual en diciembre y un 0,6% interanual, afectada por descensos pronunciados en maquinaria, automoción y bienes de equipo. En el conjunto de 2025, el output industrial alemán se contrajo un 1,1%, confirmando las dificultades estructurales del sector. En España, la producción industrial también retrocedió en diciembre, con una caída mensual del 2,5% y un descenso interanual del 0,3%, destacándose la debilidad en bienes de consumo duradero, intermedios y de equipo, parcialmente compensada por el repunte del sector energético.

El sector exterior ofrece señales más mixtas. Alemania registró en diciembre un repunte notable de las exportaciones(+4,0% mensual), superando ampliamente el crecimiento de las importaciones, lo que elevó el superávit comercial mensual a EUR 17.100 millones. En el agregado de 2025, las exportaciones crecieron un 1,0%, mientras que las importaciones aumentaron un 4,4%, manteniendo un superávit elevado en términos históricos. En Francia, el comercio exterior mostró mayor fragilidad: el déficit comercial mensual se amplió hasta EUR 4.800 millones en diciembre, aunque en el conjunto del año el déficit se redujo frente a 2024, apoyado en un mejor desempeño exportador y una contención relativa de las importaciones.

El Reino Unido presentó una dinámica diferenciada. El mercado inmobiliario sorprendió al alza en enero de 2026, con un crecimiento interanual de precios del 1% y un precio promedio récord de GBP 300.077, reflejando un consumo interno aún sostenido por el empleo. El Banco de Inglaterra (BoE) mantuvo su tipo de referencia en 3,75%, en una decisión ajustada, con una votación dividida que evidenció un sesgo más flexible que en reuniones previas. Las proyecciones revisadas muestran inflación convergiendo al objetivo del 2% hacia la primavera, con una moderación del crecimiento salarial esperada para 2026.

En el resto de Europa, los bancos centrales de Noruega y Suecia mantuvieron sus tipos sin cambios, en niveles de 4,0% y 1,75%, respectivamente. Ambos reconocen una desaceleración progresiva de la inflación, pero mantienen una postura cautelosa ante la persistencia de presiones subyacentes y la incertidumbre global, con los mercados descontando estabilidad prolongada antes de eventuales ajustes.

A nivel institucional, el BCE intensificó su mensaje hacia los gobiernos europeos, subrayando la necesidad de avanzar en una unión del ahorro y la inversión, la profundización del mercado único, el desarrollo del euro digital y la creación de un activo seguro europeo común. Estas iniciativas buscan reducir la fragmentación financiera y reforzar la competitividad del bloque en un entorno global cada vez más polarizado, marcado por la competencia estratégica con Estados Unidos y China.

 

Asia

En China, el tono externo mostró señales de mayor pragmatismo frente a Estados Unidos, aunque la economía doméstica sigue enviando mensajes más frágiles. El consumo interno no termina de recuperar tracción: la desaceleración en ventas del sector automotriz y el encarecimiento de materias primas reintroducen presión sobre márgenes y sobre la sensibilidad del gasto de los hogares. En este contexto, el PBoC continúa manejando con cautela la fijación de la paridad cambiaria, utilizando la señal diaria como herramienta para contener episodios de volatilidad importada y evitar que el frente externo condicione de forma desordenada las condiciones financieras internas.

La semana también reforzó el giro geoeconómico de Asia hacia acuerdos que funcionan como red de protección frente a un escenario comercial más áspero. China y Sudáfrica firmaron un acuerdo marco para negociar un tratado que buscaría otorgar acceso sin aranceles a ciertos productos sudafricanos, con énfasis en bienes agrícolas como frutas, mientras China obtendría un terreno más favorable para inversión. El telón de fondo es explícito: los aranceles estadounidenses aplicados a productos sudafricanos han acelerado la búsqueda de alternativas y han empujado a Pretoria a diversificar anclas comerciales y financieras, en un momento en que la presencia china en África ya es estructural, especialmente en minerales críticos y cadenas asociadas a la transición tecnológica.

En el frente financiero chino, las reservas de divisas aumentaron en enero hasta USD 3,3991 billones, en un mes influido por movimientos del dólar y por el comportamiento de los precios de activos globales. El aumento refleja tanto efectos de valuación como una estrategia de estabilidad que busca sostener amortiguadores en un entorno de mayor fragmentación comercial y tecnológica.

El canal europeo-asiático aportó otra señal de interdependencia persistente. China habría recuperado en 2025 el puesto como principal socio comercial de Alemania, en un año en el que el comercio alemán con Estados Unidos se debilitó. La cifra no solo habla de flujos comerciales; sugiere continuidad de la estrategia empresarial alemana de “en China, para China”, con inversión en capacidad productiva, investigación y desarrollo y adaptación tecnológica dentro del mercado chino, particularmente en automoción e ingeniería. La idea dominante es que, aun con diversificación de riesgos, la relación industrial no se desarma rápidamente cuando está anclada en décadas de integración productiva y escala de mercado.

