Memorias de los mundiales: Camino a Rusia 2018 – V

     

CHILE 1962

La magia del gol olímpico

La revolución cubana, la construcción de un muro que dividía Berlín, el inicio de una década turbulenta (los 60), la apertura del concilio vaticano II, la crisis nuclear y un terremoto en las ciudades chilenas de Talca y concepción eran algunas de las situaciones convulsas que azotaban el mundo por aquellos días en los que el continente americano se preparaba para recibir nuevamente un certamen orbital en el que 16 escuadras, entre ellas la selección Colombia, buscarían acceder al privilegio de levantar el trofeo que hasta ese momento sólo habían disfrutado dos seleccionados del viejo continente (Italia – Alemania federal) y dos del nuevo mundo (Uruguay y Brasil).

Un partido para el recuerdo

El 3 de junio en la ciudad de Arica el seleccionado colombiano, novato en eventos mundialistas, se enfrentaba a su similar de la Unión soviética por la segunda fecha del grupo A. Los soviéticos eran los favoritos para llevarse el primer lugar del grupo y por ende el triunfo frente a un seleccionado sin experiencia como el colombiano que para el final de los primeros 45 minutos caía por marcador de 3 a 1. Sin embargo, el entretiempo y las palabras del entrenador colombiano Adolfo Pedernera, de nacionalidad argentina, quien indicó a sus hombres que salieran a jugar sueltos y a divertirse, calarían sobre sus pupilos que, a pesar de recibir prontamente el cuarto gol, no bajarían la guardia y lograrían empatar el partido convirtiendo 3 goles en menos de 20 minutos, uno de ellos olímpico, anotado por Marcos Coll (único gol olímpico en la historia de los mundiales), vulnerando así el arco del buen portero soviético Lev Yashin quien fuera apodado la araña negra por su forma de vestir y por sus grandes atajadas.

La sorpresa Chilena

Tras haber sorteado los problemas de organización y la excesiva desconfianza del resto del mundo sobre sus capacidades para organizar el torneo orbital, los chilenos, apoyados económicamente por la FIFA, lograron no sólo realizar el mundial en su territorio, sino que además gozaron con una selección que de la nada consiguió superar rivales e instalarse en una semifinal tras dejar en el camino a seleccionados reconocidos como el Italiano y el Soviético, este último en especial que había manifestado gran desconfianza para con la sede chilena y que al salir derrotado en la ronda de cuartos de final debió soportar las burlas de la torcida chilena que en distintos carteles exponía con ironía: “Subdesarrollados 2 (refiriéndose a Chile) Europa 1 (refiriéndose a los soviéticos)”.  

Se olvidaron del Fair play

El saldo de lesionados y fracturados en este torneo fue alarmante, pues cada vez más los partidos de futbol terminaban convirtiéndose en verdaderas batallas campales. El caso más particular fue aquel que la prensa dio por llamar la batalla de Santiago, protagonizada por chilenos e italianos el 2 de junio en el estadio nacional, pero que curiosamente había tenido sus inicios en una nota periodística, escrita para el periódico italiano “Il Resto del Carlino», en la que se describía la situación del país chileno como muy precaria y cuyo titular principal era: «Santiago, el confín del mundo: La infinita tristeza de la capital chilena…»

Desde que estoy en Chile tengo la curiosa sensación de llevar el mundo sobre mis espaldas. Se le siente encima igual que la tristeza de los habitantes, y ello provoca un malestar curioso que se agrava por los enormes saltos de temperatura. […] La sangre se torna torpe y parece faltar en las venas, y después de permanecer algún tiempo en Chile uno se siente extraño a todo y a todos. El virus de la lejanía más abandonada, más solitaria, más anónima, se mete en el ánimo de todos y creo que ello incidirá en el estado anímico de los atletas…

En vano los chilenos, como para consolar a los italianos, dicen que Santiago se parece a Turín […] Y ello tal vez para tratar de hacer olvidar la realidad de ésta capital, que es el símbolo triste de uno de los países subdesarrollados del mundo y afligido por todos los males posibles: desnutrición, prostitución, analfabetismo, alcoholismo, miseria… Bajo éstos aspectos Chile es terrible y Santiago su más doliente expresión, tan doliente que pierde en ello sus características de ciudad anónima.

Extracto del texto de «Il Resto del Carlino»

Este relato no causaría para nada gracia en la prensa, en el público ni en los jugadores chilenos que, a pesar de haber visto a los jugadores italianos lanzando claveles a las tribunas antes del partido con el fin de calmar los ánimos, no contuvieron su furia, desatando una batalla contra los italianos permitida en su medida por el árbitro inglés Ken Aston, que sería culpado por la prensa italiana de la derrota de su selección a la par que calificaban a los chilenos de verdaderos caníbales a la hora de jugar al fútbol.

Sin Pelé pero con Garrincha

La inesperada lesión de Pelé en el segundo partido del campeonato parecía ser un alivio para las demás selecciones que ya habían oído hablar de la magia del joven de 21 años. Sin embargo, esto no sería problema para que los jugadores brasileños de la mano de  Garrincha, subestimado en varias ocasiones por sus contrincantes por sus malformaciones físicas, superarán la primera ronda como líderes del grupo y se liberaran, no sin dificultad, de los ingleses y también de los locales en las rondas de cuartos y semifinales respectivamente donde Garrincha convertiría 4 de los goles que pondrían a su selección en una nueva final y le permitirían levantar por segunda vez la copa, derrotando a los checos que con dolor veían como se esfumaba por segunda vez un campeonato mundial, como ya les había sucedido en Italia  1934 cuando perdieran por marcador de 2 a 1 contra los anfitriones.

