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Estados Unidos sigue siendo el imperio

“poco se ha hablado, tal vez porque se da por hecho, del carácter imperialista que le ha devuelto Trump a los Estados Unidos”

“Make America Great Again” [hacer a América grande otra vez] fue el lema de la campaña de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos hace poco menos de 3 años, este lema, que ya había sido utilizado por Ronald Reagan, tiene un gran significado entre los ciudadanos norteamericanos pues representa la histórica grandeza de su nación frente a otros Estados. Para hacer a “América grande de nuevo”, Trump ha tomado medidas polémicas que no han sido bien recibidas (como el cierre de frontera y todo lo que eso ha conllevado) de las que resaltan una series de medidas económicas, como los aranceles, que le han dado un impulso importante a la economía del gigante americano. Sin embargo, poco se ha hablado, tal vez porque se da por hecho, del carácter imperialista que le ha devuelto Trump a los Estados Unidos.

Hay que recordar que luego de la Segunda Guerra Mundial, aunque el proceso comenzó al finalizar la Primera Gran Guerra, se empezó a desarrollar en el Sistema Internacional un proceso de “desintegración imperial” en el que todas las potencias “dejaban libres” a quienes fueran otrora sus dominios o colonias. Este proceso fue conocido como la descolonización que, en algunas zonas como Latinoamérica, fue acompañado del decolonialismo o la descolonización del pensamiento.

Sin embargo, como ya dije, al menos desde Estados Unidos, se está llevando un nuevo proceso de recolonización que, algunos dirían, es la misma intervención que antes, pero de manera indirecta. Este fenómenos es lo que los teóricos del tema han denominado neocolonialismo.

Este nuevo “impulso imperialista” de la mano de Trump se puede evidenciar en las acciones norteamericanas en Iraq, y el resto del Medio Oriente, en sus intentos de acercamiento con Corea del Norte y, sobre todo, en las relaciones con América Latina. En esta última zona son dos los países en los que Estados Unidos ha intentado desarrollar sus acciones imperialistas: Venezuela y Colombia.

En el primer caso es evidente que ha fallado estrepitosamente. No solo se le ha hecho imposible sacar a Maduro del poder, no le ha funcionado ni la diplomacia dialogada (y pacífica) ni las fuertes amenazas de intervención militar. Además, no ha podido poner a la figurilla de Juan Guaidó y, para agravar la cosa, tampoco ha podido impedir la intervención de Rusia, un extranjero lejano, en una zona que es “naturalmente” de la influencia norteamericana.

En contraste, en Colombia parece que hicieran lo que quisieran. Esto se ve claro en dos de los acontecimientos más recientes: por un lado, los encuentros entre el embajador estadounidense y algunos congresistas, y el intento de una reunión parecida con los magistrados de la Corte Constitucional, con el fin de promover las objeciones a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), lo que es una clara intromisión en asuntos internos de nuestra nación; y, por el otro lado, las revocatorias de visados para presionar a algunos magistrados a reconsiderar las objeciones de a la JEP y la aspersión aérea con glifosato, ambos temas con discusiones en curso.

Todo esto en un contexto peligroso: esto sucede en un gobierno débil y que se ha mostrado sumiso a las exigencias de los norteamericanos. Esto solo puede llevarnos a una situación muy complicada en la que la intromisión, es decir la violación de nuestra soberanía, lo más sagrado que tiene un pueblo, sea una constante en este gobierno. Esperemos que no sea así y que Duque, como el representante del pueblo, haga respetar la soberanía de la nación colombiana.

@CamiloADelgadoG

Esto fue escrito por

Camilo Andrés Delgado Gómez

Politólogo en formación en la Universidad Nacional de Colombia. Lector crítico de la dinámica política y la historia, dos cosas que en este país siempre se olvidan. Como Keynes, cuando los hechos cambian, cambio de ideas, ¿qué hace usted, señor?