HIC RODHUS HIC SALTA

Se agotaron las palabras, las ambigüedades, las colaboraciones, las medias verdades y las sutilezas. Se cerraron las vías de la evasión y la cobardía. Los cómodos refugios de quienes juran que no pero dicen que sí. Ese oasis especular de la añeja politiquería, del entretenimiento complaciente y la cultura guabinosa de quienes reposan a la sombra de las palmeras montando obras de teatro, entonando himnos, paseando sus comentarios por el éter o escribiendo sesudos comentarios culturosos. Buscándole la quinta pata al gato, para que sobreviva a la indignación popular.

Son quienes prefieran que el régimen caiga electoralmente en el 2030 o en el 2050, a que sea barrido hoy mismo por una insurrección popular que haga caída y mesa limpia. No para volver a levantar los tarantines estatólatras de la Cuarta que los vio nacer, sino para construir una democracia liberal capaz de acompañar la refundación de la Patria desde sus mismas raíces. Son los tartufos que asesoran y entretienen a quienes fueron incapaces de impedir el asalto de la barbarie y se han negado a encabezar una rebelión contra la tiranía. Los que aseguran que si Pinochet salió luego de ser derrotado en un plebiscito, ¿por qué no hacer lo mismo con Nicolás? Aún no se enteran que Pinochet no impidió el plebiscito y que Maduro se limpió el trasero con la invocación de Henrique Capriles.

Llegó la hora de recordarles esa sarcástica expresión con que los clásicos latinos desnudaban a los farsantes y bravucones que iban encabezando sus cortejos de funámbulos y titiriteros tocando sus panderos y castañuelas por el Pireo, jurando que ellos podían brincar sin mayores esfuerzos las brazas y toesas con que los simples mortales los desafiaran: hic Rhodus, hic salta. Aquí está Rodhus, ven y brinca. Demuestra en la práctica si es verdad que puedes.

Antes de ayer condenaron las guarimbas y corrieron a arrodillarse ante el sátrapa. Fueron cómplices del asesinato de medio centenar de jóvenes venezolanos. Ayer se conformaron con elegir un parlamento que se mostró incapaz de impedir ser emasculado. Hoy cantan albricias porque el sátrapa promete elecciones regionales. Cualquier cosa, con tal de no enfrentar cara a cara a la tiranía, con tal de llegar a una componenda con narcotraficantes, asesinos y terroristas. De reavivar las brasas del fogón de la vieja politiquería.

Es la hora de la verdad. De la única verdad, que no hay otras: hay que derribar este régimen inmundo. Hay que aplastar esta fétida tiranía. Hay que recuperar la dignidad de Venezuela y volver a desplegar las banderas de la Patria. Sobre la virilidad y la pureza de una nación que se nos muere en los brazos. Basta de tartufos.

Todo lo demás es cuento. La verdad tiene su hora.

Antonio Sánchez Garcia

Historiador y Filósofo de la Universidad de Chile y la Universidad Libre de Berlín Occidental. Docente en Chile, Venezuela y Alemania. Investigador del Max Planck Institut en Starnberg, Alemania