![]()
“La relación entre Bolívar y Sucre fue más allá del ámbito militar. Bolívar veía a Sucre como un hijo. Su fidelidad hacía la causa libertadora y los ideales de Bolívar lo perfilaron con el tiempo como el seguro sucesor de Bolívar.”
La noche del jueves 1 de Julio de 1830, el ya enfermo y derrotado Libertador Simón Bolívar, se encontraba en Cartagena de indias, hoy parte de la Republica de Colombia, rumbo al exilio en Europa.
Meses atrás, el 27 de abril de 1830, Bolívar había presentado su renuncia como presidente de la Gran Colombia, durante el Congreso Admirable, en un intento por salvar la unión ante la crisis y las divisiones políticas y territoriales del extenso territorio americano liberado del yugo español años atrás por el ejército libertador bajo su mando.
Esta noche, en medio de los delirios que lo aquejaban, el Libertador tuvo un momento de lucidez para recibir una correspondencia privada. En esta se le informaba que Sucre, su compañero de luchas más cercano, había sido emboscado, que no había sido un robo y el asesinato tenía motivaciones políticas.
Esta no fue una comunicación protocolaria. Fue un golpe seco, casi cruel: la noticia llegó cuando ya no podía hacer nada. Fuentes históricas aseguran que el retraso de la llegada de la noticia a manos del libertador fue intencional, para que él no tuviera ya tiempo de reaccionar. Ya no tenía un cargo público, ya no era general de un ejército, ya ni siquiera tenía las fuerzas suficientes para armar un ejército de combatientes como lo hizo durante años en sus travesías. Ya no tenía siquiera las fuerzas para levantar un discurso. Estaba derrotado política, militar y moralmente.
Bolívar quedó devastado. Su reacción es una de las más conocidas y humanas de su vida. Dijo: “Han matado a Abel”.
Antonio José de Sucre es, probablemente, el personaje más puro, más trágico y más injustamente olvidado del proyecto bolivariano. Hablar de Sucre es hablar del militar sin ambición personal, del estadista honesto y del hombre que pudo haber salvado la Gran Colombia, el proyecto que un día soñó un joven y vigoroso Bolívar. Por esta misma razón fue eliminado.
¿Quién fue Antonio José de Sucre?
Nació en 1795, en Cumaná, Venezuela. Proveniente de una familia ilustrada, tuvo una formación técnica y científica como ingeniero, matemático y estratega.
Fue el lugarteniente más brillante de Simón Bolívar, su discípulo político y su heredero natural. Bolívar decía de él: “Sucre es el mejor general que tenemos, y el más virtuoso”. Y no era exageración.
La relación entre Bolívar y Sucre fue más allá del ámbito militar. Bolívar veía a Sucre como un hijo. Su fidelidad hacía la causa libertadora y los ideales de Bolívar lo perfilaron con el tiempo como el seguro sucesor de Bolívar. Tanto así que podríamos suponer hoy que sin la muerte de Sucre, el proyecto bolivariano pudo haber sobrevivido y el proyecto de la Gran Colombia no se hubiera disuelto tan rápido.
El papel de Sucre fue fundamental en las victorias militares del proceso de independencia de Quito, actual Ecuador, Perú y el alto Perú, hoy Bolivia.
El estratega de la independencia: El genio militar tras la liberación del Sur
Antonio José de Sucre no fue un general más entre muchos: fue la clave que cerró el capítulo del dominio colonial español en Sudamérica. A los 26 años, Simón Bolívar lo designó general y lo envió al sur para liberar territorios que el Libertador mismo no podía liderar por su situación política y los múltiples frentes de guerra.
La Batalla de Pichincha, librada el 24 de mayo de 1822, fue el primer gran triunfo de Sucre fuera del espectro inmediato de Bolívar. Al mando de un ejército experto en guerra montañosa, derrotó a los realistas sobre las faldas del volcán Pichincha, liberando Quito y asegurando que los territorios que serían Ecuador quedaran fuera del control español.
Pero su obra maestra militar fue aún más decisiva: la Batalla de Ayacucho el 9 de diciembre de 1824, bajo su mando, selló el destino del imperio español en el continente. En esa jornada histórica, Sucre derrotó definitivamente a las fuerzas realistas, resultando en la capitulación y la retirada de los ejércitos de España del Perú y del Alto Perú, hoy Bolivia. Esta victoria no sólo aseguró la independencia de Perú, sino que puso fin al dominio colonial en Sudamérica y abrió la puerta para la fundación de nuevos Estados libres.
