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Memorias de los mundiales: camino a Rusia 2018 – IV

SUIZA 1954

Cuando la FIFA cumplió 50 años

La sucesión presidencial en el trono de la FIFA (ascenso del Belga Seeldrayers en reemplazo de Jules Rimet), la reaparición de selecciones como Austria y Alemania, esta última bajo el nombre de República Federal Alemana, la ausencia de Argentina y la participación inédita de Corea del Sur y de Turquía, fueron algunos de los hechos que adornaron el quincuagésimo aniversario de la fundación de la FIFA que sabiamente había avalado la escogencia de Suiza, sede del organismo desde su creación en 1904, como anfitriona del campeonato.

Otra vez las reglas

Con la participación de 16 seleccionados, incluidos el anfitrión (Suiza) y el campeón reinante (Uruguay), el torneo mantenía su fase de grupos, pero paradójicamente cada grupo contaría con dos cabezas de serie, que no se enfrentarían entre sí, y dos equipos más, que tampoco lo harían entre ellos. Por ejemplo en el grupo 2, Hungría no se enfrentaría con Turquía, por ser ambos cabeza de serie, a la par que Alemania y Corea del sur, quienes completaban este grupo, tampoco lo harían entre ellos. Toda una complicación…

Los participantes

Como era de esperarse, los novatos como Turquía, Escocia y Corea del Sur se despedirían prontamente del certamen mundialista. Por su parte Austria, que volvía a un mundial como nación independiente, e Inglaterra, que esperaba superar su fracaso de Brasil 1950, se unían a un grupo de selecciones, entre ellas Uruguay, Brasil y Hungría, de quienes no se esperaba menos a la hora de superar la primera ronda.

La mayor sorpresa del campeonato la daría el equipo Italiano, bicampeón mundial, al ser eliminado en la primera ronda del torneo por la escuadra anfitriona, con la que disputaría un partido de desempate que buscaba el segundo clasificado del grupo 4 y en el que los Suizos ganarían por marcador de 4 contra 1 a los Italianos.

Ya en cuestiones de fútbol, este torneo contaría con gran cantidad de goles y con oncenos que como el coreano recibiría 16 tantos en dos partidos y no convertiría ninguno. Por el contrario, seleccionados como el Húngaro, con la fama de haber sido finalista en 1938 y medalla de oro en los juegos olímpicos disputados dos años antes en Finlandia , arrasaría siendo el primero en su grupo y alcanzando la final del torneo al derrotar en las dos series siguientes a Brasileros, en un cotejo que dio por llamarse la batalla de Berna por el juego fuerte de ambos equipos, y a Charrúas (actual campeón) en una semifinal bien disputada y que la prensa tituló como “El más bello espectáculo futbolístico que vieron los tiempos…

Además y no obstante a perder la copa, el conjunto Húngaro, llamado también “el de los mágicos magiares”, sería reconocido como una máquina de hacer goles, habiendo anotado 27 goles en tan solo 5 partidos y contando además con el goleador del torneo (Kocsis) quien sumaría 11 anotaciones en el certamen.

La sorpresa Alemana

Con la carga de haber sido expulsada del torneo anterior por la FIFA y con el trauma de la partición de su territorio tras la segunda guerra mundial, el equipo federal (reconocido tras la guerra como la RFA) llegaba por primera vez a una final del campeonato mundial en la que curiosamente se enfrentaría al cuadro Húngaro con quien ya había perdido en la primera ronda por marcador de 8 a 3.

Sin embargo, esta selección alemana que había superado con afugias la primera ronda y que tan solo tuvo desde el segundo partido a su estrella goleadora (Helmut Rahn), quien convertiría 4 goles en 4 partidos, era la afortunada al coronarse campeona tras derrotar a Hungría por 3 a 2, en lo que muchos pensaron había sido un partido mediado por la brujería pero que al final daba la alegría a los teutones y a los hermanos Fritz y Ottmar Walter, primeros en consagrarse campeones mundiales con un seleccionado de fútbol.

 

Fritz y Ottmar Walter

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SUECIA 1958

Cuando la número 10 se hizo famosa

A pesar de haber estado marcado por la tragedia aérea del equipo inglés Manchester united, cuyo vuelo perecería en Munich en febrero de 1958 dejando como saldo la muerte de 8 jugadores y la milagrosa sobrevivencia de otros que, como Bobby Charlton, alcanzarían la gloria años después (1966) al consagrarse campeones con la selección de su país, el certamen mundialista, organizado por los Suecos, sería el primero en ser llevado al mundo gracias a la señal de televisión y tendría entre sus sorpresas la ausencia de los bicampeones Uruguay e Italia, eliminados en la ronda clasificatoria, la aparición de un niño genio de 17 años apodado “Pelé” y la consagración de Fontaine (jugador francés) que con 13 goles tan solo en ese campeonato alcanzaría un récord que hasta hoy ningún otro futbolista ha podido igualar.