En Japón, el panorama combinó impulso fiscal y fragilidad del consumo. El gobierno avanzó con un paquete de estímulo de ¥21,3 billones para mitigar el costo de vida, mientras las reservas internacionales alcanzaron USD 1,39 billones. Aun así, el consumo de los hogares registró una contracción interanual de 2,6%, una señal que obliga a leer la recuperación como dependiente de la normalización industrial y de la trayectoria del PIB del 4T25, en un entorno donde la inflación y el endurecimiento de las condiciones financieras siguen delimitando el margen.

El capítulo de minerales críticos volvió a ocupar un lugar central en la seguridad económica japonesa. Japón logró extraer lodo con tierras raras a 6.000 metros de profundidad cerca de Minamitorishima, un avance técnico que apunta a reducir vulnerabilidades en una cadena dominada por China. La narrativa es doble: por un lado, capacidad tecnológica y estrategia industrial; por el otro, costos, logística y viabilidad de escalamiento, con planes de pruebas de extracción más intensiva hacia 2027. En ese contexto, el suministro desde China mostró señales de normalización parcial en licencias para exportar tierras raras a Japón, aunque con fricciones operativas en aduanas, lo que mantiene la sensación de dependencia administrada más que de estabilidad plena.

En India, el RBI mantuvo la tasa en 5,25%, con un cuadro de tasas reales positivas que deja espacio para ajustes a lo largo de 2026 si la inflación se mantiene contenida. El trasfondo sigue siendo de crecimiento dinámico apoyado en demanda interna e inversión, mientras la política comercial muestra pragmatismo vía acuerdos y revisiones arancelarias que reducen fricciones externas sin alterar el eje procrecimiento.

México y Brasil

En México, la discusión macroeconómica volvió a concentrarse en el frente fiscal, donde la trayectoria de consolidación muestra avances graduales, pero insuficientes para alterar de forma estructural el perfil de endeudamiento. Estimaciones de Finamex Casa de Bolsa ubican el déficit fiscal de 2025 en 4,8% del PIB, con una reducción marginal hacia 4,7% en 2026, en un contexto marcado por la rigidez del gasto en programas socialespensiones y costo financiero. La corrección observada frente al 5,8% registrado previamente permitió aliviar presiones inmediatas y abrir espacio de financiamiento al sector privado, favorecido además por un entorno de mayor apetito por activos emergentes durante 2025.

Ese ajuste, sin embargo, no altera los desafíos de fondo. La estructura fiscal mexicana sigue mostrando una elevada dependencia de ingresos no recurrentes y un margen limitado para recortes adicionales sin afectar componentes políticamente sensibles del gasto. Bajo esta lectura, la estabilización del déficit proyectada para 2026–2027, en niveles cercanos a 4,6%–4,7% del PIB, refleja más una gestión de continuidad que un cambio de régimen fiscal.

Desde la óptica de inversión, el Plan de Infraestructura anunciado por 5,6 billones de pesos busca reactivar la participación privada, aunque persisten dudas sobre su capacidad de atraer capital de gran escala, especialmente en sectores intensivos en energía. La clave no está únicamente en el volumen anunciado, sino en la velocidad de ejecución, la claridad regulatoria y el diseño de esquemas mixtos que alineen incentivos públicos y privados. En este punto, la credibilidad fiscal emerge como variable crítica para reactivar flujos de inversión en el corto plazo.

La revisión del T-MEC añade otra capa de complejidad. Los cambios propuestos en reglas de origen apuntan a elevar el contenido regional y reducir la dependencia de insumos asiáticos, lo que exige atraer industrias de procesos base hoy ausentes en el país, desde acero especializado hasta fibras sintéticas y plásticos avanzados. Este proceso traslada inevitablemente la discusión hacia el sector energético, dado el elevado consumo requerido por estas actividades. La relocalización industrial, bajo estas condiciones, queda estrechamente vinculada a la capacidad de México para modernizar su marco energético y garantizar suministro competitivo y confiable.

En el plano monetario, el Banco de México (Banxico) mantuvo la tasa de referencia en 7,0%, en línea con las expectativas, pero revisó al alza sus proyecciones de inflación. La convergencia hacia la meta de 3% se desplazó ahora hacia la primera mitad de 2027, reflejando una mayor persistencia en la inflación subyacente, presiones de costos, episodios de depreciación cambiaria y riesgos asociados a disrupciones geopolíticas y comerciales. Para 2026, Banxico proyecta una inflación de 3,5%, con ajustes significativos al alza en la trayectoria trimestral, particularmente en servicios.

