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Mi travesía del día no finaliza, se hace larga y mis piernas me lo hacen saber; sin embargo, el hecho de que el final de camino se acerca me anima. Voy por la unidad Atanasio Girardot, no es día de futbol y eso me permite andar sin problemas, sin que alguien demasiado drogado me esté pidiendo dinero para completar la boleta, sin que no haya espacio en los andenes, sin que tenga que soportar la estridencia de una trompeta directamente en mi oído y no es que no entienda lo importante que es aquel ritual para la gente de la ciudad, pero no es algo que hoy mueva mis fibras.
No debo caminar mucho para estar cerca de la cuarta brigada y entonces vienen a mi cabeza tiempos pasados no necesariamente tan agradables, pero igualmente tampoco carentes de algún grato recuerdo, simplemente eran tiempos de guerra y de conflicto debo aclarar y es que esta historia a diferencia de las anteriores, no solo la presencié, sino que incluso, la sobreviví.
ESTANCAMIENTO
La ciudad en los sesenta habia comenzado a apagar el motor de su crecimiento, si bien seguía siendo el bastión industrial del pais, la ciudad iba cambiando, ya no eran los tiempos en que las personas conseguían empleo apenas salían de la universidad, comenzaron a quebrar las textilerías y manufactureras, la nueva generación de empresarios se conformaban, con espíritu despreocupado y desconectado de la realidad que los rodeaba enterraban el espíritu creador y comprometido de sus ancestros, posiblemente pensando con algo de justicia, que no era su deber personal resolver los problemas de una sociedad de la cual cada vez se alienaban más, sin ser conscientes de que como el tio Ben le dice a Peter Parker, un gran poder representar una gran responsabilidad.
No ayudaban los anteriores aristócratas, no ayudaban los tiempos. La economía colombiana además de la dependencia del café y ese incipiente mercado interno, no presentaba mayores perspectivas en un mundo de post guerra que se globalizaba a pasos agigantados, no era precisamente una época para nadar de espaldas a la realidad. Recién habíamos visto la carrera espacial culminar con la caminata lunar, el sueño del espacio y del futuro era algo que llenaba la mente de mi generación o eso creía yo pues la cruda realidad tiempo después me revelaría que mucha gente tenia su cabeza libre de sueños, poseída por la frustración.
CRISIS
Algo que si evolucionaba en la ciudad era la conciencia del mundo exterior, en el cine y la televisión se veían series y películas donde las personas se enteraban del paraíso consumista que era el mundo a finales del siglo veinte y muchos desearon ese mundo opulento contrastante con la austeridad, hasta entonces, propia del pais. Tristemente la realidad económica iba en contravía con ese deseo, pues la economía estancada de la época no colaboraba, no importaba que lograras una profesión o llegaras sin nada de la ruralidad, se encontraban en una ciudad con un desempleo creciente lo que alimentaba más la frustración. Tambien hay que decir que la violencia ya comenzaba a ser un factor crítico en Antioquia, que si bien no habia sido tocada tan fuertemente por la época de la violencia partidista, ahora como el resto del pais, veía cómo esta se iba extendiéndose progresivamente.
No solo la violencia política producto de los problemas estructurales de la nación, en conjunto con la confrontación de la guerra fría, amenazaban con desatar la tormenta en el vecindario. De la mano de la contracultura llegó al mundo la popularización de las sustancias psicoactivas, tanto entonces como hoy ilegales. En el pais y en la ciudad muchos vieron la oportunidad negada por el sistema de obtener el ascenso social negado: las nuevas prendas y los nuevos zapatos de moda, la cantidad de nuevos electrodomésticos, los autos y dispositivos electrónicos cada vez más novedosos, todo aquello que prometía la cultura consumista de la época y esto sería un karma que aun hoy no logramos superar.
Esta nueva y extraña bonanza afectó a cada sector de la sociedad de forma diferente: para mucha gente de los sectores más deprimidos y vulnerables era la redención negada, para las clases más altas una novedad de la que algunos se valieron muchas veces sin necesidad y para la clase media posiblemente una mezcla de ambas, contrastante con cierta indiferencia y expectativa, mientras esperaba no caer en un entorno de quiebra constante y empleo precario.
Todo comenzó con la marihuana a finales de los setentas, pero escaló rápidamente a la cocaína a principios de los ochentas y esta se producía en cantidades industriales para satisfacer el deseo incesable de los yupis neworkinos y del resto del mundo en esos instantes de nihilismo despreocupado. así mismo tambien estaban en esos abismos de muchas ciudades occidentales, cantidades crecientes de personas se hundían en un abismo sin fondo.
