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A raíz de la publicación de la columna A la Vicerrectoría General de la UdeA llega un cuestionado he sido víctima –en diversos grados de intensidad– de persecución laboral, falsos señalamientos en redes sociales y censura, y así no me sorprenda, puesto que conozco los alcances de ciertos personajes que tras consumada la toma hostil llegaron a la administración central de la Universidad, no puedo negar que me llena de una profunda decepción que una universidad pública que, por su esencia y naturaleza, debería ser un espacio de discusión, contraste y libertad de opinión, se venga convirtiendo en un centro de censura, autocensura y persecución a quienes se atreven a cuestionar nombramientos.
La primera decisión que se tomó a raíz de mi columna fue la suspensión inmediata de un contrato de cátedra que se venía gestionando desde la Unidad de Paz. Unidad adscrita a la Viccerrectoria General y en la trabajé por cerca de cinco años en diferentes modalidades contractuales. No soy ingenuo, me lo esperaba. Cuando el señor Luquegi Gil asumió como vicerrector general tenía claro que, debido a mi condición de profesor de cátedra y por mis reiterados –y públicos– cuestionamientos a su fallido desempeño como decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas en medio de la crisis por Violencias Basadas en Género entre el 2018 y el 2022, no continuaría más en la Unidad. Ya estaba advertido.
Una fuente me confirmó que la directriz específica que se dio fue: “Al HP de Chaverra lo sacan de esa Unidad”. Poco importó que la gestión contractual se hubiera iniciado desde noviembre del año 2025 o mi desempeño profesional; es más, sin haber concluido el empalme entre el director saliente, Juan Correa Mejía, y el entrante, Alejandro Sierra, se instruyó para que se frenará una contratación que estaba prácticamente concluida. No me sorprendió, pero la forma como se procedió, con la clara intención de humillarme y evidenciando que se me castigaba por mis cuestionamientos al nombramiento de Luquegi –en los cuales me mantengo en todos sus términos– si me resultó una bajeza propia de la politiquería más rastrera.
Y ciertamente no pretendo aferrarme a un contrato de cátedra, ni más faltaba, tengo claro lo que implica un contrato cátedra en una universidad pública, siempre el profesor de cátedra tendrá la posición de mayor debilidad, pero si la Unidad de Paz se convirtió en moneda de cambio para afanes politiqueros, mi dignidad, esa que aprendí a defender en los salones y recintos de la UdeA, no es moneda de cambio. Y la forma como se procedió para castigarme por mis posturas críticas solo tiene una calificación: indigna. Y no creo ser el único. Por lo que dispongo el espacio en esta columna para que quienes vienen siendo hostigados y perseguidos por sus posturas críticas frente a lo que viene pasando en la UdeA puedan visibilizar sus casos.
Le insisto al rector García por la transparencia e idoneidad de sus nombramientos, o si más bien decidió hacerse de oídos sordos por los cuestionamientos a su vicerrector general, tal como ocurrió el pasado jueves 5 de febrero cuando en un foro público en el Paraninfo, al lado del ministro de Educación, Daniel Rojas, un grupo de mujeres cuestionó las credenciales éticas de su vicerrector. A lo que García guardó silencio y solo anticipó la creación de la Unidad de Género y Diversidad, le pregunto: ¿Esa unidad también quedará al mando de Luquegui, o se convertirá en moneda de cambio de intereses politiqueros?
Y no solo se trata de Luquegi, hay otros nombramientos y ratificaciones que levantan mucha suspicacia, empezando por David Hernández García, el secretario general de John Jairo Arboleda que –¡oh, sorpresa! – fue ratificado como secretario general. Si el señor García, que formó parte central del equipo del rector defenestrado sigue en el equipo del rector designado, pues: ¿cómo no estuvo al tanto o tiene algún grado de responsabilidad en los hallazgos y mala gestión que se advierten en los informes de la inspectora in situ? Y no estoy hablando de un profesor de cátedra, sino del tercero al mando en el equipo de Arboleda, ¿por qué su ratificación en una posición estratégica no es problemática para una rectoría que supuestamente busca esclarecer lo que pasó en la lamentable gestión de Arboleda? No sé ustedes, pero eso a mí no me cuadra.
Y así podemos seguir, con nombramientos muy cercanos a la entraña de Alberto Uribe Correa, el rector que se buscó perpetuar en el cargo tras cuatro periodos consecutivos entre 2003 y 2015 (periodo en el cual se gestó parte de la actual crisis), el mismo que creó una estructura de rosca y poder al interior de la UdeA que hoy, con Luquegi a la cabeza, parece, a todas luces, que se tomó el control de la UdeA: ¿o es una inspección o vigilancia, o es un regreso de una facción del “grupo de Alberto Uribe”? Y por ese lado, de sus aliados en el Grupo Empresarial Antioqueño –GEA–. Parece que eso no pinta muy diferente a lo que representó Arboleda, otro que emergió del “grupo de Alberto Uribe” y cuyo único error fue “desobedecerlo” y no entregarle el poder a Luquegi en 2024.
Así estamos en la UdeA y parece que el rector García pinta como figura decorativa de los verdaderos intereses. Porque son los nombramientos señor rector, hay que fijarse, siempre, en los nombramientos.
Por el momento, reitero el espacio en esta columna para quienes vienen siendo víctimas de persecución y hostigamiento laboral por sus posiciones críticas frente a lo que viene pasando en la universidad. La UdeA no puede quedar degradada a convertirse en un mero directorio político y de nosotros depende impedirlo. Es el espíritu crítico y compromiso social que alienta el verdadero sentido de la universidad pública. Algo que aprendí en mi Alma Máter. Atentos y atentas.












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