Brasil, por su parte, enfrenta un escenario de desaceleración controlada, con una proyección oficial de crecimiento de 2,3% en 2026, similar a la estimada para 2025, pero inferior a los registros de 2024. El enfriamiento responde al impacto acumulado de una política monetaria restrictiva —con tasas que alcanzaron máximos de dos décadas— y a una moderación en el sector agropecuario tras una cosecha excepcional. La expansión prevista descansa en una mayor contribución de la industria, impulsada por la minería, y de los servicios, apoyados en la expectativa de una flexibilización gradual de las condiciones monetarias.

La inflación brasileña muestra una trayectoria descendente, con una proyección de 3,6% para 2026, aún por encima del objetivo oficial, pero beneficiada por un exceso de oferta global de bienes, la moderación en combustibles y los efectos rezagados de la política monetaria. Persisten presiones moderadas en alimentos, un componente relevante para la sensibilidad social y política.

En el frente fiscal, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva destaca una mejora relativa en los resultados primarios frente a ciclos anteriores. El déficit primario del Gobierno central se ubicó en 0,48% del PIB en 2025, con una proyección de 0,17% para 2026 tras ajustes legales, aunque el objetivo formal sigue siendo alcanzar un superávit. El énfasis oficial está puesto en la sostenibilidad intertemporal más que en una corrección abrupta, aun cuando la deuda pública continúa en aumento.

A nivel estratégico, Brasil empezó a mostrar mayor apertura hacia un acuerdo comercial parcial entre Mercosur y China, un giro relevante frente a la cautela histórica por el impacto de las importaciones chinas sobre la industria local. El cambio se inscribe en un entorno global más fragmentado, donde las políticas comerciales de Estados Unidos han incentivado a economías emergentes a diversificar socios y a explorar esquemas flexibles, incluso limitados a líneas arancelarias específicas o barreras no arancelarias. El avance de este proceso depende, no obstante, del consenso interno del Mercosur, con Argentina y Paraguay introduciendo condicionantes políticos y diplomáticos adicionales.

 

Colombia

El arranque de febrero dejó una combinación exigente de fiscalinflación y confianza, con efectos directos sobre el costo de financiamiento soberano y la capacidad de la economía para sostener crecimiento sin reavivar presiones de precios. En el frente de deuda, el director de Crédito Público del Ministerio de HaciendaJavier Cuéllar, presentó una versión preliminar del plan de Fuentes y Usos 2026 y anticipó que el Plan Financiero sería llevado a aprobación del Confis en los siguientes días. En su mensaje, enfatizó el valor de la caja y la gestión de liquidez del Tesoro, junto con una estrategia de diversificación de monedas en las emisiones, al tiempo que negó monetizaciones recientes en el mercado cambiario y señaló un aumento relevante de los saldos en dólares del Gobierno como amortiguador de volatilidad.

La percepción de riesgo doméstico se deterioró de manera visible. El IPEC de Fedesarrollo alcanzó 389 puntos en enero, un registro que sugiere un salto fuerte de la incertidumbre política y económica en términos históricos, con impacto sobre decisiones de inversión, horizontes de planificación y primas de riesgo. Esta sensibilidad se refleja tanto en el lenguaje de los agentes como en el comportamiento de los mercados locales, donde la incertidumbre se traduce en costos de cobertura más altos y mayor exigencia de retorno.

El eje central volvió a ser la inflación y, sobre todo, el proceso de desanclaje de expectativas. El DANE reportó para enero un aumento mensual del IPC de 1,8%, llevando la inflación anual a 5,35% desde 5,1%. El dato reabrió el debate sobre la transmisión del incremento del salario mínimo a precios, particularmente en servicios y rubros intensivos en mano de obra, con una discusión pública marcada por tensiones entre el diagnóstico técnico y la narrativa política. Dentro del mercado, varios analistas insistieron en que enero no necesariamente captura el efecto pleno del ajuste salarial, que tiende a filtrarse con mayor claridad en lecturas posteriores por indexación, renegociación de contratos y costos operativos de comercio y servicios.

Ese telón de fondo explica el tono del Banco de la República. En su Informe de Política Monetaria de enero de 2026, el equipo técnico advirtió que la inflación dejó de descender durante 2025 y se mantuvo por encima de la meta del 3%, en un contexto de demanda interna firme, empleo elevado y presiones de costos, con especial énfasis en choques laborales. El documento elevó la proyección de inflación para 2026 hacia 6,3%, con una convergencia más lenta hacia la meta en los años siguientes. El informe precisó que la estimación del impacto del salario mínimo, cuantificada alrededor de 200 puntos básicos, debe leerse como contribución al nivel de inflación esperado, no como un traslado mecánico.