Todo negocio ilegal trae dos cosas: grandes ganancias y grandes problemas. Es difícil que alguien se vuelva forajido sin la promesa una enorme ganancia, una enorme necesidad o ambas, asi mismo en ese mundo de la ilegalidad donde no existe un árbitro que sea escrutable por la sociedad termina imperando la ley del más fuerte, la teoría de competencia y evolución de las especies de manera tan palpable que ya lo hubiera querido Darwin estudiar. la crisis como la prosperidad, estaban a la vuelta de la esquina.
LA CIUDAD DE LOS OCHENTA
Medellin es una ciudad que no se apegaba al pasado y que al menos físicamente se transforma de manera frenética, la arquitectura ochentera podía ser ostentosa imitando suburbios de las ciudades norteamericanas o mansiones que mezclaban diversos estilos o incluso una suerte de barroco paisa, aparece el centro comercial como lugar de reunion y de culto de la nueva religión del consumo y pesar de la crisis la ciudad se veía prospera en la parte baja del valle, pero las barriadas se extendían hacia las montañas y en ellas la precariedad se extendía con furia. Los medellinenses se habían acostumbrado a estrenar ciudad cada diez o veinte años quedando escasos remanentes del pasado, que, aunque glorioso, debía dar el paso al costado pues al pasado pisado solían decir. Pero si físicamente la ciudad cambiaba, su alma continuó atada a su pasado y sus tradiciones ancestrales, con todo lo bueno y malo que ello representaba.
Los contrastes entre la ciudad que tenían y lo que ahora se podía ver en los medios de comunicación, que como vimos mostraba otra realidad que todos comenzaron a desear. Los ochentas fueron en el mundo occidental una época de prosperidad en el primer mundo, pero tambien gasto, exceso e incluso de cierto hedonismo y todos queríamos poseer todas esas cosas que se hacían parecer como indispensables, el hippie californiano habia dado paso al yupi neoyorquino como paradigma.
Las ropas eran holgadas y vistosas, peinados con grandes cantidades de laca. la cultura pop en su esplendor, apareció el skate, las grabadoras y los walkman, los juegos de arcadia y una que otra persona tenia acceso a las primeras consolas o algún computador, pero no en las barriadas donde las añoraban desde lejos seguramente generando frustración. Ahora todos deseaban ese nuevo mundo, pero no a todos les era permitido alcanzarlo, la narco cultura comenzó su ascenso en ese panorama de estancamiento del entorno y el paraíso prometido por el otro, la ruidosa ostentación se convirtió en norma e incluso, en obligación.
En la radio se podía escuchar glam y hard rock, pop, algo de heavy metal y por primera vez el rock en español como coletazo de la movida madrileña y las bandas del sur del continente, se sigue escuchando la música que imperaba en los setentas, las baladas y la música tropical, tambien la escena urderground comienza a tener sinergia con la dura realidad de la ciudad. aparecían kraken, Parabellun, estados alterados y muchas más, pero tenían dura la competencia con los ritmos más tradicionales, asi que vivamos ese conflicto entre una cultura muy conservadora contra otra que no encajaba en ese mundo tradicionalista. Los contrastes entre el pop que retrataba las cosas más simples y cotidianas y la estridencia y crudeza del metal y el punk se enfrentaban tambien porque como diría siniestro total, más valía ser un punki que cualquier maricón de playa. tambien las temáticas callejeras de la salsa creaban un contraste que coloreaba el cuadro de la tragedia en ciernes.
UNA NUEVA REALIDAD
Las tensiones y los deseos, la frustración, la parálisis y la desidia se mezclan en ese mundo tan contrastante. Vehículos no antes comunes, camionetas, personas vestidas con extrañas y coloridas prendas, joyería extravagante, cargados de dólares y armas. Mágicos les comenzaron a decir y todo el mundo sabía de dónde venía todo ello. La cocaína salía, regresaban los dólares, compraban de todo y a todos, muchas de las personas de la ciudad los veían como salvadores, incluso la clase más alta, que, aunque con reparos no podía aparatarse de la bonanza cocalera.
Como en todo negocio ilegal y por ende no regulado, el narcotráfico por principio está regido por la ley del más fuerte asi que comenzaron a sucederse las vendettas en aumento progresivo, pero que no preocupaban a las personas que simplemente lo veían como un accidente laboral, como un hecho atribuible a levantarse con el pie izquierdo, el plata o plomo se comenzó a convertir en la consigna mientras se cooptaba el establecimiento y cuando este no lo permitía, se le aniquilaba; pero no solo el establecimiento, a toda la sociedad en general.