Una historia para la memoria

Construido en 1937, el estadio nacional de Santiago fue testigo no sólo de varios de los partidos que la selección de la estrella solitaria disputara durante aquel torneo en el que terminaría por consagrarse como tercero del mundo, sino que se convertiría también en uno de los principales centros de detención y tortura durante los primeros meses del golpe militar de Pinochet en 1973. Es por este motivo que desde el año 2003 dos arquitectos chilenos (Claudia Woywood y Marcelo Rodríguez) han emprendido una carrera para convertir este espacio público en un verdadero museo de la memoria y de homenaje a las víctimas.

INGLATERRA  1966

En la tierra de los inventores del fútbol

Desde sus inicios la copa del mundo se había visto envuelta en diversos torbellinos sociales y políticos, pues a la par que se cuestionaba la elección de Inglaterra como sede, gracias a las influencias del presidente de la FIFA, el inglés Stanley Rous, el campeonato no sería ajeno a irregularidades como el robo de la copa Jules Rimet meses antes de comenzar la competencia o a las problemáticas políticas como la no admisión de Sudáfrica por su contexto del apartheid o la casi no aceptación de Corea del Norte en el certamen por diferencias diplomáticas y gubernamentales.

Un verdadero héroe

Para el mes de marzo de 1966, la realización del certamen mundial fue puesta en cuestión tras el robo de la famosa copa Jules Rimet, la cual había sido hurtada de un salón de la localidad de Westminster donde era objeto de una exposición pública. Su recuperación parecía ser un imposible y hasta se ofrecieron 6100 libras esterlinas para quien diera con el paradero de tan preciado tesoro. Fue así como tras ocho días de angustias, un perro llamado Pickles, la encontraría bajo un árbol en las afueras de Londres, por donde su amo lo sacaba a caminar todas las mañanas, convirtiéndose así en héroe nacional y alcanzando gran popularidad al ser exhibido con orgullo por los ingleses el día de la inauguración del evento mundial.

Hablemos de fútbol

Con 16 escuadras en competición, la sorpresa estaría dada por la pronta eliminación de históricos como Francia, España, Suiza, Brasil (campeón reinante) e Italia, este último eliminado por la desconocida selección de Corea del Norte, cuya victoria haría estallar la euforia entre sus jugadores y a su vez las críticas de la prensa italiana en las que se podía leer “Vergogna Nazionale” (Vergüenza Nacional).

Ya para cuartos de final las cosas parecían menos sorpresivas. Los soviéticos avanzaban con facilidad tras derrotar a sus similares de Hungría; Corea del Norte que derrotaba cómodamente a los portugueses por marcador de 3 a 0, no contaba con la inspiración de Eusebio, apodado la pantera negra, que marcaría 4 de las cinco anotaciones con las que su equipo resurgiría frente a los coreanos y se clasificaría a la siguiente ronda.

Por otra parte, los equipos sudamericanos sobrevivientes, Argentina y Uruguay, se enfrentarían a Inglaterra y Alemania respectivamente, siendo ambos partidos marcados por las irregularidades arbitrales en favor de los europeos, en especial aquel en el que la selección anfitriona enfrentaba a los gauchos, donde además el público arrojaba chocolates a los jugadores argentinos mientras les gritaban al unísono: “animals” “animals”…

Finalmente Inglaterra alcanzaría la final viéndose cara a cara contra los Alemanes, en un partido que en los 90 minutos terminaría empatado a 2 goles, por lo que tendrían que ir a tiempo suplementario en el que los ingleses, gracias a la magia y los goles (uno de ellos con gran polémica hasta la actualidad) de Hurst, derrotaron a los Alemanes por marcador de 4 a 2,  ganando así su primer título mundial  y recuperando la tradición, perdida desde 1938, en la que los locales se coronaban campeones.

Lo inédito

Con este certamen se inauguraba la tradición de elegir un emblema representativo del torneo (mascota) que para este caso sería la figura de un león llamado “Willie” y que junto con la casaca de la selección inglesa representaba el linaje y la nobleza de los gobernantes del Reino Unido. Además, esta fue la segunda versión, ya había sucedido en Suecia 1958, en la que un monarca (Reina Isabel II) entregaría el trofeo a los campeones.

 La Política y el fútbol

Mientras los jugadores argentinos se preparaban para la competición, en su país el 28 de junio un militar, Juan Carlos Onganía, derrumbaba el gobierno constitucional de Arturo Illia, proclamando un gobierno militar de facto, que a la par de sus políticas había invitado a todo el pueblo argentino para recibir a sus futbolistas en el aeropuerto internacional de Ezeiza como verdaderos héroes. Años después, Oscar “Pinino” Mas, destacado emblema de aquella selección, recordaba: “…habíamos salido del país con un gobierno democrático y cuando volvimos había un golpe de Estado. Llegamos al Aeropuerto Internacional de Ezeiza muertos por el viaje y nos hicieron ir a la quinta presidencial de Olivos a saludar a un presidente militar que nos presentó como campeones morales…”.

 Espere la próxima semana México 1970 y Alemania 1974…

About the author

Mauricio Albeiro Montoya Vásquez

Docente e investigador. Coordinador del proyecto de escritura “100 preguntas y respuestas para comprender el conflicto colombiano”. Fue reconocido en 2012 con la beca Jóvenes Investigadores de la Universidad de Valencia (España). Ha sido docente de diferentes universidades de Medellín e invitado como conferencista tanto en Colombia como en el extranjero.