En medio del reacomodo del Centro Democrático y su relevo generacional, el nombre de Esteban Quintero Cardona destaca por su crecimiento sostenido y por asumir un rol protagónico en la campaña legislativa y su respaldo incondicional desde el principio a la candidatura de Paloma Valencia a la presidencia.
Su trayectoria electoral evidencia una curva ascendente poco común: en 2015 fue elegido diputado con cerca de 18.500 votos; en 2019 llegó a la Cámara con 58.774; y en su paso al Senado alcanzó cerca de 70.000 votos, siendo una de las mayores votaciones jóvenes del uribismo y la quinta a nivel nacional.
Más allá de los números, su protagonismo creció por su intensa actividad territorial. A pesar de la lista cerrada, hizo campaña como si fuera abierta: recorrió municipios, lideró encuentros masivos —como el de Rionegro con más de 13.000 personas— y se consolidó como uno de los motores de la lista.
Su estilo combina firmeza y cercanía, con presencia constante en las comunidades. Este trabajo se reflejó en una expansión territorial más allá del Oriente antioqueño, ganando fuerza en el Suroeste, Occidente y Norte, y proyectándose también en el Eje Cafetero y Bogotá.
Quintero ha logrado además conectar con votantes jóvenes, impulsando nuevos liderazgos dentro del partido. Su perfil mezcla disciplina orgánica con agenda propia, manteniendo lealtad a Álvaro Uribe Vélez, pero construyendo identidad política propia.
En cifras, su fortaleza regional es clara: 128.659 votos en el Oriente antioqueño por la lista y 92.590 votos en Antioquia con su fórmula a Cámara, Gregorio Orjuela.
En un momento clave para el uribismo, Quintero se perfila como uno de los congresistas con mayor capacidad de movilización, crecimiento electoral y posicionamiento, con el reto de proyectar ese liderazgo regional al escenario nacional.













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