Opinión

La memoria histórica en la trascendencia del ser humano

La historia y la memoria son pilares fundamentales para la existencia de un hombre y su conciencia; pero a su vez es la contrariedad del progresar de una humanidad, puesto que cada objeto, cosa, lugar, pueblo o persona dependen de sus acontecimientos y hechos para narrar en un presente un conocimiento asertivo permitiendo que el individuo se trasforme por medio de su experiencia y así recordar solo aquellos hitos de la historia contados a otros, como sucesos y vivencias. Y hacer de la historia monumental un punto en el camino. De esta forma le posibilita al hombre verse reflejado y contemplar la felicidad que lleva el andar en un presente más liviano sin cargas ni apesadumbrado por la historia, no me refiero a una ahistorisidad, si no el poder tomar de la memoria histórica elementos para la proyección de un presente futuro y poder sentir el progreso de una humanidad más sana, sin la miseria del solipsismo, puesto que no solo dependemos de sí mismos si no de la historia de nuestros antepasados.

Reik” desarrolla su teoría de la memoria se mueven (sic) totalmente en línea de la distinción proustiana entre la reminiscencia involuntaria y la reminiscencia voluntaria. La función de la memoria en dicho autor es la protección de las impresiones, pues el recuerdo tiende a su deterioro. La memoria es en lo esencial conservadora, mientras que el recuerdo es destructivo” (Theodor Reik,195, p.132) al referirse a la protección de las impresiones se explica a la memoria consiente que posee un sujeto en el momento que una imagen o un objeto lo transporta a un suceso de experiencia vivencial a través de su historia, esto es llamado según Reik memoria voluntaria.

La proposición fundamental planteada por Freud donde se fundamentan las elaboraciones señaladas formulaba la siguiente hipótesis “la conciencia surge justamente en el lugar de la huella de un recuerdo” (Freud,1923, p.31) dicho esto los recuerdos deben ser experiencias mínimas pero significativas para ser recordadas en el sujeto.

Freud no encuentra ninguna diferencia entre los conceptos del recuerdo y la memoria respecto al presente.

Para Valery “el recuerdo es un fenómeno elemental, que tiende a concedernos el tiempo necesario para la organización” (1935, p.264) y pueden contribuir de igual manera el sueño y el recuerdo; quiere decir que la experiencia que ha adquirido el sujeto mediante vivencias pasadas y pueden ser recordadas mediante pequeños fragmentos de shock, el cual presenta cortos recuerdos a la memoria, esto trae a colación experiencias involuntarias que ha adquirido la persona a través de los tiempos, así pues Baudelaire define el shock de las personas en “experiencias táctiles, las cuales son generadas por aparatos o cámaras de recuerdo- cámaras fotográficas, y experiencias ópticas las cuales son anuncios publicitarios o de un periódico”(2001,p.234). Es decir, las define de manera tecnológica y visual, donde el sujeto interpreta toda saturación de imágenes sea de panfletos, publicidades y fotografías o bien sea en medios de comunicación.

Podríamos entonces abordar este concepto de memoria como un mecanismo de interpretación de todo aquello que nos rodea, impulsa a sentir y pensar un momento de experiencia vivencial. Baudelaire nos habla así del hombre que se sumerge en una multitud como en una reserva de energía eléctrica. Lo define circunscribiendo con ello la experiencia que es propia del shock.

Goethe Cuando antes en el curso de la vida fórmula uno un deseo, cuanto mayor perspectiva tiene de que se cumpla, y cuanto más lejos alcance su deseo en el tiempo, tanto más puede esperar su cumplimiento. Mas lo que lleva lejos en el tiempo viene a ser sin duda la experiencia, la cual lo llena y articula. Y por eso mismo el deseo cumplido es la corona reservada a la experiencia (1979, p.310).

Se concibe en el autor que el tiempo transcurrido de un sujeto para alcanzar una meta o un objetivo, todo ese recorrido de intermitencia y obstáculos hasta llegar al fin de su deseo es para Goethe la memoria de la experiencia vivenciada. De este modo Henry Bergson” precisa la memoria decisiva para la estructura filosófica de la experiencia. Y de hecho en efecto, la experiencia es cosa de la tradición, lo mismo en la vida colectiva que en el interior de la vida privada” (1896, p.2019-2010).

Dicho con otras palaras la experiencia está relacionada con la tradición, la historia que llevan nuestros antepasados, y la experiencia que estos trasmiten en el momento de recordar y traer a colación momentos significativos de la memoria de una ciudad, un pueblo y de su vida personal.

