Los no-asesinables

Quiero empezar esquivando la maquinaria mediática, su desinformación y amarillismo, y por supuesto la adicción hacia extremos e indicar claramente, que en ellos, el vulgo quiere ―según las supuestas encuestas―o un capataz, o un papá; yo quiero un presidente, eso significa que es un digno símbolo para todos, que sepa cómo extender el beneficio para todos, y lo más importante, que sea en sí mismo, íntegro, un pedagogo, no un demagogo,―hay mucha diferencia― y por lo mismo, que no sean sus credenciales notorias o impulsadas, por la explosión del movimiento reaccionario y la morbosidad, además del desconocimiento ―Y siguen con la segunda Venezuela―nuestros profundos miedos y la fanática tendencia hacia el culto de la personalidad. Cosas que les da material a los medios, los que representan el mal periodismo, la academia liquida para acorralar de los niños “bien”, donde les enseñan una cosa y hacen, después de sentir el poder infinito de su posición, lo que sus más bajos y ruines deseos les dicta; el poder de Dios, de crear, transformar, juzgar y exterminar.

El pueblo pedigüeño ama el espectáculo del vituperio entre los caudillitos: ártico y antártico, que un verdadero administrador de la empresa llamada Colombia, ―un De La Calle inclusive, aunque es un señor impoluto para nosotros, que me hace sentir hasta demasiado sucio. Es una empresa, no nos olvidemos de eso, cualquier otra cosa es ilusión, fantasía ―hasta una ofensa a nuestro juicio― todo eso que prometen. Lo que hacemos todos, es para vender, para tener una “balanza favorable del mercado”, en relación a las demás empresas del mundo, y asegurar con esto, prosperidad y bienestar, para todos sus miembros.

Pero en cambio, se sigue pensando que hablar más fuerte, tener un padrino poderoso, ―como lo tenía Galán con Carlos Lleras, abuelo de Germán― o hablar pausado, suave y con un poder argumentativo populista, mostrando una solapada superioridad ―”No escuchéis a Heráclito. Esa humildad no es más que el colmo de la arrogancia.” Castoriadis― cualquier cosa que genere polémica, conquistando a la tonta e instintiva mujer, como un macho alfa, que es el pueblo y para la cual, se preparan políticos y/o dictadores.

Creen que Gaitán era el salvador y su muerte era la única que importaba en esa acalorada época donde la violencia partidista llevaba algunos años desarrollándose. El querido y experimentado político, lastimosamente, fue una víctima más de los inicios de esta forma vitae de nuestra naturaleza, tanto en las calles como en el congreso, para que desde allí, con más brío, el Estado pudiera tener su parte del pastel matanza. Con Galán fue lo mismo, solo que reemplacen o metamorfoseen los partidos, ―maestros en el arte de la sevicia―, por clanes del narcotráfico. ¿Qué enseña esto? Que cualquiera que llegue a ser candidato o una figura carismática que se involucre en política, y diga cosas bonitas, como la de “escribirlo en mármol” de Santos y lo maten, hace que todos pierdan la cabeza y automáticamente piensen que era el mejor sujeto posible.

¿Qué pasó con aquellos con los que se alimentó la violencia y no tenían ese discurso maravilloso?, ¿El discurso de liberales?, ¿Niegan que también fue irónicamente productivo el mandato de Rojas Pinilla?, ¿Qué pasa con el asesinato de Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa; el señor Carlos Pizarro… Álvaro Gómez Hurtado? ¿Qué enseña la historia? ¿Lo que pensaba Hegel? [El Estado debía justificarse a sí mismo] “Por medio de la violencia” [a fin de obtener] “la sumisión del hombre a la autoridad”. O que aquí, ―igual que en todo el mundo― se fabrican mártires. Que la gente olvida a la mayoría y se queda con ciertos rasgos particulares, peculiares, que los hace dignos de la televisión. Y que la violencia que nos corre por las venas y está afianzada y si exagero, con asiduidad, en algunas regiones y que no tiene partido, ideología o razón, sino sentimiento reivindicador puro, como una emoción indescriptible que juega con la carne, como la droga más inestable; es un arrullo de impotencia crepitando de un fuego azul sin alma, que supura luciérnagas inmoladas del realismo lúgubre, porque el mágico, Gabo se lo llevó… quizá él lo traía… mejor, él sólo lo veía… ¡NO!, sólo él lo era. Hay cosas en la mitad que concilia todos esos aspectos, y no son “asesinables”, sólo los dejamos de lado. ¿Se acuerdan de Mockus?

“La política es el arte de combinar, para el bienestar interior, los factores diversos u opuestos de un país y de salvar el país de la enemistad abierta o de la amistad codiciosa de los demás pueblos.”

Martí

About the author

Alejandro Bogotá Montaño

Soy un personaje que decidió empezar a escribir cerca del año 2016 y tiene entre sus 4 libros, temáticas tan variadas como lo son: la voluntad, la vida; las tiranías personales en algo de ciencia ficción y una obra de teatro sobre las posiciones subjetivas en nuestras relaciones. 

Desde que comencé, fruto de una necesidad de contemplar de un modo permanente, las problemáticas que en constante efervescencia, aparecían y siguen haciéndolo, en la relación con el mundo, las personas, dios y la identidad, además una profunda y bien marcada tendencia hacia la completa simplicidad de las cosas, la crítica a la modernidad y por supuesto, la independencia.