La izquierda no tiene quien la salve

Foto: republicanaradio.com

En el país se ha vuelto un lugar común que los partidos de izquierda busquen todos su propio camino. Las alianzas interpartidistas y la elección de un candidato único que represente las posiciones de la izquierda en una sola candidatura, son solo un deseo de aquellos que quieren ver una opción de peso que pueda competir contra los otros partidos que, sin pensarlo dos veces ni volver la unión un tema de principios, se unen fácilmente y lanzan un candidato en coalición.

La situación que se vive al interior de los partidos de izquierda es aquella que busca tener la razón y ser mejor que el contrincante. Al estar dividida en partidos de poco caudal electoral, pero de convicciones políticas y filosóficas tan fuertes, los partidos se convierten en una especie de sectas, que veneran y alaban a sus elegidos, pero consideran que los elegidos de las demás no son lo suficientemente buenos, puros ni representan lo que su partido busca para la dirección del país, departamento o ciudad. Situación que genera una pequeña cantidad de partidos con ideología más o menos similar, que compiten entre sí para quitarse los votos; quitándose mutuamente la oportunidad de capitalizar todos los votos afines en una sola candidatura de peso.

Esta posición “sectaria” de los partidos, se refleja igualmente en los votantes, quienes, en la búsqueda del candidato con la mejor hoja de vida, mayor experiencia en el sector público y ausencia de escándalos o casos posibles de corrupción, empieza a descartar opciones porque le parecen según algunos: “muy neoliberal” “muy cercano a partidos de derecha” “muy propenso a traicionar las banderas de la izquierda” y muchos otros calificativos que hacen que los votos escapen al voto en blanco o simplemente decidan no votar porque no se sienten representados en las opciones existentes.

A estas alturas del escrito surgirá la pregunta: ¿Cómo no buscar un candidato con una hoja de vida respetable y buen desempeño en el sector público? Obvio que se debe hacer y lo ideal es que los candidatos que se presenten a cualquier cargo de elección popular cuenten con una hoja de vida impecable; pero la realidad dista mucho de ese ideal: Aquellos que saben mucho de administración pública, generalmente se encuentran en la academia, huyendo de los escenarios políticos. El campo político de por sí, implica generar alianzas para poder gobernar, ceder en algunas posturas o tomar decisiones que vayan en contra de ese espíritu puro de las ideas políticas de un partido en específico. Gobernar es diferente a la filosofía política, porque en la filosofía sólo se piensan y adoptan teorías, mientras que en el acto de gobernar se vive la cotidianidad de la política, esa que convive con todas las ideologías y debe negociar posiciones con los opuestos para generar gobernanza.

En cuanto a esta situación abordada en el escrito, la izquierda debe aprender mucho de la derecha. El ser más pragmático y menos idealista, ha propiciado que las alianzas de partidos de derecha se sumen candidaturas para aumenten sus posibilidades de éxito; logrando prácticamente dominar la presidencia del país por sus cerca de 200 años de vida democrática y dándole éxitos en las autoridades locales de la mayoría del territorio colombiano. Realizar alianzas con un fin superior es la motivación de estas uniones, evitar que lleguen los contrincantes y mostrarse como un grupo unido frente a una opción contraria, es lo que capitaliza los votos de todo un espectro de personas que ven en esa alianza, la única forma de detener la llegada de la izquierda al poder.

Por el lado de la izquierda, el pensar en alianzas, inmediatamente genera disonancias cognitivas, que atacan esos principios y filosofías políticas que dan justificación a las posiciones. De allí que las consultas interpartidistas se conviertan en un fenómeno extraño para la presidencia y aún más en las autoridades locales. Continuando el deseo de ese salvador, de hoja de vida perfecta que por fin pueda salvar a todo un sector de la población afín a una ideología política.

La realidad es que la persona perfecta en política no existe. Todos los candidatos tienen a rastras un pasado lleno de decisiones polémicas, de alianzas necesarias con partidos diferentes para poder tener un grado aceptable de gobernabilidad. Esperar a un candidato perfecto que traiga esa salvación, hará que elecciones tras elecciones, los puestos de las diferentes autoridades sean ocupados por los mismos de siempre. Si la izquierda quiere marcar la diferencia en estas elecciones locales que se avecinan, debe comenzar por pensar más pragmáticamente y contemplar las alianzas, que si bien no otorgan todo lo que se quiere, comienzan a generar un cambio en las opciones electorales y generan mayores posibilidades de alcanzar con éxito gobernaciones y alcaldías que son esquivas con una mentalidad sectaria.

Daniel Fernández Montoya

Politólogo de la Universidad Pontificia Bolivariana, escritor ocasional y lector permanente. Autor del blog cosimoenlosarboles.wordpress.com