En la misma línea, el gerente Leonardo Villar sostuvo que el incremento de 100 puntos básicos en enero, que llevó la tasa de política a 10,25%, podría resultar insuficiente si las expectativas no corrigen. La señal del Emisor es relevante porque conecta tres frentes: expectativas de inflación, credibilidad del esquema de meta y la interacción con el riesgo fiscal, con un canal directo hacia el mercado de TES. El propio banco ha reconocido que el endurecimiento monetario, sumado a primas de riesgo más altas, se ha reflejado en un aumento del costo de financiamiento público del orden de 200 puntos básicos, un ajuste que incide sobre la dinámica del servicio de deuda y limita el espacio fiscal.

En mercado primario, el Ministerio de Hacienda colocó $450.000 millones en TES UVR con vencimientos entre 2031 y 2062, con demanda que superó ampliamente el monto inicialmente convocado y activó sobre-adjudicación. Las tasas de corte alrededor de 6,25% real en distintos nodos de la curva UVR confirman que el apetito existe, pero a precios que incorporan inflación persistente y prima de duración. Al mismo tiempo, el debate sobre estrategia de financiamiento se intensificó con lecturas que subrayan el peso del refinanciamiento y la dependencia creciente de fondeo externo, en un momento donde el mercado exige señales de consistencia entre plan financiero, senda de déficit y capacidad de recaudo.

Los indicadores de precios al productor agregaron un matiz importante. El IPP mostró un comportamiento mixto: en términos mensuales registró aumento en la oferta interna impulsado por agricultura, mientras en la comparación anual cayó -1,98%, afectado por la contracción de precios en minería y combustibles. Esta divergencia sugiere que las presiones de inflación al consumidor no están viniendo principalmente por bienes transables industriales, sino por servicios, costos internos y mecanismos de indexación, con alimentos aportando episodios de volatilidad.

La discusión laboral y empresarial se volvió más explícita. Un sondeo de Fenalco reportó que una proporción alta de empresarios anticipa ajustes de empleo en 2026 ante el aumento del salario mínimo, la reforma laboral y la reducción de jornada, con respuestas que incluyen aumentos de precios, automatización y contención de contrataciones. Este tipo de señales importa porque conecta el choque de costos con decisiones microeconómicas que afectan informalidad, productividad y composición del empleo, justo cuando el mercado laboral venía mostrando fortaleza, pero con una informalidad elevada.

En el sector externo, los datos de 2025 mostraron un mejor desempeño exportador en varias regiones, con un avance marcado de exportaciones no minero-energéticas y un crecimiento importante en departamentos como Antioquia, mientras el Caribe acusó la caída del carbón. El país superó el umbral de US$50.000 millones en exportaciones y se mantiene el desafío de elevar la escala exportadora, especialmente en manufacturas y agroindustria con valor agregado. La agenda comercial vuelve a ser relevante por el contexto regional: una misión oficial viajaría a Ecuador para buscar salidas a la crisis arancelaria, un episodio que pone de relieve la fragilidad de la integración comercial cuando se combina con choques políticos y restricciones sectoriales.

La coyuntura también estuvo atravesada por el frente climático y fiscal de corto plazo. El Gobierno anunció una nueva declaratoria de emergencia económica por ola invernal en Córdoba y Sucre, con impactos humanitarios y potenciales implicaciones presupuestales. En vivienda, el anuncio del Fondo Nacional del Ahorro de estructurar un programa de financiación de hasta 100% del valor de la vivienda desde el segundo semestre de 2026 introduce un cambio relevante en las condiciones de acceso al crédito hipotecario, con efectos potenciales sobre demanda, originación y riesgos de cartera que dependerán de criterios de elegibilidad y de la evolución del ingreso disponible en un entorno de tasas altas.

 

Renta variable

Las bolsas atravesaron una semana intensa, típica de temporada de resultados: el castigo no fue generalizado, sino concentrado en segmentos específicos donde el mercado percibe una disrupción más inmediata. El foco estuvo en tecnología y, con mayor precisión, en software, donde reapareció una narrativa de “ganadores y perdedores” asociada a la aceleración de herramientas de inteligencia artificial. La reacción no obedeció únicamente a utilidades; también reflejó un ajuste de múltiplos en compañías cuyo crecimiento estaba siendo capitalizado como si fuera lineal, en un momento en que la visibilidad sobre márgenes y ventaja competitiva se volvió más frágil.

En Estados Unidos, el balance semanal fue mixto y con volatilidad elevada. El movimiento clave fue la corrección inicial concentrada en growth/tecnología, seguida por un giro brusco hacia apetito por riesgo al cierre de la semana, apalancado en el rebote de Big Tech y semiconductores. Con esa secuencia, el S&P 500 terminó en 6.932,30 con una variación semanal de -0,1%, el Dow Jones cerró en 50.115,67 con +2,5%, y el Nasdaq Composite finalizó en 23.031,21 con -1,8%. La rotación se hizo visible en el comportamiento relativo: mientras el mercado reducía exposición a valoraciones largas en tecnología, el Dow se benefició de una preferencia más marcada por acciones cíclicas y de perfil más defensivo frente a tasas.

