Está por estrenarse en la cartelera de cine la película El mago del Kremlin, basada en el libro del mismo nombre, autoría del escritor ítalo-suizo Giuliano Da Empoli. No he visto la película, aunque ya leí la novela cuando se publicó hace unos años.
Se trata de una de las mejores novelas políticas que he leído en mucho tiempo y la recomiendo para esta temporada vacacional. En lugar de ocuparse directamente de los políticos, el enfoque del libro es interesante, pues se concentra en los intelectuales y estrategas que gravitan en torno al poder.
El protagonista es un ideólogo del poder que se pensó a sí mismo capaz de tripular y dirigir nada menos que a Vladimir Putin con miras a la restauración de la grandeza imperial rusa. A lo largo del texto se mezclan momentos fascinantes de la realidad histórica en Rusia que resultan inverosímiles, con incidentes ficticios que se vuelven creíbles.
Uno no sabe qué es qué en la Rusia putinista, donde un hombre que llega con el propósito de devolverle estatura internacional a su país acaba convertido en un dictador sanguinario. Mientras tanto, Vadim Baranov, el ideólogo a su lado, no puede sino justificar cuestiones cada vez más aberrantes: ya no para legitimar al régimen, sino para tranquilizar su conciencia por el papel que desempeñó en la entronización de semejante figura.
En esta magnífica obra vemos a todos los actores políticos rusos ensamblarse en el collage de la dictadura: empresarios corruptos, mafiosos, oligarcas, políticos oportunistas, periodistas, conductores de televisión y jerarcas de la Iglesia ortodoxa se las arreglan para llegar a un acuerdo con Putin y contribuir al nuevo orden social.
La función de Baranov es teorizar cómo pueden enriquecer el acuerdo para darle perdurabilidad, tras el estado cuasi anárquico en el cual quedó sumida la Rusia postsoviética.
Una lectura imprescindible
Dada la impronta imperial que Putin quiso asumir, desfilan por la novela personalidades internacionales, entre ellas Angela Merkel, Barack Obama y alguno que otro mandatario francés. En todo momento y en todo lugar, la figura de Putin domina la escena sin necesidad de aparecer de forma explícita. Nuestro protagonista se siente vigilado, observado y hasta perseguido por el hombre a quien sirve incondicionalmente. Cuando quiere salir de su círculo, aterrado por lo que ha construido, ya es demasiado tarde.
Parece mentira: El mago del Kremlin evoca los mejores momentos de La sombra del caudillo, la gran novela política mexicana del siglo XX.
En suma, si usted quiere entender los mecanismos de construcción de una autocracia moderna sin el pesado bagaje teórico de los estudios académicos, no deje de leer esta imperdible y apasionante novela. Su comprensión del sistema internacional actual mejorará y le aportará una mirada mucho más rica del componente humano que define las relaciones internacionales.
No le vendo la trama para no arruinarle el libro, pero en el camino se topará con un emocionante thriller cargado de suspenso y pasajes inolvidables. Lo mejor es que hay momentos de humor francamente divertidos, como esta frase: “Si tu amigo muere, no lo entierres. Quédate un poco al margen y aguarda. Llegarán los buitres y harás un montón de nuevos amigos”.
Lo dicho: una lectura imprescindible para las vacaciones.
Esta columna fue publicada originalmente en El Insubordinado.













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