“Ojalá nunca perdamos de vista estar presentes y dedicar tiempo de calidad a quienes más amamos. Cuando partan, no valdrá ninguna red social para volver a conectar con ellos”.
La adicción a las redes sociales se genera porque nos libera dopamina -ese neurotransmisor que nos da la sensación de placer-. Nos gusta saber que cientos de personas vieron una historia que acabamos de publicar, que miles dieron un me gusta o que millones nos están comentando. Sentimos que somos importantes y así alimentamos el ego. Sin darnos cuenta, caemos en un círculo vicioso y empezamos a publicar cada vez más contenido -incluso desconectados de la realidad-, para tener vigencia en el mundo digital y acrecentar nuestra popularidad.
Y digo que nos desconecta de la realidad porque situaciones trágicas y de dolor pasan a un segundo plano y lo que importa es mostrarles a los seguidores cómo nos comportamos en esos escenarios dramáticos como las honras fúnebres de un ser querido.
Lo vimos esta semana con el funeral del reconocido y joven cantante colombiano Yeison Jiménez. Varios artistas, amigos suyos, estaban pensando más en cómo volverse virales con el homenaje que le hicieron en el Movistar Arena de Bogotá -es decir, en generar más contenido para su fanaticada-, que en vivir y acompañar el dolor de la familia del fallecido artista.
Algo similar pasó con el actor Juan Pablo Raba -que entrevistó en abril del año pasado a Yeison Jiménez en su podcast Los hombres sí lloran, donde el artista dijo que había tenido tres sueños en los que se accidentaba en avioneta-. Cuando el artista murió, Raba publicó un video llorando y lamentando la muerte. Queda la pregunta, ¿el video fue más para mostrar solidaridad con la familia del artista o para hacerse más viral?
Jessica Cediel, presentadora colombiana, también fue motivo de críticas a finales del 2025 con motivo del funeral de su padre. Publicó una serie de fotos en las que parecía importarle más cómo iba a quedar en las fotografías que participar verdaderamente del ritual del duelo.
Cada uno es libre de vivir esos momentos como quiera, tampoco podemos desconocer que todos los seres humanos tenemos necesidades de reconocimiento como lo plantea Maslow en su pirámide de necesidades; de hecho, ejercicios como este de escribir y ser leídos van en búsqueda de tener ese grado de reconocimiento. Como lo mencionaba al inicio, ese tipo de sensaciones nos da placer, pero no podemos ser esclavos de estas.
Sin embargo, la reflexión que me dejan estos dos casos es que cada vez estamos menos presentes en el mundo real – físico; compartimos escenarios de dolor, pero pensando en qué vamos a publicar con las audiencias digitales; estamos en una reunión de amigos o familiares, pero hablamos más con quienes tenemos al otro lado de la pantalla. Nuestra cabeza gira en qué mostrarles a nuestros seguidores y dejamos de vivir con plenitud las experiencias en el plano físico.
Creo que la clave siempre será el balance, el mundo digital es una realidad, pero también lo es el mundo físico, ojalá nunca perdamos de vista estar presentes y dedicar tiempo de calidad a quienes más amamos. Cuando partan, no valdrá ninguna red social, ni ningún celular para volver a conectar con ellos.












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