La secuencia intrasemanal fue nítida. Entre el 3 y 4 de febrero dominó un ajuste de sentimiento en tecnología por dudas de valoración y por la lectura de disrupción competitiva vinculada a nuevos desarrollos en IA. El 5 de febrero tomó fuerza un tono más adverso al riesgo con señales laborales percibidas como más débiles y una continuidad de la rotación fuera de tecnología, con Bitcoin aportando ruido adicional en el margen. El 6 de febrero, el repunte en chips ligados al ciclo de IA —con nombres emblemáticos como Nvidia y Broadcom— reactivó compras amplias, amplificadas por la ponderación de tecnología y semiconductores dentro de los índices.

En el frente corporativo estadounidense, el mercado castigó señales de intensificación del ciclo de inversión. Amazon retrocedió con fuerza tras anunciar un aumento significativo de capex, reforzando la idea de que la carrera por capacidad, infraestructura y cómputo se traducirá en presión de caja y disciplina de gasto más exigente para varios actores del sector. En contraste, algunas mega-cap recuperaron tracción después de varios días de ventas pronunciadas, favoreciendo el rebote táctico del apetito por riesgo hacia el cierre de la semana.

En Europa, los índices lograron avanzar, pero con dispersiones sectoriales considerables. El caso más ilustrativo fue Stellantis, que registró una caída histórica tras comunicar costos extraordinarios asociados al abandono o reconfiguración de su estrategia de vehículos eléctricos, con un impacto estimado de EUR 22.000 millones (aprox. USD 26.000 millones). El episodio funcionó como recordatorio de que la transición energética, más que una narrativa lineal, está siendo una secuencia de decisiones de capital costosas, ajustes de portafolio y presión sobre la rentabilidad, particularmente en un entorno de competencia, aranceles y sensibilidad a costos. En la misma línea de ajuste severo, Volvo Cars reflejó presiones por guerra de precios, aranceles, tipo de cambio y ausencia de dividendos, en un movimiento que varios intermediarios acompañaron con recortes de recomendación y objetivos.

También hubo señales relevantes desde el sector de materias primas en Europa. El mercado puso atención en Glencore y su decisión de abandonar planes de fusión con Rio Tinto, un hecho que reorienta la discusión hacia retornos, disciplina de capital y el valor estratégico de activos vinculados a metales y minerales en un entorno de fragmentación geoeconómica.

En Asia, el tono fue mixto: debilidad en Hang Seng y Shanghai, con avances en Nikkei 225 y Nifty 50. La divergencia refuerza la lectura de que la región está siendo guiada más por factores idiosincráticos —moneda, política industrial, sensibilidad a tasas y composición sectorial— que por un solo impulso global.

En Colombia, el comportamiento fue más pesado. El COLCAP cerró la semana en 2.370,10, con una caída de 4,2%, influido por el repricing de tasas después del ajuste de política monetaria del Banco de la República hacia 10,25%, que elevó la tasa de descuento y golpeó el sentimiento en sectores sensibles a tasas y en el componente financiero. En el mercado local hubo desarrollos corporativos relevantes: el Grupo Energía Bogotá (GEB) avanzó en un acuerdo para formación de liquidez con un actor del mercado buscando mayor transaccionalidad; Mineros comunicó objetivos operativos asociados a producción y rentabilidad en un contexto de precio del oro favorable; Enka llevó a su junta una distribución de utilidades orientada a reservas, incluyendo una destinada a readquisición de acciones. En negociación, destacaron montos altos en especies financieras y en Ecopetrol, con movimientos diarios que mostraron un mercado selectivo y reactivo más a tasas y expectativas que a catalizadores micro aislados.

La semana dejó una señal clara sobre el régimen de mercado: la temporada de resultados no está siendo un simple ejercicio de “beats and misses”, sino un mecanismo de selección donde el mercado premia visibilidad de márgenes y castiga modelos con riesgo de disrupción tecnológica, con una sensibilidad elevada a la trayectoria de tasas y a cualquier dato que pueda reordenar el precio del riesgo.

 

Renta fija

El cierre semanal mostró una dinámica divergente en el mercado local. Los TES tasa fija registraron una desvalorización marcada —alza de tasas—, mientras los TES UVR se valorizaron —caída de tasas—, reflejando el reajuste de expectativas tras el giro más restrictivo de la política monetaria y una mayor demanda de cobertura inflacionaria. La curva TES tasa fija se desplazó al alza en promedio +37 pb, con un aplanamiento evidente: el tramo corto lideró el ajuste por su mayor sensibilidad a la trayectoria inmediata de tasas, mientras los tramos medio y largo corrigieron en menor magnitud.