Entre la normalidad y las sorpresas  

Tras una eliminatoria que había incluido más de 50 seleccionados, tan solo 16 (incluyendo al campeón anterior y al anfitrión) alcanzaron el privilegio de participar en el torneo que, para alegría de muchos, retornaba a las reglas antiguas evitando la exclusión de partidos, como había sucedido en la primera ronda del mundial de 1954, y alcanzando el campeonato gracias a rondas eliminatorias y no a un sistema cuadrangular como lo que había ocurrido en el certamen de 1950 donde el mayor perjudicado había sido Brasil.

En el plano futbolístico equipos como Hungría, Inglaterra y Austria, aclamados por su desempeño durante los mundiales anteriores, serían eliminados prontamente y su participación calificada de fracaso por la prensa mundial. No así el caso de escuadras que como la de Gales, Irlanda del Norte y la URSS, accedían a su primer campeonato mundial, logrando pasar la primera ronda y siendo recordados en la historia del futbol, en especial la URSS que se habían afiliado en 1946 a la FIFA con el nombre que Lenin había colocado a la nación en 1922 (Unión de repúblicas socialistas soviéticas).

La decepción argentina vs la magia carioca

La participación suramericana tendría las dos caras de la moneda, pues mientras que seleccionados como los de Paraguay, México y Argentina eran eliminados en la primera fase del torneo, los Brasileños parecían inspirados e iban con todo por el sueño esquivo de ser campeones.

En el caso argentino, su maravillosa participación en el sudamericano de Lima 1957 no fue una verdadera carta de presentación en el certamen orbital, pues su exceso de confianza los llevó a caer en su primer partido frente a los alemanes y a ser humillados por los checos en un partido en el que recibieron 6 anotaciones. Pero este desastre futbolístico no paró allí, pues tras ser eliminados del campeonato, los medios de prensa divulgaron diferentes versiones sobre la desorganización y la irresponsabilidad de los jugadores y convocaron a centenares de argentinos al aeropuerto de Eseiza (Buenos Aires), donde la palabra más escuchada contra los jugadores era la de “vendepatria”.

No sería este el caso de la selección carioca que, tras 8 años de dolor y angustia por la frustración mundialista en su país (1950), tenía ahora una buena camada de jugadores entre los que sobresalían Didí, Nilson Santos, Mario lobo Zagalo y los míticos Pelé, quien sería llamado años después el Rey, pero cuyo primer apodo (Pelé) habría sido dado por un compañero de escuela al que dio una trompada cuando le llamó así; y Garrincha (nombre de un ave de las selvas del Brasil), quien fuera llamado también por la torcida brasilera la alegría del pueblo y quien sería recordado por sus malformaciones físicas, las cuales nunca le impidieron ser una estrella futbolística que militara con su magia y velocidad  en varios clubes de su país natal y que para 1968 le llevaría a ser contratado por el Junior de Barranquilla, equipo con el que tan solo jugaría un partido del torneo, pero para el cual el estadio Romelio Martínez colmaría sus graderías para verlo.

Finalmente, entre las curiosidades de este campeonato valdría contarse aquella referida a la numeración en la casaca de los jugadores, pues como es sabido antes de este mundial los números sólo eran una forma de identificación de los competidores, pero debido al olvido de los dirigentes brasileños de numerar la lista de los hombres de su selección, un dirigente uruguayo de la FIFA designó por azar los números para los jugadores brasileños, dando el número 3 a Gilmar que era el arquero y asignando el numero 10 a un joven desconocido de 17 años apodado pelé, quien sin saberlo se convertiría en un emblema del juego bonito y daría a la casaca 10 el valor místico que hasta la actualidad conserva.

La recta final del campeonato…

Semifinales

Brasil 5 Francia 2                                        Suecia 3 Alemania 1

Tercer puesto

Francia 6 Alemania 3

Final

Brasil 5 Suecia 2

 

Espere la próxima semana Chile 1962 e Inglaterra 1966…

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Esto fue escrito por

Mauricio Albeiro Montoya Vásquez

Docente e investigador. Coordinador del proyecto de escritura “100 preguntas y respuestas para comprender el conflicto colombiano”. Fue reconocido en 2012 con la beca Jóvenes Investigadores de la Universidad de Valencia (España). Ha sido docente de diferentes universidades de Medellín e invitado como conferencista tanto en Colombia como en el extranjero.