“Todo indica que el país ya tomó una decisión, que la izquierda no consolidará el poder e Iván Cepeda no logrará sostener su proyecto. Pero la victoria no será automática, dependerá de la madurez, la unión y la responsabilidad de quienes entienden que este es un momento decisivo para salvar a Colombia del comunismo y la destrucción.”
Iván Cepeda es un completo desastre. Un político débil, sin chispa, sin ideas, sin energía, que se arrastra repitiendo las mismas frases huecas del petrismo mientras el país se desmorona. Lo llamo «Iván el Flojo» porque eso es exactamente lo que es: un tipo sin fuerza, dormido al volante, un zombie político que balbucea retórica radical sin ofrecer ni una sola solución concreta a los problemas reales de Colombia. Es patético verlo intentar liderar cuando ni siquiera, en campaña electoral, puede enfrentar con seriedad el tema de la inseguridad que nos tiene a todos con el alma en vilo.
Las últimas encuestas lo desnudan sin piedad. En Guarumo-EcoAnalítica (febrero, 3.867 encuestados, margen de error 2%) Cepeda se agarra a un flojo 31.7% en primera vuelta y ya ha perdido 1.9 puntos desde enero. En Atlas Intel para Semana (febrero, 7.200 entrevistas presenciales) la cosa es aún más dura: ambos, Cepeda y Abelardo de la Espriella, están por encima del 30%, con Abelardo prácticamente pegado a él en un empate técnico que huele a derrota inminente para el izquierdista. Y en segunda vuelta, según Atlas, Abelardo lo vence por un margen ajustado pero claro. Eso no es ruido estadístico solamente; es el pueblo diciendo «ya basta de una izquierda engañadora y empobrecedora». Iván el Flojo no resiste un cara a cara real frente a nadie. Se desinfla, se pone nervioso, se esconde detrás de la maquinaria estatal y repite consignas vacías. Es débil, muy débil.
¿Dónde están las propuestas de Cepeda para acabar con el ELN, las disidencias de las FARC, el clan del Golfo, los Pelusos y todos esos grupos que han convertido regiones enteras en zonas de terror? ¿Dónde está el plan para recuperar el control en el Cauca, el Chocó, el Catatumbo, Arauca, Norte de Santander? ¿Cómo piensa detener las extorsiones diarias, los bloqueos de carreteras, los desplazamientos forzados, el reclutamiento de niños? Nada. Absolutamente nada. Solo discursos inflamatorios que dividen al país, victimismo barato y una retórica que suena bonita en redes pero que no resuelve ni el más mínimo problema de seguridad.
Mientras tanto, se parapeta detrás de todo el poder del Estado, esto es, ministerios que le hacen campaña encubierta, programas sociales convertidos en propaganda, presupuestos públicos desviados para inflar su imagen, embajadas que le abren puertas. Es una ventaja inmoral, pagada con plata de los contribuyentes, sin la cual estaría en el piso hace meses. Iván el Flojo no es un líder; es un oportunista radical que vive del Estado y de la polarización, mientras Colombia sufre las consecuencias del fracaso estrepitoso de la izquierda.
En cambio, la derecha está viva, despierta y creciendo con fuerza. Abelardo de la Espriella sube como cohete: de 18.2% a 22.6% en Guarumo en un solo mes, y en Atlas Intel llega a casi 32.0% en primera vuelta. Paloma Valencia pasa de 6% a 10% y se perfila como la favorita indiscutible de la Gran Consulta del 8 de marzo. Vicky Dávila aparece como una opción fresca y potente en Atlas, añadiendo más profundidad al espectro derechista. Si sumamos solo estos nombres en Guarumo ya superan el 32%, más que el liderazgo tambaleante de Cepeda. Ese crecimiento no es casual, responde al hartazgo masivo con la inseguridad, con el control territorial de los armados ilegales, con un gobierno que negocia en vez de imponer orden.