El movimiento incorporó un mensaje más restrictivo del Banco de la República tras el incremento de 100 pb que llevó la tasa de política a 10,25%, reforzado por minutas y declaraciones de miembros de la Junta que sugieren la posibilidad de nuevos ajustes si las expectativas inflacionarias no ceden. En ese contexto, el TES Ago-2026 concentró el mayor ajuste, con un aumento cercano a +88 pb.

En contraste, los TES UVR mostraron una valorización promedio de 8 pb y un empinamiento de la curva, consistente con una preferencia creciente por deuda indexada ante expectativas de inflación más elevadas para 2026. El repunte de las inflaciones implícitas y una demanda local más firme, especialmente en la parte corta, impulsaron el desempeño, destacándose el UVR Mar-2027 con una caída de -27 pb en su rendimiento.

En LatAm, los rendimientos retrocedieron en Chile (5,32%) y México (8,87%), mientras Brasil se mantuvo estable cerca de 13,45% con una Selic en 15% y persistencia de ruido fiscal.

En el mercado internacional, los Treasuries enfrentaron catalizadores mixtos que terminaron inclinando el balance hacia compras de duración. Al inicio de la semana, el ISM manufacturero sorprendió al alza (52,6) y el ISM de servicios se mantuvo en terreno expansivo (53,8), reforzando la lectura de resiliencia. Posteriormente, tomaron protagonismo señales de enfriamiento laboral: el reporte ADP mostró solo 22 mil empleos, las solicitudes iniciales de desempleo subieron a 231 milChallenger evidenció anuncios elevados de despidos y JOLTS cayó a 6,54 millones de vacantes, el nivel más bajo desde septiembre de 2020. Este conjunto de datos favoreció una valorización promedio cercana a 3 pb en la semana y elevó las apuestas a recortes de la Fed, incluso desde marzo. Aun así, hacia el cierre, el Treasury a 10 años repuntó 4 pb hasta 4,20%, tras tocar un mínimo mensual de 4,156%, dejando la curva aplanada en 71 pb.

En Europa, el BCE mantuvo sin cambios su tasa de política, con la tasa de depósito en 2%, reiterando que la postura es consistente con la convergencia de la inflación hacia la meta del 2% en los próximos dos años. El mercado de deuda europea permaneció presionado: el bono alemán a 30 años subió hasta 3,56%, su nivel más alto desde 2011, impulsado por la aceleración de la inflación en Alemania (2,1% en enero) y por expectativas de una política fiscal más expansiva. En el tramo a 10 años, el Bund se ubicó cerca de 2,82%; el OAT francés descendió por debajo de 3,45% tras la aprobación de un presupuesto con déficit del 5% del PIB; el BTP italiano cayó por debajo de 3,5% con inflación local en 1,0%; y el bono de España se mantuvo alrededor de 3,22%. En Reino Unido, los gilts bajaron a 4,55% luego de que el Banco de Inglaterra mantuviera la tasa en 3,75%, mostrando un sesgo más flexible reflejado en la votación.

En China, el rendimiento del bono a 10 años descendió hasta 1,80%, apoyado por señales mixtas en los PMI, una demanda de refugio más marcada y inyecciones de liquidez del PBoC.

En LatAm, los rendimientos retrocedieron en Chile (5,32%) y México (8,87%), mientras Brasil se mantuvo estable cerca de 13,45% con una Selic en 15% y persistencia de ruido fiscal.

 

Divisas

El mercado cambiario cerró la semana con un balance mixto. El dólar global se fortaleció —el DXY avanzó 0,6% hasta 97,61—, mientras varias monedas lograron sostenerse o recuperar terreno apoyadas en catalizadores propios y en cambios puntuales del apetito por riesgo. La fortaleza del billete verde respondió tanto a flujos defensivos en episodios de corrección de activos de riesgo como a la revaluación del escenario de política monetaria en EE. UU., en un contexto de señales menos proclives a recortes agresivos, moderadas por datos laborales más débiles que limitaron un impulso direccional claro.

En Colombia, el COP registró una valorización semanal de 1%, cerrando alrededor de 3.656. El principal soporte provino del repricing de la política monetaria local tras el aumento de tasas del Banco de la República por encima de lo esperado y de la expectativa de un sesgo más contractivo hacia adelante, factores que reforzaron el atractivo del carry. Ese respaldo convivió con episodios de volatilidad: comentarios de Crédito Público sobre compras significativas de USD —cubiertas mediante NDF— elevaron transitoriamente la percepción de demanda oficial de divisas. Hacia el cierre, el repunte del Brent contribuyó a consolidar un resultado favorable.

En el G-10, el tono estuvo dominado por dos narrativas. La primera fue un impulso de apetito por riesgo asociado a iniciativas de la Unión Europea orientadas a reducir la dependencia de minerales críticos de China, lo que mejoró el sentimiento sobre cadenas de suministro y geopolítica comercial, favoreciendo varios cruces industriales. La segunda fue el respaldo intermitente al dólar por la resiliencia de la actividad estadounidense —con el ISM de servicios en expansión—, que presionó de forma puntual a algunas divisas.