Por su brillante ejecución, Sucre fue ascendido al rango de Gran Mariscal de Ayacucho —el título más prestigioso en las guerras de independencia— y no tardó en ser reconocido en múltiples congresos políticos como el líder militar más capaz de aquel tiempo.
El estadista que nació en la guerra
Pero Sucre no fue únicamente un estratega: fue un estadista con visión de Estado. Tras la independencia, los pueblos liberados enfrentaron el desafío de consolidar estructuras institucionales. Fue Sucre quien, tras la victoria en la Campaña del Sur, recibió la misión de organizar el Alto Perú en un Estado independiente, que llevaría luego el nombre de Bolivia.
Como presidente constitucional, Sucre impulsó leyes y reformas progresistas para un Estado que surgía de la guerra. Intentó reorganizar la economía, fortalecer las instituciones y promover el desarrollo social (incluida la creación de escuelas públicas). Sin embargo, su postura reformista y su rechazo al caudillismo tradicional de la élite local lo enfrentaron a poderosos sectores que prefirieron conservar privilegios y conservar regionalismos antes que construir un Estado fuerte y unido.
Esta tensión política no era nueva, ni exclusiva de Bolivia: el proyecto bolivariano estaba siempre bajo la amenaza de las fuerzas fragmentarias que preferían el poder local al imperio de la ley y la unidad continental.
Sucre y Bolívar: una hermandad forjada en fuego y sangre
La relación entre Antonio José de Sucre y Simón Bolívar fue, en muchos sentidos, la amistad más poderosa de toda la independencia americana. Bolívar no veía en Sucre un subordinado más: lo veía como un hermano de armas, un compañero en la visión más profunda de libertad y unidad.
Sucre lo acompañó en múltiples campañas y compartió tanto triunfos como derrotas. Fue su mano derecha y, en numerosas cartas y discursos, Bolívar lo respaldó con plena confianza estratégica, política y moral. Por ello, cuando la unidad continental estaba en peligro en 1830, muchos creían que Sucre —por su reputación, su carisma y su lealtad con Bolívar y el proyecto bolivariano— era la única figura capaz de restituir la unión de Venezuela, Colombia y Quito, y quizás incluso de extender la idea bolivariana más allá.
El crimen que cambió la historia de América
El viernes 4 de junio de 1830, mientras regresaba a Quito para reunirse con su familia y para enfrentar la creciente ola separatista, Sucre fue emboscado en las montañas de Berruecos. Un grupo de conspiradores, instruidos por facciones anti-bolivarianas al mando de militares como José María Obando, lo esperaba en un paso estrecho del camino.
Sucre cayó bajo el fuego de sus atacantes. Tenía apenas 35 años. De inmediato, su cuerpo quedó tendido en la montaña, sin sepultura hasta horas después, y Colombia, Ecuador y Bolivia quedaron huérfanos de un líder cuya reputación atravesaba fronteras y océanos.
Para los contemporáneos y para la posteridad, su muerte fue una herida profunda al proyecto bolivariano. Bolívar mismo, al enterarse de la noticia, declaró con profunda pena:
“Se ha derramado, Dios excelso, la sangre del inocente Abel…”
…“La bala cruel que le hirió el corazón, mató a Colombia y me quitó la vida a mí.”
Estas palabras, dramáticas y definitivas, fueron más que una lamentación: fueron una confesión del hombre que había dedicado su vida a una visión de unidad continental, una visión que había encontrado en Sucre su mejor ejecutor y su sucesor más legítimo. Esta noticia fue el golpe más certero en la salud de Bolívar. García Márquez en su novela histórica sobre los últimos días del libertador, El general en su laberinto, narra que Bolívar al recibir la noticia tuvo un ataque de cólera y vomitó sangre.
El legado eterno del Gran Mariscal
Sucre no sólo liberó pueblos; ayudó a construir las repúblicas que nacieron libres en Sudamérica. Sin él, es probable que la independencia de países como Ecuador, Perú y Bolivia hubiera sido mucho más difícil —o tardía— y que el proyecto bolivariano se hubiera quedado siempre incompleto.
Hoy, Sucre es homenajeado en plazas, nombres de ciudades, monedas y escuelas en toda la región, un recordatorio permanente de que la libertad no es obra de un sólo hombre, sino de aquellos que arriesgan todo —vida, reputación y futuro— por el ideal de un pueblo libre.
