Por: Ana Sofía Bedoya Ocampo – Santiago Ruiz Cossio
“Más allá de ser un stream rutinario, el encuentro entre Westcol y Petro perforó lo que es el deber ser y replanteó lo políticamente correcto. Abrió una posibilidad para acercar la abstracción de la política y el Gobierno a las juventudes en gran parte desinteresadas, apáticas, distantes o miedosas de la dinámica política tradicional y de las movidas del poder en el país.”
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El encuentro entre Westcol, el streamer más visto y uno de los más polémicos de Latinoamérica, y el presidente Petro es, en medio de todo, inesperado; deja evidencia que las comunicaciones tradicionales han dejado vacíos y que las maneras en las que las personas se informan han cambiado. Figuras como Westcol terminan ocupando un espacio importante del poder desde lenguajes más simples y cercanos.
Durante una hora y media, alrededor de 2 millones de espectadores siguieron la transmisión en vivo a través de Kick, YouTube, X e Instagram, de una entrevista no estructurada y sin “etiqueta” realizada por un joven de 25 años (y mucho dinero en sus bolsillos), pero sí con preguntas genuinas, al presidente del país. Antes de cualquier juicio, cabe resaltar que la mayoría de la audiencia del streamer son juventudes entre 14 y 22 años de edad, lo que permite identificar ese público generalmente reacio a cosas que parecen ser difíciles de comprender o que otras personas deben manejar.
El eje que atravesó el stream sin duda alguna fue las juventudes, se abordaron problemáticas que atañen a esta población: educación, movilidad social, prostitución, el modelaje webcam, seguridad, pobreza, condiciones laborales, historia del país y demás. Algo curioso es que Westcol afirmá: “Cuando yo hablo de política, no les gusta y me lo mencionan”, es por eso que ha preferido mantenerse distante de estos temas, y eso no es menor, su capacidad de movilización y los imaginarios que él reproduce: la idea de obtener dinero, fama y reconocimiento para “salir del barrio” por cuenta propia, alejan a sus seguidores jóvenes de la posibilidad de pensarse más allá de sí mismos. Este imaginario, profundamente individualista, acrecienta la brecha entre las juventudes y el acceso a, por ejemplo, la educación, la formación política, el trabajo formal y demás.
Más allá de ser un stream rutinario, este encuentro perforó lo que es el deber ser y replanteó lo políticamente correcto. Abrió una posibilidad para acercar la abstracción de la política y el Gobierno -tema irritante y de común silencio- a las juventudes en gran parte desinteresadas, apáticas, distantes o miedosas de la dinámica política tradicional y de las movidas del poder en el país. Para las juventudes entender nada o poco de lo que en la teoría es la oligarquía, la seguridad o las políticas públicas aumenta aún más su distancia con el sistema político; la política se le presenta como una masa de conceptos lejanos a una generación que no consume decretos, sino contenido rápido en las redes sociales.
Lo primero que hay que cuestionar es lo que Westcol representa, este es, ante todo, una figura magnética y contradictoria, es esa mezcla explosiva entre lo cómico y lo irreverente; termina siendo la voz de quien no calla lo que piensa y, lo que es más importante en su análisis, de quien no se desgasta en las formas, ni en lo ‘políticamente correcto’ para decir su verdad. Este streamer encarna el imaginario de un joven de Medellín, moldeado por una cultura y unas dinámicas sociales atravesadas por la desigualdad, la herencia de la violencia y la complejidad de la indiferencia.
West, como sus seguidores lo llaman, no es ni tan lejano a los temas políticos. Esto se puede demostrar con afirmaciones que con anterioridad ha lanzado el streamer haciendo referencia, por ejemplo, a la crisis diplomática con Estados Unidos donde afirmó: “Este marica cree que Petro está solo ¿Este marica cree que yo qué? (…) ¿Que yo estoy pintado en la pared, o qué? ¿Qué yo voy a permitir que entre a mi país así como si nada?”. Además, en ese mismo streaming aseveró entre mofas: “Yo soy el primer streamer que le va a acabar la guachafita a Trump. El primero que acaba una guerra”. Esto deja ver a un streamer que, aunque se denomina a sí mismo como apático a la política y demás, opina con tranquilidad, jocosidad y “relajo” de temas que pueden ser delicados o de manejo discreto.
Ahora bien, ese choque entre la representación de lo que es el streamer y el estatus de formalidad que carga un presidente nos conduce a preguntarnos por qué se nos hace tan extraña otra forma de observar temas politicos, y es ahí cuando se identifica que un presidente por primera vez -o por lo menos de forma masiva en Colombia- se desprende del formato de entrevista estructurada y premeditada, para atreverse a la espontaneidad y la improvisación de lo que exige un streaming.
Estamos acostumbrados a que quien entreviste al presidente sea una persona con formación acádemica, de buen léxico y buena apariencia, y no a que sea un joven de baja estatura, tatuado, con trajes y accesorios más costosos que toda la vestimenta del presidente, además de utilizar un lenguaje callejero común de las redes sociales. Es necesario también mencionar que Petro, como de costumbre en él, desafiaba el molde presidencial: su chaqueta, gorra y jean, preparaba una conversación “fresca” que se aleja eventualmente del imaginario de las alocuciones o cualquier comunicación formal de la Presidencia.
Petro en esta ocasión, apuntó a la naturalidad en la conversación, sin embargo, su discursividad está dotada de referencias a escritores que admira, conceptos abstractos o datos históricos que en ocasiones producen una lejanía con el receptor, así mismo produce una vaguedad en las respuestas eludiendo -deliberadamente o no- las preguntas concretas de Westcol, pero que también nutre la conversación haciéndola interesante y que el streamer escuche con atención. Para las juventudes, resulta mucho más cercano y comprensible el lenguaje del parche, de las redes sociales y de sus entornos cotidianos, que un discurso cargado de referencias complejas y abstracciones de conceptos que poco escuchan o entienden. Aun así, el ejercicio resultó valioso y significativo como apuesta de pedagogía política y como puente para acercar a las juventudes a temas que suelen percibir como lejanos o de poca relevancia. El evento fue tendencia en las redes sociales dejando opiniones divididas entre quienes creen que Petro dio “cátedra” y quienes creen que se vio “encerrado”.
El desafío ahora para el Gobierno Nacional, y para el propio presidente, es capitalizar el interés que pudo generar su discurso en respaldo político, especialmente dentro de una comunidad cuyas dinámicas de interacción social son intensas y cuya capacidad de movilización digital es fuerte. Por su parte, el país queda a la expectativa de la entrevista con Álvaro Uribe, “el otro extremo”, como lo llamó Westcol, lo que terminará evidenciando cómo estos nuevos escenarios de comunicación están reconfigurando la forma en que se comprende y se disputa lo político en Colombia.
– Ana Sofía Bedoya Ocampo: Estudiante de Ciencia Política en la Universidad de Antioquia, con experiencia en temas investigativos sobre participación política juvenil, los feminismos, las masculinidades y más recientemente las tendencias digitales y el género urbano.
– Santiago Ruiz Cossio: Estudiante de Ciencia Política de la Universidad de Antioquia y miembro de la Plataforma Municipal de Juventudes de Bello, Antioquia. Me intereso en el arte y la cultura como herramientas de transformación social y la participación política juvenil como motor de la planeación y el desarrollo de los territorios.













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