Dentro del G-10 destacaron historias idiosincráticas. El dólar australiano (AUD) se apreció +0,8% semanal, apoyado por la decisión del Banco Central de Australia de subir tasas en 15 pb hasta 3,85%, ampliando diferenciales de rendimiento. El yen japonés (JPY) fue el rezagado, con una depreciación cercana a 1,5% semanal, influida por señales políticas favorables a una moneda más débil y por el posicionamiento previo a elecciones parlamentarias, donde el mercado anticipa continuidad de políticas.

El dólar estadounidense se mantuvo cerca de máximos de dos semanas, respaldado por su rol de activo refugio en un entorno de corrección abrupta en activos de riesgo y un proceso de desarme de posiciones apalancadas ligado al ajuste en valuaciones asociadas a la narrativa de IA. Aunque moderó marginalmente su avance hacia el cierre de la semana, acumuló una ganancia relevante apoyada en flujos defensivos y en la lectura de una Fed menos inclinada a recortes rápidos. Al mismo tiempo, la debilidad de algunos indicadores laborales introdujo un contrapeso que mantuvo al dólar firme, sin trazar una tendencia unívoca.

 

Commodities

El complejo de energía cerró la semana con un sesgo negativo, pese a un rebote hacia el final. El WTI retrocedió -2,6% en siete días y el Brent -3,9%, finalizando en USD 63,51 y USD 67,94 por barril, respectivamente. El repunte de cierre estuvo asociado a expectativas iniciales favorables en las conversaciones EE. UU.–Irán, calificadas como un “buen comienzo”, lo que reactivó la prima geopolítica. Aun así, el movimiento no logró revertir el balance semanal. El mercado continúa navegando una zona de alta volatilidad, con precios sensibles a titulares diplomáticos desde Oriente Próximo. Las negociaciones en Omán generaron una reacción inicial a la baja por la expectativa de distensión, pero el escepticismo persiste ante diferencias sustantivas: Teherán prioriza el dossier nuclear, mientras Washington enfatiza misiles balísticos e influencia regional. Cualquier ruptura del diálogo podría reactivar de forma inmediata la prima de riesgo, especialmente tras incidentes recientes que recuerdan la fragilidad del entorno.

En metales preciosos, el comportamiento fue dispar y volátil. El oro avanzó +1,1% hasta USD 4.950, apoyado por episodios de aversión al riesgo en renta variable —con especial énfasis en tecnología— que elevaron la demanda por refugio. La plata mostró un desempeño muy débil, con una caída de -9,2% hasta 77,3, reflejando la rapidez con la que cambió el apetito por riesgo y el ajuste de posiciones especulativas. Más allá de la volatilidad intradía, los fundamentales del oro se mantienen favorables: compras de bancos centrales, riesgos geopolíticos persistentes y demanda estructural de activos refugio.

En metales industriales, el cobre retrocedió levemente (-0,7% hasta 588,1), aunque se mantuvo relativamente sostenido por un “supply-risk bid” asociado al conflicto laboral en Chile (Mantoverde/Capstone), con huelga y operación parcial. En Londres, la tonelada se estabilizó alrededor de USD 12.900. En el frente corporativo minero, Rio Tinto y Glencore dieron por terminadas sus conversaciones de fusión; Glencore consideró que las condiciones propuestas infravaloraban sus activos de cobre, dejando sin efecto una operación que habría creado el mayor grupo minero del mundo.

En productos agrícolas, el café registró una corrección pronunciada: los futuros de arábica y robusta cayeron cerca de 10% en la semana, en respuesta a una oferta global holgada y a la expectativa de cosecha récord en Brasil.

 

Bitcoin: liquidez, formación de precios y ausencia de ancla económica

Desde una perspectiva estrictamente financiera, el comportamiento reciente de Bitcoin no constituye una anomalía ni requiere interpretaciones ad hoc. Se trata de un ajuste consistente con un activo cuya valoración depende de manera casi exclusiva de las condiciones de liquidez y de la demanda marginal, sin un ancla económica que permita estabilizar el precio cuando el entorno financiero se vuelve más restrictivo.

A diferencia de los activos productivos o defensivos, Bitcoin no genera flujos de caja, no incorpora productividad, no ofrece derechos económicos exigibles ni descansa sobre un activo subyacente que permita construir una valoración fundamental. En consecuencia, su precio no se determina por descuento de flujos, primas de riesgo o valor de reposición, sino por dinámicas de oferta y demanda en un contexto financiero dado. Cuando la liquidez es abundante y el apetito por riesgo elevado, la elasticidad del precio es positiva; cuando esas condiciones se revierten, el ajuste es rápido y profundo.