Tal vez, si a Antonio José de Sucre no lo hubiera alcanzado la codicia y la arrogancia de quienes sólo concebían el poder como botín, la historia de América del Sur sería hoy otra. Con Sucre vivo, el proyecto bolivariano no habría quedado huérfano en su hora más crítica; la Gran Colombia habría tenido un continuador legítimo, honesto y respetado, capaz de contener las ambiciones regionales y de sostener la unidad sobre principios y no sobre caudillismos. Su asesinato no sólo apagó una vida ejemplar: abrió la puerta a la fragmentación definitiva, a las fronteras artificiales, a las rivalidades entre pueblos que habían luchado juntos. Desde entonces, esas divisiones históricas nos han hecho más débiles, más vulnerables a guerras internas, a crisis recurrentes, a disputas políticas y territoriales que han sido observadas y aprovechadas por potencias extranjeras para imponer imperialismos, dependencias y subordinaciones. Precisamente contra eso luchó Bolívar durante toda su vida: para que América no cambiara de amo, para que no fuera colonia de nadie, ni siquiera de sí misma. La muerte de Sucre selló ese fracaso. No fue sólo un crimen político; fue una derrota histórica cuyos efectos aún resuenan en el presente.
Fuentes primarias (documentos y testimonios de la época)
Bolívar, S. (1830). Correspondencia personal y cartas finales (1829–1830). En V. Lecuna (Ed.), Cartas del Libertador (Vols. 9–10). Caracas: Fundación Biblioteca Ayacucho.
Fuente clave para la frase “Han matado a Abel” y para el estado físico, político y emocional de Bolívar tras la muerte de Sucre.
Sucre, A. J. de (1825–1829). Cartas y documentos oficiales. En Archivo del Mariscal Antonio José de Sucre. Caracas: Academia Nacional de la Historia.
Fundamental para entender su pensamiento político, su rechazo al caudillismo y su visión de la unidad americana.
Fuentes secundarias (biografías y estudios históricos)
Lecuna, V. (1954). Antonio José de Sucre. Caracas: Editorial Sur América.
Biografía clásica y una de las más completas sobre Sucre, su rol militar, su relación con Bolívar y las circunstancias políticas de su asesinato.
Lynch, J. (2006). Simón Bolívar: A Life. New Haven: Yale University Press.
Obra académica de referencia internacional que analiza el proyecto bolivariano, la Gran Colombia y la figura de Sucre como sucesor político.
Bushnell, D. (1993). The Making of Modern Colombia: A Nation in Spite of Itself. Berkeley: University of California Press.
Contextualiza la crisis institucional de la Gran Colombia y el impacto político del asesinato de Sucre.
Madariaga, S. de (1952). Bolívar. Oxford: Oxford University Press.
Análisis profundo del ideario bolivariano y de la tragedia política que significó la pérdida de Sucre.
Pino Iturrieta, E. (2010). El divino Bolívar. Caracas: Editorial Alfa.
Estudia el mito bolivariano y el papel simbólico y político de Sucre dentro del proyecto continental.
Fuentes sobre el asesinato de Sucre
Restrepo, J. M. (1858). Historia de la revolución de la República de Colombia. Besanzón: Imprenta de José Jacquin.
Relato contemporáneo de los hechos políticos que rodearon el asesinato de Sucre y la desintegración de la Gran Colombia.
Academia Nacional de la Historia (Colombia). (1980). El asesinato del Mariscal Sucre: documentos y debates. Bogotá: ANH.
Compilación documental que confirma las motivaciones políticas del crimen.
Fuentes sobre la Gran Colombia y el proyecto bolivariano
García Márquez, G. (1989). El general en su laberinto. Bogotá: Editorial Oveja Negra.
Aunque es una novela histórica, está ampliamente documentada y refleja con rigor el contexto del Bolívar final y la muerte de Sucre.
Halperín Donghi, T. (1985). Historia contemporánea de América Latina. Madrid: Alianza Editorial.
Análisis estructural del fracaso de los proyectos unitarios latinoamericanos tras la independencia.
Citas clave
Bolívar, S. (1830): “Han matado a Abel”.
Bolívar, S. (1954): “Sucre es el mejor general que tenemos, y el más virtuoso”.












Comentar