Entre apuestas y percepciones: lo que polymarket dice sin ser encuesta

“Tal vez Polymarket no vote. Tal vez no sea encuesta ni ciencia. Pero, como todo mercado, refleja apuestas sobre el futuro. Y cuando las apuestas comienzan a incomodar a quienes antes las celebraban, quizá lo que está cambiando no es la plataforma, sino el clima político.”


Suele suceder: cuando las proyecciones favorecen a un candidato afín, se celebran como si fueran una encuesta científica; cuando dejan de hacerlo, se desacreditan con la misma velocidad con la que se compartieron en redes. Así ha ocurrido con Polymarket y las recientes apuestas sobre la contienda presidencial.

Durante semanas, cuando las cifras mostraban liderazgos favorables a ciertos sectores —primero a Vicky Dávila y luego a Abelardo de la Espriella— sus simpatizantes difundían los resultados como si se tratara de una medición irrefutable del sentir nacional. La plataforma era presentada casi como un oráculo moderno que anticipaba el desenlace electoral.

Pero conviene recordar qué es realmente Polymarket: un mercado de apuestas con criptomonedas donde usuarios invierten dinero según su predicción sobre determinados eventos. No es una encuestadora, no aplica metodología estadística, no tiene muestra representativa. Es, esencialmente, una bolsa de expectativas donde el precio refleja cuánto están dispuestos a arriesgar los apostadores por un resultado.

En Colombia ya se había visto algo similar cuando, tras la inclusión de Abelardo de la Espriella en la puja, su cotización comenzó a crecer rápidamente. Aquello fue interpretado por sus seguidores como una validación política. Sin embargo, el entusiasmo empezó a desvanecerse cuando la tendencia cambió: el estancamiento de su candidatura contrastó con el ascenso sostenido de Iván Cepeda desde que oficializó su aspiración en septiembre.

La última medición conocida mostró una diferencia amplia: Cepeda con 56%, seguido muy de lejos por de la Espriella con 16%, mientras otros nombres quedaban en cifras marginales. Hasta enero, cuando la competencia parecía más cerrada, la narrativa dominante en ciertos sectores era otra. Pero el comportamiento de la curva decía algo distinto: una tendencia creciente para uno, una meseta y posterior descenso para el otro.

¿Significa esto que Polymarket predice el resultado electoral? No necesariamente. Estos mercados pueden ser manipulados, concentrados en pocos actores o distorsionados por intereses económicos. Aunque en ocasiones han coincidido con resultados reales, también han fallado.

Sin embargo, descartarlos por completo sería ingenuo. En ausencia de grandes capitales interesados en invertir millones para inflar artificialmente una candidatura de izquierda —algo que, en teoría, resultaría contradictorio con la lógica de poder económico tradicional— el comportamiento de las apuestas resulta llamativo. Si la plataforma reflejara simplemente el músculo financiero de sectores conservadores, cabría esperar lo contrario.

Más allá de la cifra puntual, lo que Polymarket podría estar capturando es una percepción: actos públicos multitudinarios, presencia constante en redes sociales, conversación mediática sostenida y una narrativa unificada en torno a un candidato. Es decir, una sensación de momentum.

Hace unos días, un amigo abiertamente uribista me dijo algo que jamás pensé escucharle: “Cepeda nos va a ganar la presidencia”. No lo dijo con resignación ideológica, sino con la frialdad de quien percibe un ambiente político difícil de ignorar. Cuando alguien identificado con la derecha en Medellín —o en cualquier lugar de Antioquia— formula esa conclusión, el dato trasciende lo anecdótico.

Tal vez Polymarket no vote. Tal vez no sea encuesta ni ciencia. Pero, como todo mercado, refleja apuestas sobre el futuro. Y cuando las apuestas comienzan a incomodar a quienes antes las celebraban, quizá lo que está cambiando no es la plataforma, sino el clima político.

Diego Ibarra Piedrahita

Soy historiador, egresado de la UdeA, Magíster en Conflicto y Paz de la UdeM, me he dedicado los últimos 12 años a la función pública, en donde he sido Asesor de Control Interno, Secretario de Salud encargado, capacitador en el programa de Paz y reconciliación de la Alcaldía de Medellín y Coordinador de Alto Gobierno de la Escuela Superior de Administración Pública, Antioquia-Chocó.
Muchas gracias

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