LOS EE. UU. YA NO ES LO QUE ERA: de paraíso capitalista a economía cada vez más intervenida

Hace una semana, exactamente el 4 de julio, se conmemoraron los 247 años de la firma de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos por parte de las 13 colonias, hecho crucial en la constitución de la que fuese, en un inicio, la nación más libre y próspera de los últimos tiempos. Por eso, a menudo se tiende a asumir que hablar de la economía de los Estados Unidos es sinónimo de hablar de capitalismo. Puede que esto fuese cierto en su momento, sin duda, pero las cosas han cambiado mucho en los últimos años y cada vez queda menos de aquel paraíso capitalista. De hecho, los niveles de libertad económica que se registran hoy en día en el país norteamericano están por debajo de las cotas alcanzadas en dieciséis (16) países europeos. Esta evolución contrasta, por ejemplo, con la de Suecia, que durante mucho tiempo fue el corazón de la socialdemocracia, aunque en la actualidad presenta un grado de apertura al mercado mucho mayor.

En Europa, la mayoría de la gente piensa que los Estados Unidos carece de un Estado de Bienestar. Cuando desmonto este mito en conversaciones comunes, suelo recibir miradas de incredulidad. El caso es que el Gobierno federal cuenta con más de 100 programas de gasto social cuyo presupuesto rebasa los 100 millones de dólares, hasta el punto de que las transferencias se llevan un tremendo 30 % del PIB, más que ningún otro país de la OCDE, salvo Francia, donde estos pagos del Gobierno suponen el 31,7 % del PIB.

Este desarrollo tiene una larga historia detrás que William Voegeli recogió en su libro Never Enough: America’s Limitless Welfare State, una obra publicada en 2010 en la que se advertía del avance del Estado de Bienestar. Ajustando los desembolsos para descontar el efecto de la inflación, el autor encuentra que el gasto social subió a una tasa del 12,6 % anual bajo el mandato de Lyndon B. Johnson, incrementándose a un ritmo del 8,3 % anual durante las Presidencias de Richard Nixon y Gerald Ford, y subiendo a un porcentaje del 3,2 % anual bajo el Gobierno de Jimmy Carter.

¿Han cambiado las cosas? Sí… pero para peor. Un libro relevante para analizar esta cuestión es The Myth of American Inequality, una obra de Phil Gramm, Robert Ekelund y John Early que muestra cómo el 20 % de menor renta recibe ya un monto de transferencias que asciende, en promedio, a 45.389 dólares anuales. Los de clase media tienen, por tanto, incentivos para dejar de trabajar y dedicarse a vivir de este tipo de ayudas. De hecho, los quintiles 2 y 3 ganan más que el quintil 1 en lo concerniente a sus ingresos laborales, aunque el quintil 1 supera su renta disponible merced a la percepción de un mayor volumen de ayudas. Dicho de otro modo, las rentas bajas se convierten en rentas medias vía transferencias sociales, mientras que las rentas medias y medias-bajas terminan con un ingreso efectivo menor por la forma en la que se encuentran diseñados estos programas. En los Estados Unidos, el principio capitalista que insiste en alinear los incentivos con el desempeño ya no aplica. Al ajustar la renta para considerar el efecto de las transferencias, el quintil 1 gana un 10% más que el quintil 2, e incluso un 3% más que el quintil 3.

Además, estas transferencias son financiadas casi íntegramente por los mismos ciudadanos que tienen un nivel elevado de ingresos, pero reciben continuos ataques porque, supuestamente, no pagan suficiente impuestos. Si bien la propaganda anticapitalista insiste una y otra vez en este discurso, los datos muestran que el 0,1 % que más gana paga aproximadamente el 40 % de su renta al Fisco y que el 20 % de mayores ingresos aporta el 83 % de lo recaudado en concepto de Impuesto sobre la Renta, amén del 38 % de los ingresos generados por los distintos gravámenes al consumo, que son impuestos semejantes al IVA europeo que se aplican a nivel estatal y local.

