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La música, entre lo emocional y lo racional

Todas las artes, así como los oficios a que dedicamos nuestras vidas, están enmarcados dentro de espacios intelectuales claramente definidos, aunque muchas veces ocultos bajo el manto de otras percepciones. Es así, como todo lo que nos rodea, sea físico o inmaterial, lleva inmersa una gran dosis de nuestro esfuerzo mental e intelectual para que funcione de tal o cual manera, según nuestras necesidades y criterios. ¿Y por qué comenzar a hablar de música por este planteamiento?, pues porque este es el sendero que todos conocemos y muchas veces no percibimos con total claridad por estar ocupando nuestra atención en asuntos de diferente naturaleza. Este es el sendero por donde se desenvuelve la concepción de las diferentes artes y oficios. Me explico, como centro de toda creación, sea artística o no, existen elementos que desglosan el todo de lo que conocemos en pequeñas partículas sin las cuales unas no podrían vivir sin las otras, sea la actividad que sea, quien la ejerce debe conocer sus detalles mayores y pormenores para lograr obtener resultados satisfactorios. Este primer momento en la comprensión musical lo llamaremos el aspecto emocional, y será de este donde germinará la primera imagen de lo que posteriormente constituirá la obra final. Después vienen la coherencia metodológica y la coherencia racional. Elementos indispensables que deben desarrollarse simultáneamente para dar cuerpo a esa primera impresión musical que se presenta como una simple figura melódica. En las líneas siguientes procedo a exponer lo que a mi entender consiste en un proceso de comprensión y creación musical desde lo emocional hasta lo racional para llegar finalmente a la composición de una pieza musical.

Observemos en primer lugar en que consiste el aspecto emocional dentro de la música. Pues bien, como de sobra es conocido que las artes, siendo una de ellas la música, fueron concebidas entre otros fines, para complacer a todo aquel que tenga la posibilidad de percibir por sus sentidos tales manifestaciones. Dicho trabajo es realizado por quien produce la música, llámese compositor a quien la escribe e intérprete quien la toca o reproduce a través del instrumento para el cual se ha preparado durante años. Entonces podríamos decir que el aspecto emocional no es más que ese llamado “momento de inspiración”, o “llegada de la musa de inspiración”,  justo cuando se presenta con pequeñas frases musicales, sean pocas notas o tal vez unos pocos compases. Ya en este momento se identifica una primera imagen de lo que constituirá la obra final. Es como si se presentara una imagen fotográfica, que simplemente muestra las características morfológicas del sujeto, pero no son el sujeto, carecen aún de personalidad, de cuerpo, de materialidad sensorial y por qué no, espacial. Se percibe en ese primer momento la energía o la pasividad intencional de las emociones reflejadas en el orden y duración de las notas que componen ese pequeño esbozo melódico, dando al compositor una primera luz sobre elementos que permitan la concepción de la obra con una estructura definida, representada esta en las tonalidades, resultando más oportunas algunas que otras dependiendo en gran parte de la intención emotiva que se le quiera imprimir a la composición, valiéndose para esto de tonalidades mayores o menores, y de acuerdo a estas, de acordes que soporten tal fuerza intencional que se pretende imprimir a la pieza musical.

Llegados al punto donde nos encontramos, se detiene casi por completo en muchos casos ese aspecto emocional inicial, para dar paso a elementos concretos, claros, definidos dentro de la composición musical, como lo son la coherencia metodológica y la coherencia racional de la composición. Es allí, donde cada compositor echa mano de las herramientas que el mundo de la música le brinda, tales como la armonía, el contrapunto, las alteraciones, tonalidades, matices, etc. Todo esto para lograr formar ese cuerpo estructurado de la composición. Tomemos por un segundo el arte de la cocina como comparación. Digamos que la pieza musical es como un plato exquisito, compuesto de diversos ingredientes. Ahora bien, el hecho de que hayamos hecho un fino platillo, el mismo no le quita a cada uno de los ingredientes su naturaleza, sin embargo, el secreto fundamental para que el mismo una vez preparado tenga éxito, radica en la forma como fueron mezclados cada uno de esos ingredientes, así como en la calidad y la cantidad empleada para su cocción. Esa coherencia metodológica y racional en la preparación de un todo a partir de unidades pequeñas es de la que quiero hacer referencia. Igual ocurre en la música, después de tener la melodía inicial, continua el trabajo de construcción haciendo uso de la armonía, tomando unos acordes u otros para mezclarlos entre sí, dando como resultado una pieza que transmite ciertas emociones específicas, alegres unas, melancólicas y tristes otras.

Entonces vemos ahora, que una vez ha comenzado el compositor a desarrollar el trabajo de creación musical, debe hacer uso de esos elementos de la coherencia metodológica y de la coherencia racional, pues la música, como las demás artes, no son simplemente brotes de inspiración divina, sino grandes trabajos de estudio, para la comprensión y aplicación de las reglas establecidas para el correcto moldeamiento de la obra, es así como en la pintura el pintor debe conocer de composición, teoría del color, proporciones, perspectiva etc. El músico debe conocer de armonía, contrapunto, tonalidades, escalas, figuras melódicas y matices, y en realidad para la aplicación de tales herramientas, el compositor, y de hecho también el intérprete, han debido con anterioridad dedicar muchas horas de estudio y trabajo para desarrollar esa coherencia de que hablamos en el presente artículo. Nadie está en capacidad de crear sobre aquello que no conoce, o realizar tarea alguna en la que no se ha capacitado debidamente.

Es de esta forma que yo en mi caso particular, he logrado entender la música de otra forma, como un conjunto de elementos hermosos que se van entrelazando unos con otros para formar un todo lleno de vida propia, donde cada elemento es una forma en particular que le da ese sello único e inconfundible a cada pieza, a cada compositor, mostrándose como una infinita paleta de oportunidades sonoras para el disfrute auditivo encontrando cada vez nuevas armonías, nuevos estilos, nuevas corrientes que nutren nuestro diario vivir y la reminiscencia de lo ya vivido.

Esto fue escrito por

Alejandro Alberto Arroyave López

Alejandro es estudiante de ultimo semestre de Derecho vinculado a la rama judicial. Ha estudiado musica en Bellas Artes y en la escuela Popular Artes. Apasionado de las artes plásticas y de la literatura.