Proust plantea que la memoria involuntaria es aquello que no ha sido vivenciado con conciencia y explícitamente, es decir, aquello que el sujeto no le sucedió como vivencia; en consecuencia, los acontecimientos y vivencias se pueden brindar a manera de shock según recuerdos o sucesos experimentados por el sujeto, como lo plantea Valery mas no como experiencia vivencial de la memoria voluntaria.

Los autores argumentan la memoria en diferentes apreciaciones, Bergson utiliza dos conceptos de memoria como son la experiencia y la tradición que conlleva a la memoria voluntaria por el trayecto histórico que posee el individuo pueblo o sociedad; mientras que para Proust la memoria es involuntaria por que ha sido vivenciada sin conciencia. Así pues, los actos se pueden presentar consiente e inconsciente en el sujeto.

En Valery el recuerdo se presenta de una forma de Shock lo cual da a entender que es una memoria involuntaria puesto que solo llega por pequeños fragmentos de reminiscencia al sujeto. Esto conlleva a que se presenten pequeñas impresiones “Shock”, que estimulan en la memoria del individuo hechos vivenciados y que son recordados a través de la manifestación de los sueños dando un carácter de vivencia en sentido eminente y Freud plantea entonces que la memoria involuntaria   y voluntaria son para el sujeto la misma experiencia vivencial al momento de traer al presente un recuerdo.

De lo anterior puedo decir que la memoria en el sujeto se manifiesta de dos formas, la memoria involuntaria y la memoria voluntaria. La involuntaria es aquella en la que el individuo no ha vivenciado o experimentado su propio conocimiento, en este caso su aprendizaje fue generado por la observación mas no por la realización, la voluntaria es la que lleva al sujeto a vivenciar y experimentar el conocimiento por medio del aprendizaje, generado por una idea o un suceso propio en la práctica del trabajo, en este caso de la experiencia. Este tipo de memoria voluntaria es la que guía al individuo a generar nuevas ideas y nuevos recursos para no desaprender en sus quehaceres si no aprender a mejorarlos con sus propias capacidades y conocimiento; ayudando a una sociedad histórica a construir por medio de un pasado un mejor presente, hechos y recuerdos.

En palabras de Goethe “la historia cobra vida en la medida en que se siente y se es consciente vivirla, de lo contrario se caería en una actividad superflua” (2001, p.240). Es decir que necesitamos a la historia para la vida y para la acción, aunque en realidad, no para su cómodo abandono, ni para pailar los efectos de una vida egoísta y de una acción cobarde y deshonesta.

Cada sujeto es responsable de su pensamiento y su actuar como protagonista esencial en la historia de un pueblo, sociedad o cultura.

“Lo ahistórico y lo histórico son en igual medida necesarios para la salud de un individuo, de un pueblo o de una cultura” (Nietzsche,1874, p.45)

Así las cosas, los seres humanos somos acomodados a las circunstancias históricas, a la historia que nos pueda servir para así extraer de sí misma una experiencia que conlleve hacer cambios en nuestra trayectoria vivencial.

La historia en la memoria de un sujeto puede llevar a la felicidad si este permite seleccionar lo que desea recordar; “así el hombre pregunta al animal ¿Por qué no me hablas de tu felicidad y únicamente me miras? El animal quiere responderle y decirle: esto pasa por que siempre olvido lo que quisiera decir. Entonces, también se olvidó de esta respuesta y callo, de modo que el hombre se quedó asombrado” (Nietzsche,1874, p.40). La memoria de lo histórico juega un papel fundamental en la felicidad del individuo así que si él permite memorizar cada fragmento de su vida no será feliz y sucederá como la analogía   del animal donde es feliz porque al escuchar la pregunta ya ha olvidado la respuesta, lo cual deja perplejo al hombre quien lleva a sus espaldas el peso de su pasado, de su historia no permitiéndose recordar solo lo verdaderamente vivido.

A diferencia del niño que solo posee las primeras nociones inconscientes de su pasado jugando en un presente impredecible donde a futuro esa dicha, alegría o felicidad tendrá que ser perturbada, cargando a cuestas la memoria histórica de sus acontecimientos.

“Lo ahistórico es, pues, semejante a una atmosfera envolvente en la que se desarrolla únicamente vida, pudiendo esta desaparecer si esta atmósfera se destruye”

Somos lo que vivimos, experimentamos, compartimos comunicamos, toda esta amalgama de historias vividas o contadas hace de lo que somos, hombres del pasado; viviendo el presente siempre saturados queriendo liberarnos, pero al mismo tiempo a la incertidumbre de olvidar y recordar.

