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¿Para cuándo una Colombia sin plásticos de un solo uso?

Que la editorial del pasado viernes 14 de junio de EL TIEMPO – diario de mayor circulación en el país- haya saludado positivamente la ley de prohibición de elementos de un solo uso en San Andrés y Providencia, no sólo sorprende como progresista frente a una línea editorial por momentos bastante alejada de los desafíos ambientales de Colombia, sino que pone sobre la mesa algunas soluciones acordes con la tendencia global de reducir el consumo y producción de estos materiales. Dados los avances en la restricción de elementos de un solo uso en el contexto internacional que presenta la Editorial, la pregunta que nos debemos hacer ahora es: ¿para cuando una Colombia sin plástico de un solo uso?

 

La respuesta es que ya hay una iniciativa en marcha transitando el camino hacia allá. En la cámara de representantes cursa el proyecto de ley 175-2018C que propone prohibir en el territorio nacional la fabricación, importación, venta y distribución de plásticos de un solo uso para 2021, y para 2025 los de mayor complejidad, como colillas de cigarrillo y bolsas plásticas. Este proyecto ya pasó su primer debate en la Comisión Quinta de la Cámara con una aplastante votación de 17 votos a favor y ninguno en contra. El autor de esta iniciativa es Juan Carlos Losada, representante a la Cámara por Bogotá del Partido Liberal. Entre los elementos de un solo uso se incluyen los envases y recipientes para llevar alimentos de consumo inmediato; las botellas; los platos, bandejas, cuchillos, tenedores, cucharas; los pitillos y los copitos de algodón, entre otros.

 

Un proyecto de ley que no resulta para nada descabellado frente a una condición cada vez más deplorable de nuestro ríos, humedales y mares, sólo superada quizá por la desaforada deforestación que sufren nuestros bosques. Problemática que va tomando dimensiones colosales, a juzgar por ejemplo, por la “isla de basura” que apareció en días recientes en las costas de Puerto Colombia (Atlántico), la cual, expertos estimaron en un diámetro de 18 km equivalente a 28 canchas de fútbol y un peso en toneladas de 17.600. Sólo un caso mediático de toda una problemática causada por la inadecuada disposición de nuestros residuos, y el uso irracional de plásticos de un solo uso o también llamados desechables.

 

Si bien, el proyecto de ley inició con pie derecho su trámite legislativo, tiene no pocos detractores y enemigos que buscarán tumbarlo a como dé lugar. El principal de ellos, Acoplásticos, gremio que representa a las empresas de la cadena productiva del plástico, petroquímica y otras relacionadas, cuyo director ejecutivo ya ha manifestado desacuerdo y pese a reconocer la problemática ambiental derivada de los residuos de la industria que representa, su propuesta de solución está orientada a profundizar el reciclaje y desarrollar mayores y mejores mecanismos para una economía circular en el marco de la responsabilidad extendida del productor.

 

En algo tiene razón ACOPLÁSTICOS y es la falta aún de materiales biodegradables competitivos en términos de costo con los plásticos. Yo mismo como consumidor, me he visto en dificultades económicas en el supermercado para reemplazar los elementos plásticos cuando he tenido celebraciones, encontrándome con que una veintena de platos elaborados a partir de caña de azúcar cuesta seis veces más que los elaborados a partir de plástico. Un asunto asociado a los costos de producción de una industria que apenas va despuntando, y que debe acelerar sus desarrollos tecnológicos para poder suplir con efectividad un vacío de nuevas materias primas que requerirán distintos segmentos del comercio y la industria alimenticia, principalmente, para el desarrollo de sus negocios. Claro está, si la iniciativa del representante Losada finalmente es aprobada en el Congreso de la República.

 

En todo caso, la prohibición de los plásticos de un sólo uso se hace necesaria pues atiende un derecho constitucional de los colombianos a gozar de un ambiente sano. Su impacto negativo en nuestra salud y la de decenas de especies marinas es indiscutible, como lo ha afirmado en diversos medios y sustentado en estudios científicos, el médico y director del Movimiento Ambientalista Colombiano (MAC), Dr. Camilo Prieto.

 

A los empresarios de la industria del plástico les corresponde transformarse a una realidad en pocos años de bajos a nulos consumos de plásticos en la población, e incluso, migrar su negocio al desarrollo de los materiales de fibras naturales que los reemplacen. No les resultará fácil y otros dirán que son industrias distintas, pero ante las dimensiones catastróficas que vienen tomando los residuos plásticos en nuestros ecosistemas, definitivamente prohibirlos es la solución de raíz.

 

Por parte de los ciudadanos, es un deber con el planeta seguir en el proceso de transformación de nuestros hábitos de consumo, a los que ahora habrá que agregar uno nuevo: evitar las bombas inflables que usamos para adornar y decorar fiestas. Si señores. Según un estudio de la Universidad de Tasmania (Australia), las bombas inflables o sus residuos son los elementos más mortíferos para las aves que al confundirlos en el mar con comida los consumen, acomodándose fácilmente en sus vías digestivas y muriendo atragantadas. Habrá que pensar en otro tipo de decoración para nuestras celebraciones.

 

Muchos esperamos que el proyecto de Ley salga adelante en los debates que le quedan y no sólo sea San Andrés y Providencia, Santa Marta y otros municipios contados los que lo prohíban, sino todo el país el que se embarque en esta apuesta al futuro: una economía sin plásticos de un solo uso acorde a la necesidad de salvar nuestro planeta.

 

ADENDO: no ayuda nada en este camino de reducir el consumo de plásticos, que en algunos edificios y empresas privadas se este implantando la práctica de empacarles en bolsas plásticas la sombrilla a los empleados y visitantes al momento de su ingreso y luego de una jornada de lluvia. Una muestra de involución que ojalá no prospere en popularizarse y la aprobación de la Ley pueda sepultar.