Opinión Selección del editor

Primer empleo para los hijos de las entrañas de Antioquia

Hace cincuenta años la educación superior se comenzaba a masificar en un Valle de Aburrá que emprendía su propio proceso de conurbación.  Era la época en la que una mayoría de padres venidos del campo y con solo la educación que Radio Sutatenza les había dado, intentaba educar y dar estudio a toda una generación de antioqueños. Trabajando fuertemente como obreros en empresas como Tejicóndor, Coltejer o Fabricato, esperaban que sus hijos no tuvieran que trabajar tan duro como ellos para conseguir un salario mejor, y la única forma de lograrlo era haciéndolos estudiar más: porque ser bachiller ya no era suficiente.

Hace treinta años, una generación de hombres y mujeres educados comenzaba a crecer a medida que su trabajo hacía de un país de campesinos, un país de negocios, eventos e innovación. Sus hijos, sin embargo, crecerían para averiguar que ya no era suficiente con ser técnico, tecnólogo o profesional; ante toda una generación se abría la posibilidad de estudiar una especialización o una maestría, pero luego llegó el doctorado y, como una gran ironía cósmica, los hombres y mujeres de Antioquia empezaron a ser rechazados de un trabajo por estar sobre calificados y, así, el estudio suficiente se convertía en una oportunidad, pero mucho era una carga.

Cincuenta años de historia y solo se ha hablado de la mitad, porque también fueron miles los que no tuvieron unos padres que los hicieran estudiar más allá del bachillerato; muchos más se rindieron ante las dificultades del estudio y luego se enfrentaron a una comunidad laboral que los rechazó por no haberlo hecho. Otros tantos eligieron la violencia: decenas de miles de antioqueños y antioqueñas murieron en una guerra que se libró en los campos y en las ciudades, y que dejó convertido el territorio en un gigantesco camposanto.

Afortunadamente ahí no quedaron los sueños de esta mitad de antioqueños: ¡los hijos y nietos de esas personas quisieron educarse! Vieron la falta cometida por sus antepasados y se prepararon para trabajar; mejoraron sus ropas y su lenguaje, conocieron personas e hicieron amigos, pero en ninguna parte encontraron trabajo porque ya el diploma no era suficiente, ahora había que haber trabajado antes para poder comenzar a trabajar, una paradoja que parece sin salida posible.

Hoy hay muchos antioqueños para quienes un diploma es algo que solo sirve para tener colgado en la pared, pero lo piensan porque lo tienen. Los diplomas son llaves que permiten cambiar de situación social: al tenerlos se olvidan, pero cuando no los tienes en todas partes te lo recuerdan. Nuestros jóvenes se están quedando sin oportunidades en un territorio que cada vez genera más riqueza, más progreso y más bienestar.

Pensando en eso, desde el 2011 se institucionalizó en Antioquia el programa “Prácticas de Excelencia”, el cual es una herramienta para que los futuros técnicos, tecnólogos y profesionales del departamento, afiancen y pongan en práctica sus conocimientos en las diferentes Secretarías de la Administración Departamental. Este programa cuenta con el reconocimiento y confianza de todos los antioqueños ya que, mediante un proceso transparente y democrático, ha abierto las puertas de nuestra Gobernación a los mejores estudiantes del departamento.

Pero el problema continúa: estas prácticas no son reconocidas como prácticas y, en la práctica, no se gana prácticamente nada con la práctica que se hizo. Debemos ir más allá y por eso proponemos que se cree una Política Pública para el Primer Empleo en Antioquia, que conserve los pilares exitosos del programa “Prácticas de Excelencia”: la transparencia, la democracia y la meritocracia, y que convierta a la Gobernación en la gran generadora de primer empleo para los todos los antioqueños.

Sería un gran logro para Antioquia si por lo menos el 20% de los contratos que la Gobernación ofrece, bien sea por prestación de servicios, convenios de intermediación laboral o cualquiera de los cientos de cargos que no tienen vocación de permanencia, sean ocupados por los estudiantes más destacados del departamento. ¡Qué nuestra Gobernación sirva de ejemplo para todas las empresas privadas de Antioquia y del País! Que además de dar práctica a los mejores estudiantes del departamento, les dé su primer empleo para que muchos más antioqueños accedan a una vida laboral con equidad.

Estoy seguro de que si una persona que se esforzó, que trasnochó y que madrugó para convertirse en técnico, tecnólogo o profresional, tiene la bendición de comenzar su vida laboral en la empresa más grande y más querida del departamento, como lo es la Gobernación de Antioquia, significará un enorme cambio no solo para él, sino para toda su familia. Y así, unidos, haremos que este sea el momento de Antioquia.