Llamémosles hombres históricos. Su mirada fija en el pasado los empuja hacia el futuro, estimula su valor para medirse más tiempo con la vida, y poder hacer de ella una experiencia memorística de poder cambiar, viviendo un nuevo presente y recordando solo aquello que lo puede impulsar y motivar a vivenciar una trayectoria existencial.

Una idea Nietzscheana es que la historia de la humanidad debería conllevar sobre todo el valor a ser sincero, aunque fuera un necio sincero. Solo a través de la sinceridad puede verse la miseria que arrastra el hombre moderno.

El hombre histórico en su afán de progresar se olvida de sí mismo.

Según Kant “Sin pasiones egoístas la humanidad nunca progresara”.

La memoria de la historia humana hace al hombre progresar, siempre y cuando este sepa diferenciar qué historia recordar, ya que el pasado es una historia que permite ser criticada y sentenciada, pues asiente ver la injusticia de mantener la existencia de unos privilegiados, y por otro lado permite la ruptura total con el pasado puesto que nosotros mismos somos el producto de las equivocaciones; forjando al hombre moderno hacer de su historia una crítica para su propia historia.

Judith Butler nos menciona un concepto de violencia, donde nos explica que tanto influye una persona o una sociedad en la vida de una persona común.

La violencia es seguramente una pequeña muestra del peor orden posible, un modo terrorífico de exponer el carácter originalmente vulnerable del hombre con respecto a otros seres humanos, un modo por el que nos entregamos sin control a la voluntad de otro, un modo por el que la vida misma puede ser eliminada por la acción deliberada de otro (Butler, p. 55)

El hombre se constituye políticamente en virtud de la vulnerabilidad social de nuestros cuerpos e historia, ya que la memoria que trae a cuesta, ese peso de su pasado lo estigmatiza y lo sentencia a vivir y posiblemente repetir vivencias de sus antepasados. No queriendo sentirse solo y diferente, pues vive su duelo de no poder ser lo que quiso ser, sino más bien vivir y complacer lo que desde pequeño le quisieron imponer.

Aunque este lenguaje pueda establecer adecuadamente nuestra legalidad dentro de un marco legal establecido por una versión liberal de la ontología humana, no le hace justicia a la pasión, a la pena y a la ira –a todo aquello que nos arranca de nosotros mismos, nos liga otros, nos transporta, nos desintegra, nos involucra en vidas que no son las nuestras, irreversiblemente, si es que no fatalmente. (Butler, p. 51)

Butler menciona que el sujeto desde que nace ya está vulnerable a la violencia del pasado y presente de sus padres, pues estos inculcan en la vida de su primogénito lo que le depara la vida y lo que debe de hacer para vivir en ella. Este concepto se puede articular al explicado en párrafos anteriores de memoria histórica, ya que de lo mencionado el hombre y su contexto son parte fundamental de la trayectoria de su pasado repitiéndolo en cada generación hasta que este se rebele.

La memoria histórica es la vulnerabilidad de cada individuo al nacer pues esta  tiende a repetirse, ya que nuestros padres repiten patrones y nos dan a conocer el mundo de esa única forma, está en el hombre repetirla o no, y someterse a la vulnerabilidad social o de su propia familia en no quererla vivir y hacer un punto intermedio para así construir su propia historia, su presente y solo conservar aquella memoria significativa que le ayude a adquirir la experiencia necesaria para su trayectoria vivencial, haciendo de la memoria una historia crítica y  romper con el pasado ya que cada época anterior es digna de ser criticada y sentenciada. Por un lado, permite vislumbrar la injusticia de mantener la existencia de unos privilegios, de una casta y de una dinastía cuando tales elementos merecen su desaparición. Por el otro existe el peligro de querer una ruptura completa (duelo) con el pasado puesto que nosotros mismos somos el producto de las equivocaciones y pecados de lo anterior. Por mucho que lo condenemos, no podemos olvidar que procedemos de ese pasado.

Esto fue escrito por

Julián Esteban López Henao

Magister en Ciencias de la Educación, profesional licenciado en Educación artística y cultural, Normalista pedagógico, con 10 años de experiencia en el campo de la docencia, trabajando con grupos diversos en edad y contexto social, buscando estrategias de vinculación familiar y promoviendo el sentido crítico del arte. Actualmente vinculado al centro de investigaciones de la Universidad San Buenaventura en el macro-proyecto de Representaciones sociales sobre ser maestro en estudiantes de educación.