Resiliencia

Debemos proponer proyectos de gestión comunitaria, aplicando un método inductivo que promueva la sensibilidad social, invertir menos en cárceles y más en iniciativas con las Secretarías de Cultura y Educación.

Coloquialmente dicen que quien no conoce la historia está condenado a repetirla, ahora bien, ¿pasará lo mismo con el olvido colectivo o más bien desidia colectiva?, ¿qué hubiese sido de la bestia de Génova sin sus influyentes experiencias?, ¿será el desplazamiento forzado cuna del desarraigo y la apatía? Debemos proponer proyectos de gestión comunitaria, aplicando un método inductivo que promueva la sensibilidad social, invertir menos en cárceles y más en iniciativas con las Secretarías de Cultura y Educación, apostemos por una detección y asistencia temprana más que por una reinserción.

Pertenecer a una comunidad es una fortaleza, esto lo debemos recordar para presionar a las entidades territoriales e inicialmente mejorar nuestra localidad, por ejemplo apoyando las ferias de artesanías para que no sean subvaloradas en un marco de invasión al espacio público sino expuestas en un estante. Las autoridades administrativas deberían implementar políticas de apoyo a la gestión del ICBF, comisarías y defensorías; pensar en reglamentar la olvidada figura del auxiliar ad honorem en los diferentes centros zonales, donde se podrían postular egresados de las diferentes carreras humanísticas y jurídicas, quienes además buscan experiencia que exige el competitivo mercado laboral. A modo de proyección, un equipo de trabajadores sociales, psicólogos, abogados y nutricionistas que sean facultados para restablecer los derechos de los niños que diariamente se ven acostados en las calles del centro.

Podemos amplificar las voces a través de los medios de difusión, no para subir el rating de la farándula o noticieros del odio, sino para materializar campañas que alguna vez existieron como “Allá y acá”. Así es, primero debemos mirar de puertas para adentro, pero esto no quiere decir que seamos indiferentes a las crisis humanitarias de otras naciones, como la hambruna que padecen los niños de Gaza. En este sentido, no se trata de la niñez latinoamericana o estadounidense, sino de niños colombianos que viven en Estados Unidos, o niños venezolanos que viven en Colombia, y tienen en común la forma inhumana en que se les separa de sus familias.

En medio de la resignación de crecer en un país marcado por la violencia, en vez de comentar las trágicas noticias amarillistas podríamos hacerlo con los informes que pasan desapercibido y nos pueden dejar fe de un progreso y especialmente un reto, por ejemplo; el Estado Mundial de la Infancia 2025, el cual nos afirma que la situación de pobreza infantil no se debe a la falta de recursos, sino a una cuestión de prioridades en la inversión global, como lo demuestra el gasto militar.

A continuación, relato una historia que construí inspirado en nuestro resiliente panorama;

Otro días más, ¿o menos?

Allá en el horizonte llanero, vivía una niña cuidando de otra, muy querida ella, berraca y echada pa lante, dedicada al arte, esculpiendo sus vasijas, difícil de descubrir su triste alma, luego de que le arrebataran a su hermano, ¿quiénes? , pues sanguinarios que proclaman luchar por el pueblo y los tiran en cualquier hueco, aquí o en fronteras, ¡no interesa, no volverá!, por más que nombren al verdugo un gestor de paz, por más que el Estado en su pedestal acceda reparar.

Refugio se llamaba el chino, desde siempre consciente de su fortuna, al escuchar historias de sus primos guajiros. El primer profesional de la familia, recién graduado de ciencias políticas, parte de las cifras del DANE, hasta que un compadre lo apalancó. Un patriota sin remedio, firme creyente que emigrar no era un fin sino un medio, amante de bañarse a la orilla del río, de ese olor a café, y agua de panela cuando cruzaba el frío páramo, el más feliz escuchando bambucos, ¡acompañado de su copa de aguardiente y tajita de limón!. Enamoradizo de la fémina, picaflor hasta que se ajuició, con una trigueña chusca, de crespos alborotados, cálida y vivaz, de quien se enamoró, rola qué le decían, de acomodada posición.

Eufórico llegaba a su hogar, contando de sus alumnos y aunque lidiar con los acudientes no era su pasión, enseñar, por otro lado, lo llenaba de satisfacción. Siempre dispuesto a corregir pero no a vociferar, paciente como ninguno y mal pagado como todos, por más doctorados que tuviese. Eso sí, cosa que lo entristecía era ver como a quienes veía crecer marchaban a ser carne de cañón, unos  manipulados e impulsados por la necesidad y otros emboscados eran repartidos entre bandos, llevados a ser maltratados física y sexualmente, convenciendo a otros para sobrevivir.

Si bien el cariño de la gente se ganó, siempre le advertían; “¡no te metas a la boca del lobo!, recuerda, el que busca encuentra”, pero él, terco como una mula, continuó con sus proyectos, y así hoy, en medio de la festividad, sobra una silla en la mesa, y en el vientre de Resignación, crece una guámbita más sin su papá.

Angie Sofia Bernal Charry

Soy aprendiz del derecho, polifacética y apasionada por la escritura como un medio de sublimació

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