Pablo escobar, los Ochoa, Ledher, el Mexicano y muchos otros más, legiones completas que cada vez se comportaban más como los dueños del mundo y cuando el mundo les dijo que no, decidieron que no podía aceptarse ello y declararon la guerra a toda la sociedad, después de comprarlo todo deseaban el poder, pero el poder es algo que trasciende al dinero, pues con el poder es posible conseguir dinero más el poder es la capacidad de hacer y decidir por lo que el poderoso no se deshace de él tan fácil.
EL HOLOCAUSTO
La metamorfosis de emprendedores exitosos en negocios que nadie conoce, pero todos sabían de qué se trataban, que pasarían a ser supuestos patrones altruistas y paternalistas, los Robin Hood de turno y llegando a autócratas del bajo mundo, deidades frustradas de un paraíso bizarro, transcurrió muy rápido. En cuestión de años se evolucionó de las vendettas al asesinato de funcionarios públicos, del asesinato de funcionarios al magnicidio, del magnicidio a los atentados terroristas indiscriminados, las bombas y el terror absoluto. las muertes fueron escalando vertiginosamente hasta llevar las tazas de asesinato a niveles de demencia.
El 1991 se la taza de homicidios llegó a 395 asesinatos por cada 100.000 habitantes, mas de 6000 en ese año, mas de 27.500 asesinatos en el pequeño periodo de tiempo que va de 1989 a 1993. En las barriadas la enorme frustración y pobreza que sentían las personas sobre todo las más jóvenes hizo que fueran reclutados fácilmente para participar de la locura desatada, bandas o combos como se le llamaron aparecían por todos lados y se volvieron el foco aspiracional de una generación que crecía sin uno. No solo mataban por encargos del patrón del mal, sino que además se mataban entre sí por la más minina razón, solo importaba ser algo ante el grupo, ante la comunidad, ante la chica de la esquina con la que pronto tendría un hijo que quedaría huérfano antes de nacer.
Nadie se libraba del caos, cada persona o algún conocido podía ser robado, secuestrado, caer en un bombazo, asesinado por cualquier motivo o cualquier otra tragedia imaginable. El desastre trascendió las fronteras de la ciudad, pues terminó siendo el chivo expiatorio de un problema global del cual nadie hasta hoy quiere aceptar su verdadera responsabilidad, lo cierto es que terminaron narcos, estado e incluso la DEA metidos en un remolino que se tragaba a todo el mundo en una vorágine de sangre.
El dos de diciembre estaba preparándome para mi último día de servicio militar, habia visto de primera mano el holocausto en su punto culminante como si hubiera visto al diablo a los ojos. Inicié en la policía como auxiliar, pero en el desarrollo de la guerra habia una recompensa por cada policía que cayera asesinado y ante ese panorama era inviable seguir allí, asi que nos enviaron al ejército para suplir la falta de la fuerza policial ahora encerrada en sus estaciones y hacer presencia en las zonas más conflictivas de la ciudad, pablo escobar se habia fugado de la catedral hace más de un año, fue cercado lenta pero irremediablemente hasta que ese día cayó.
Extraña coincidencia, pero luego del enorme barullo en la cuarta brigada donde estábamos, llegamos al entonces llamado fuerte Palermo de donde a las tres de la mañana nos echaron a la calle para que llegáramos a nuestras casas como pudiéramos para dormir una o dos horas, llegar a la mocha como se llama la ceremonia del fin del servicio militar y por fin poder continuar con nuestras vidas, algo que como yo tambien la ciudad anhelaba.
CATARSIS
No se puede decir que la ciudad recuperó el halo del pasado, ni siquiera que haya recuperado de un momento a otro la tranquilidad de antaño, pues la ciudad ya habia dado un paso hacia adelante, habia muerto la inocencia y seguramente no fue de una manera pacífica. Se dice que los chinos suelen maldecir a sus enemigos de una forma muy ceremoniosa, deseándoles tiempos interesantes. Seguramente los vivimos y seguramente tambien seguimos adelante.
Es muy posible que hayamos caído en la tumba que nosotros mismos cavamos, que cumplimos como el héroe clásico con el ciclo de híbris, caída y ya la catarsis llegaba. La ciudad ya caminaba hacia otro destino aunque todavia la tragedia no habia terminado, pero eso ya es parte de otra historia.












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