Las elecciones también son un examen de liderazgo

“Las elecciones no solo cuentan votos: revelan qué tipo de liderazgo logra generar confianza.”

Camino a casa desde UNIMINUTO suelo encender el radio y escuchar un poco de lo que a diario acontece; por estos días el tema no podía ser otro: la conformación del nuevo Congreso en Colombia y esto llevó también a una serie de reflexiones que tiene sentido abordar en este espacio. Las elecciones suelen analizarse desde la ideología, las coaliciones o los resultados numéricos, se cuentan votos, se comparan bancadas y se interpretan tendencias, pero si uno observa con cierta distancia, los procesos electorales también revelan algo más profundo: cómo se están tomando decisiones colectivas en una sociedad.

Las elecciones legislativas del 8 de marzo de 2026 en Colombia no solo redefinen la composición del Congreso, también ofrecen un laboratorio interesante para observar tres dimensiones que atraviesan mis columnas con frecuencia: liderazgo, estrategia y comunicación. En política, como en las organizaciones, las decisiones no ocurren en el vacío, se construyen a partir de narrativas, percepciones y relaciones de confianza, es así como un candidato puede tener una propuesta sólida, pero si no logra comunicarla de manera coherente o construir una identidad reconocible, su estrategia difícilmente prosperará. Aquí aparece una primera lección que trasciende la política: la estrategia no es solo lo que se planea, sino lo que las personas comprenden y recuerdan. Muchas campañas electorales invierten grandes recursos en visibilidad, pauta y presencia mediática, sin embargo, no siempre logran algo más importante: conectar con la forma en que las personas interpretan la realidad; lo mismo ocurre en el marketing empresarial, no basta con tener datos o presupuestos; se necesita claridad narrativa.

En el mundo organizacional solemos hablar de propuesta de valor, en política ocurre algo similar, los candidatos que logran posicionarse con mayor claridad son aquellos que consiguen responder tres preguntas de manera simple: ¿quiénes somos?, ¿qué problema queremos resolver? y ¿por qué confiar en nosotros?, cuando esa claridad no existe, la campaña puede volverse un ejercicio de ruido: mucha presencia, muchas promesas, pero poca dirección estratégica.

También el liderazgo queda expuesto en este tipo de procesos, mientras en las organizaciones solemos asociarlo con la capacidad de coordinar equipos y alcanzar objetivos, en una campaña electoral el liderazgo se pone a prueba en algo adicional: la capacidad de movilizar confianza en contextos de incertidumbre y es que, precisamente, las personas no votan sólo por programas o propuestas, también votan por percepciones de coherencia, credibilidad y capacidad de decisión y esa lógica no es muy distinta a la que ocurre en las empresas cuando un equipo decide seguir o no a un líder. Por eso los resultados electorales también pueden leerse como una señal sobre qué tipo de liderazgo logra resonar con la sociedad en un momento determinado, no necesariamente el más visible, ni siempre el más ruidoso, sino el que logra construir una relación de confianza suficientemente fuerte.

Quizás la lección más interesante para quienes observamos las organizaciones es esta: las campañas electorales, como las estrategias empresariales, funcionan cuando existe coherencia entre lo que se dice, lo que se hace y lo que las personas perciben. Cuando esa coherencia se rompe, ni el presupuesto ni la visibilidad alcanzan para sostener la confianza y en ese sentido, las elecciones no solo deciden quién ocupará un cargo público, también muestran qué tipo de liderazgo y qué tipo de narrativa logran movilizar decisiones colectivas en una sociedad y entender esa dinámica es útil no solo para la política, sino también para quienes dirigen empresas, construyen marcas o forman futuros líderes, porque al final, decidir en una democracia o en una organización implica algo similar: confiar en alguien que deberá asumir las consecuencias de sus decisiones.

“Las organizaciones no fracasan por malas decisiones, sino por líderes que dejaron de pensar antes de decidir.”

John Jairo Rico

Administrador de Empresas, especialista en Mercadeo y magíster en Administración Gerencial. Docente universitario y directivo académico con más de diez años de experiencia en gerencia educativa. Escribe sobre liderazgo, mercadeo, emprendimiento, educación y gestión organizacional, conectando la reflexión académica con la realidad empresarial y social. Sus columnas invitan a cuestionar cómo tomamos decisiones, dirigimos organizaciones y formamos a quienes las liderarán.

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