Los Alcalduchos Tienen Razón

«Un día cívico impuesto no es democracia, es populismo con disfraz de libertad.»


El 18 de marzo, el Gobierno Nacional, en un acto de descarada politiquería, declaró un día cívico en Colombia. Y no solo eso: también organizó marchas en favor de sus reformas. Pero aquí hay que dejar algo claro: no se marcha por una causa ciudadana genuina, sino por una estrategia electoral encubierta. Y en eso, los alcaldes que se negaron a declarar el día cívico tienen toda la razón.

Nadie niega que el país necesita cambios y reformas estructurales. Pero lo que no se puede aceptar es que se usen estas necesidades como excusa para adelantar una campaña política disfrazada de «movilización social». Es indignante cómo este gobierno manipula a la opinión pública, cómo instrumentaliza la protesta y cómo convierte cualquier mecanismo de participación en una herramienta de agitación política.

La consulta popular que se plantea podría ser un instrumento valioso de democracia directa. Pero, ¿de qué manera se formulará? ¿Cuál serán las preguntas? ¿Se buscará un debate real o simplemente una estrategia para afianzar el discurso del Gobierno? No hay que ser ingenuos. Este Gobierno conoce el juego de la manipulación a la perfección, pero lo que parece olvidar es que la gente ya no se deja engañar tan fácilmente. Escándalo tras escándalo, la ciudadanía se está dando cuenta de que este modelo político no es el más conveniente para el país. La incertidumbre y la politiquería están sobrepasando los límites de lo tolerable.

Protestar es un derecho. Pero una protesta debe ser una expresión del pueblo, no del Gobierno. Cuando es la propia Presidencia la que convoca, el mensaje deja de ser espontáneo y se convierte en propaganda. Y los alcaldes que decidieron no declarar el día cívico lo hicieron con criterio. No hay una razón de fondo para hacerlo, más allá de satisfacer el capricho presidencial.

Estos «días cívicos» afectan la economía. Para un trabajador, un día libre no significa nada en términos financieros. Para un empresario, en cambio, representa pérdidas tangibles. En un país donde la productividad ya es un reto, no podemos darnos el lujo de regalar días de trabajo para satisfacer los intereses de un gobierno que se especializa en la improvisación y el populismo.

No es un secreto que esta «movilización» es parte de una pre-campaña descarada. Y es que, como bien dicen, Petro es un experto en hacer campaña, pero un desastre gobernando. La izquierda, en general, es brillante para prometer, pero torpe para ejecutar. Y lo que está sucediendo ahora solo refuerza la idea de que el futuro del país está en vilo.

El destino de Colombia se definirá en la consulta popular. Por eso, los ciudadanos deben ir a ella con conciencia crítica, no con la falsa esperanza de promesas incumplibles o cambios que solo empeorarán la situación. No podemos dejarnos llevar por la ideología barata, el almuerzo gratis o el discurso populista de siempre. Si el pueblo sale a protestar, que sea por igualdad, justicia y garantías laborales, no porque el presidente de turno lo ordena.

Es lamentable ver cómo algunos marchan sin saber por qué lo hacen, otros lo hacen solo por la comida, y muchos empleados públicos son obligados bajo amenazas veladas. En fin, este país se está volviendo cada vez más bizarro. Pero lo cierto es que los alcaldes que se negaron a seguirle el juego al Gobierno tienen razón: este no es un día cívico, es un acto de politiquería disfrazado de movilización. Y ya es hora de que la ciudadanía deje de ser tan estúpida y deje de darle la razón al gobierno en todo.

Brahian Steveen Fierro Suárez

Soy Colombiano, profesional en Ingeniería Industrial y Administrador de Empresas. Actualmente estudio Administración pública Territorial e Ingeniería Civil. Me gusta mucho Escribir, leer, estar al día en temas relacionados con Ingeniería y Administración.

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