El camino a la victoria presidencial es claro, pero exige realismo y disciplina férrea. Por Ley, quienes ganen las consultas deben ir a primera vuelta, así que la derecha entrará dividida en esa ronda inicial: Abelardo candidato independiente de derecha y Paloma la virtualmente ganadora de la Gran Consulta de la centro derecha. Eso significa que los votos se reparten y Cepeda podría colarse a segunda ronda con su base fanática en el Pacífico y el Caribe. Pero ahí viene la lección clave: la unión real debe darse después de la primera vuelta, cuando quede definido quiénes pasan. En ese momento, el candidato derechista que avance debe recibir el respaldo total, inmediato y sin condiciones de todo el espectro de la derecha, es decir, uribistas, conservadores, los verdaderos liberales, independientes, todos en bloque.
Es casi idéntico a lo que pasó en Chile en 2025: en primera vuelta los candidatos de derecha se dividieron, pero en segunda vuelta se unieron detrás de José Antonio Kast, quien remontó y ganó con amplitud contra la izquierda comunista. Colombia puede repetir esa jugada ganadora: post-primera vuelta, unión total para capturar los indecisos masivos (25-33% en Guarumo, casi un cuarto de los votantes sin ideología fija) que están hartos de la inseguridad y listos para respaldar a quien prometa autoridad real, desmantelamiento de los grupos armados y recuperación del territorio. Con esa cohesión en segunda vuelta, la derecha llega con momentum imparable y vence a Cepeda por un margen amplio entre 45 a 52% en balotaje, según los escenarios de Atlas y Guarumo ajustados por unión.
Y el Congreso no será territorio de la izquierda, eso está clarísimo. En Atlas Intel la intención de voto al Senado ubica al Pacto Histórico en primer lugar con alrededor del 28.2%, seguido muy de cerca por el Centro Democrático con 17.6%. Otros partidos de derecha y centroderecha suman fuerte: Partido Conservador (7.0%), Cambio Radical (2.3%), Partido Liberal (5.5%), Partido de la U (6.7%) —que a menudo se alinea con posiciones conservadoras–—, y fuerzas afines como Salvación Nacional o independientes pro-seguridad y prodemocracia.
El Pacto supera el 28%, pero no llega ni remotamente a una mayoría absoluta; su ventaja es mínima frente al Centro Democrático, y cuando se suman las listas derechistas y conservadoras tradicionales (Centro Democrático, Conservadores, Cambio Radical, y aliados), el bloque anti-izquierda supera con claridad al Pacto Histórico en votos agregados.
En Guarumo las favorabilidades partidistas van en la misma línea: Pacto Histórico alrededor del 28% en mediciones, pero Centro Democrático con 22% y conservadores/liberales con cifras que, combinadas, diluyen cualquier dominio izquierdista. Los votantes priorizan corrupción (38.7% en Atlas), inseguridad (20.6%) y salud (15.2%), temas donde la derecha tiene ventaja absoluta. Con una presidencia derechista ganada en segunda vuelta, el Senado queda en manos de coaliciones anti-izquierda: no habrá control del Pacto Histórico, sino un equilibrio o ligera ventaja para bloques que bloqueen reformas radicales, con el uribismo y conservadores manteniendo peso decisivo. No habrá dominio izquierdista en el Congreso.
Iván el Flojo Cepeda es un chiste malo, un débil que depende de trampas estatales para no hundirse del todo. No tiene propuestas, no tiene fuerza, no tiene futuro.
El país está atento a lo que sucede y espera de la derecha colombiana que se preparen para la unión verdadera después de la primera vuelta, sin titubeos ni excusas. Que dejen los egos de lado, que forjen un frente sólido e invencible como lo hizo la derecha chilena.
El objetivo es ganar la presidencia con autoridad y controlar el Congreso para que Colombia no quede a merced de partidos socialistas y comunistas que solo quieren destruir la democracia y la República. Colombia no aguanta más debilidad ni más territorio cedido. Es hora de recuperar lo nuestro, de imponer orden y de mandar a este perdedor al olvido donde pertenece.













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