También, es absurdo afirmar que apenas hay regulaciones económicas en vigor y que el mito del “capitalismo de cowboys” sigue en pie. Los anticapitalistas insisten, por ejemplo, en que la crisis financiera de 2008 fue el resultado de una excesiva desregulación; sin embargo, entre 1980 y 2008 hubo 28 cambios normativos en el sector, de los cuales 5 tuvieron una naturaleza desregulatoria, frente al refuerzo legislativo que supusieron los 23 restantes. De hecho, en los mercados financieros que entraron en colapso en 20008 no había nada parecido al modelo laissez faire. Inmediatamente antes de la crisis financiera, el número de reguladores federales dedicados a controlar la actividad de la banca ascendía a 12.190 personas, cinco veces más que en 1960, mientras que el gasto asociado a estas agencias había aumentado de 725 a 2.300 millones desde 1980 hasta entonces (ajustando los datos a la inflación).

El exceso de regulación afecta todos los aspectos de la vida en los Estados Unidos. Con frecuencia, es el producto de la acción de todo tipo de grupos de presión. El Estado de Nueva York, por ejemplo, ha cambiado recientemente los requisitos para estar ocupado como asistente en una barbería o un salón de belleza. A partir de ahora, desempeñar esta función requiere un curso de capacitación de 500 horas cuyo costo medio asciende a 13.240 dólares. El principal cometido que tienen estos asistentes es lavar el pelo de los clientes, aparentemente un complejo arte que todos hacemos con naturalidad a diario… a excepción de los trabajadores neoyorquinos.

Los Estados Unidos está lejos de ser un país de “capitalismo desenfrenado”. Existe demasiada regulación, demasiada deuda pública, demasiados programas gubernamentales de redistribución y demasiados impuestos. Es evidente que en los Estados Unidos necesitan más capitalismo, no menos.


Esta columna apareció por primera vez en nuestro medio aliado El Bastión.

Rainer Zitelmann

Fráncfort del Meno, Alemania (1957). Estudió Historia y Ciencias Políticas entre 1978 y 1983, graduándose con honores. Comienza su carrera académica en el Instituto Central de Investigación en Ciencias Sociales de la Freie Universität Berlin (Universidad Libre de Berlín), donde trabaja entre 1987 y 1992. Posteriormente, ocupa cargos directivos en el ámbito editorial y periodístico, llegando a dirigir diversas secciones del diario Die Welt, uno de los principales periódicos de Alemania, y a desempeñarse como editor en jefe de la editorial Ullstein-Propyläen, en aquel entonces el tercer grupo editorial más grande del país.

En el año 2000 funda su propia empresa: Dr. ZitelmannPB GmbH, especializada en consultoría de comunicación y posicionamiento estratégico para el sector inmobiliario alemán. La compañía se consolida rápidamente como líder del mercado, con una cartera de clientes que incluye a firmas como Ernst & Young Real Estate, CBRE y Jamestown. En 2016 vende la empresa y, desde entonces, se dedica de tiempo completo a la investigación académica y a la escritura.

Zitelmann ha escrito y editado un total de 29 libros sobre historia, política, finanzas y psicología del éxito, publicados en más de 30 idiomas. Entre sus obras más destacadas se encuentran: «The Wealth Elite: A Groundbreaking Study of the Psychology of the Super-Rich» (LID Publishing, 2018), «The Power of Capitalism: A Journey through Recent History across Five Continents» (LID Publishing, 2019) e «In Defense of Capitalism» (Republic Book Publishers, 2023). Sus libros sobre creación de riqueza y mentalidad del éxito tienen un impacto especialmente notable en países como China, India y Corea del Sur.

Obtiene su primer doctorado en Historia en 1986, con la calificación summa cum laude, por su disertación sobre la influencia del socialismo en el pensamiento de Adolf Hitler. En 2016 alcanza su segundo doctorado, esta vez en Sociología, con una tesis centrada en la psicología de los multimillonarios. Actualmente, Rainer Zitelmann es considerado una de las voces más influyentes del liberalismo contemporáneo y colabora de manera habitual con medios de prestigio internacional como Neue Zürcher Zeitung, The Daily Telegraph y Frankfurter Allgemeine Zeitung.

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