El mercado suele atribuir estos episodios a factores coyunturales: liquidaciones de posiciones apalancadas, salidas de productos cotizados, ventas de grandes tenedores, tensiones en balances corporativos expuestos al precio de Bitcoin o cambios en la narrativa de política monetaria en Estados Unidos, incluidos nombres asociados a un sesgo más restrictivo en la Reserva Federal. Estos elementos influyen en la dinámica de corto plazo, pero no alteran el diagnóstico estructural. Funcionan como mecanismos de transmisión, no como fundamentos de valoración.

El rasgo central sigue siendo la ausencia de una referencia económica que discipline el precio. Bitcoin opera como un activo puramente nominal, cuya cotización se explica por la disposición de nuevos participantes a absorber oferta a precios crecientes bajo determinadas condiciones financieras. Cuando esa demanda marginal se ralentiza, el mercado no cuenta con un piso económico que limite la corrección. El retroceso hacia niveles cercanos a los 60.000 dólares, tras borrar las ganancias del ciclo previo, es consistente con ese esquema de formación de precios.

En este contexto, las advertencias sobre posibles correcciones no deben interpretarse como predicciones direccionales, sino como recordatorios del comportamiento típico de activos cuya valoración está dominada por el sentimiento y la liquidez. Argumentar que la volatilidad es inherente a Bitcoin y, por tanto, irrelevante, confunde una característica estadística con una propiedad económica. La recurrencia de episodios volátiles no sustituye la ausencia de fundamentos.

Lo relevante de este episodio no es el rebote o la continuidad de la corrección en el corto plazo, sino la reaparición de una distinción que durante años permaneció difusa: criptoactivos como instrumentos especulativos frente a la digitalización financiera con contenido económico verificable. La contracción de la liquidez tiende a forzar esa separación, al penalizar con mayor severidad aquellos precios que no descansan sobre flujos, garantías o derechos exigibles.

En ese punto emerge una discusión distinta, con mayor sustancia económica: la tokenización de activos reales. No como narrativa tecnológica, sino como mecanismo de representación digital de derechos sobre activos productivos, instrumentos financieros, contratos o flujos identificables, bajo marcos regulatorios definidos. En ese esquema, el valor del token deriva del activo subyacente y de su capacidad de generar ingresos o protección patrimonial, no de la expectativa de reventa a un precio superior.

La paradoja es que el protagonismo de Bitcoin ha servido para acelerar el desarrollo de infraestructuras digitales que podrían resultar más relevantes para la economía real. Sistemas de registro, liquidación y representación digital aplicados a crédito, deuda, propiedad o recaudo tienen implicaciones económicas tangibles, muy distintas a las de un activo cuya tesis central es la escasez programada sin generación de valor.

Bitcoin ajusta cuando se retira la liquidez porque su precio está condicionado por ella. En ausencia de un ancla económica, el mercado termina respondiendo a la pregunta fundamental de toda valoración: qué respalda el precio. Cuando la respuesta se limita a escasez y expectativa, la corrección no es un accidente, sino una consecuencia natural de un entorno financiero más restrictivo.

 

 

Nota del Autor

La información contenida en este Resumen Económico Semanal se fundamenta en fuentes públicas consideradas confiables y tiene como único propósito ofrecer un análisis general de coyuntura para los lectores. Este documento no constituye una oferta, invitación, recomendación ni asesoría personalizada para la compra, venta o mantenimiento de instrumentos financieros, conforme a lo establecido en el artículo 2.40.1.1.2 del Decreto 2555 de 2010.

Las fuentes utilizadas incluyen informes oficiales, publicaciones de entidades nacionales e internacionales, y bases de datos de mercado de acceso público. Este material no reproduce ni distribuye contenido protegido sin la debida autorización o cita correspondiente, y se acoge a los principios de uso legítimo de la información con fines analíticos y educativos.

Las opiniones, proyecciones y análisis aquí presentados son exclusivamente del autor y no reflejan necesariamente las posturas de entidades públicas o privadas con las que mantenga vínculo profesional o académico. Tales opiniones están sujetas a cambios sin notificación previa, de acuerdo con la evolución de los hechos económicos y financieros.

Las inversiones en mercados financieros conllevan riesgos inherentes, incluidos posibles pérdidas parciales o totales de capital invertido. En consecuencia, se recomienda a los lectores realizar su propio análisis independiente y, de ser necesario, acudir a asesores financieros idóneos y debidamente certificados antes de tomar decisiones con impacto económico.

El autor no garantiza la exactitud, suficiencia o idoneidad de la información contenida en este resumen, ni asume responsabilidad por errores, omisiones o interpretaciones derivadas de su uso, ni por pérdidas o daños, directos o indirectos, que resulten de decisiones tomadas con base en este contenido.

Enrique Ariza

Comentar

Clic aquí para comentar

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.