Opinión

Oración para todos los días

“Salir de casa y cruzarse en el camino equivocado puede terminar en un valle de lágrimas”

Acordaos oh dulcísimo Niño Jesús que nos diste la posibilidad de cambiar, para bien o para mal, el rumbo de este país que lleva el mismo mandato desde mucho tiempo atrás, pero a fin de cuentas, como nos gusta,  votamos igual, y en persona tuya a todos quienes caminan interminables horas para huir de su país, hasta llegar a uno en donde miles de pasos recorren las calles diariamente para hacer oír sus voces con  peticiones que buscan darle a esta pobre humanidad tan agobiada y doliente una educación que no sea solo para quien pueda pagarla y la garantía de, al menos, un desayuno sin IVA.

“Todo lo que quieras pedir pídelo por los buenos méritos de aquellos que actuaron en beneficio de la sociedad con los bonos del agua o el caso Odrebrech y nada te será negado”. Llenos de confianza en vos, ¡oh Jesús! Que sois la misma verdad, venimos a exponeros toda nuestra miseria, aquella vivida desde los disparos de comunas que no cierran las brechas de una guerra que es de pocos pero que sufren todos; aquí, salir de casa y cruzarse en el camino equivocado puede terminar en un valle de lágrimas y sangre.

Ayúdanos a llevar una vida santa para no vivir una eternidad en alguna cárcel del país, compartiendo una baldosa con tres personas más y teniendo, por cada centro de reclusión, en algunos casos, solo dos enfermeras para defender “el derecho a la vida” a toda costa. Concédenos, por los méritos infinitos de vuestra encarnación que tengamos la fuerza de seguir buscando a los niños desaparecidos a nivel nacional, para que sus padres y a todo aquel que cuente con la suerte de no naturalizar este tipo de actos, tengan esa gracia de la cual necesitamos tanto.

Nos entregamos a vos, ¡oh niño omnipotente!, seguros de que no quedarán frustradas las investigaciones por envenenamiento a testigos en el país que todo lo ve pero que nada cuestiona, y en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis también las toneladas de plástico que estamos desechando a los mares colombianos como si el tan nombrado medio ambiente fuera inagotable.

Por último, despacha favorablemente nuestra súplica para que en la Navidad que vivimos todos nosotros, pero especialmente los niños, puedan mirar solo las luces del alumbrado dicembrino y no de los pasillos de los hospitales que cada fin de año recuerdan que la pólvora no es juego de nadie.

Amén.

(Todo lo demás como el día primero).