El maestro del siglo XXI: del pizarrón al corazón

“Por ello insto a que valoremos y empoderemos a nuestros maestros”

En los últimos años, el rol del docente en las pedagogías del siglo XXI ha pasado de ser transmisor de información para convertirse en un agente multifacético de mediación y transformación. Este cambio es el resultado de las dinámicas del mundo actual, que cada vez es más complejo y veloz. El maestro contemporáneo no se limita a entregar respuestas: propone preguntas, acompaña procesos y promueve aprendizajes significativos.

Cuando empecé a ejercer mi profesión como docente universitario comprendí que el aula es un laboratorio vivo de relaciones humanas y construcción colectiva de saberes. No bastaba con explicar teorías: había que crear ambientes de aprendizaje en los cuales el estudiante se sintiera libre para reflexionar y crecer. A partir de esa experiencia comprendí que el docente del siglo XXI es, sobre todo, un mediador sensible al contexto y a las emociones de sus estudiantes.

El paradigma socioconstructivista plantea un rol de docente ideal “facilitador del aprendizaje desde la perspectiva de diálogo, la interacción y la reflexión colectiva.” Redalyc. (2021). El rol del profesor en el aula desde el enfoque socioconstructivista. Es decir, que el maestro devela su ética profesional: porque guía procesos de construcción integral de conocimiento.

La neurociencia también aporta a este proceso transformador. Esta disciplina científica, que integra hallazgos de la neurociencia y la psicología, ha desmentido mitos como el del uso del 10 % de nuestro cerebro. Otros estudios señalan que “la nueva tendencia rompe el modelo del profesor tradicional, constituyéndolo en un neuroeducador.” Redalyc. (2021). Neuroeducación: una nueva mirada hacia el aprendizaje.

Hoy sabemos que las emociones potencian el aprendizaje: un aula sin vínculo afectivo es un espacio que impide construir conocimiento.

Con todo, considero que el docente del siglo XXI debe reunir las siguientes competencias: plantear prácticas reales con proyectos comunitarios, integrar el uso de las TIC, generar lazos de empatía, proyectar aprendizajes constructivos y ser forjadores de paz.

En nuestro país, estas competencias contrastan. Existen maestros apasionados, creativos y resilientes permeados por un régimen con alta sobrecarga burocrática, limitaciones estructurales y ausencia de reconocimiento social. Y no se trata de condicionar la labor docente con las fallas del sistema, puesto que, la vocación siempre está presente. Baste mencionar al profesor de geografía de una escuela rural, que una vez acompañe, impartiendo una clase con un cartón reciclado y tizas de colores.

Por tanto, invito a que dignifiquemos la labor docente rescatando la formación continua, permitiendo la libertad para innovar en el aula, aportando a mejorar sus garantías laborales, y, no menos importante, valorando su rol social.

Hoy más que nunca preguntémonos: ¿Qué acciones nos llevan a contribuir a este compromiso? El rol del docente en las pedagogías del siglo XXI es, en esencia, ético y revolucionario: tiende puentes entre el saber y la emoción, entre la tecnología y la humanidad, entre la teoría y la experiencia. Quien educa hoy enriquece pensamientos. Por ello insto a que valoremos y empoderemos a nuestros maestros. Destinar mayor inversión en su formación y su bienestar es apostar por una sociedad más crítica, sensible y justa.

Juan Carlos López Flórez

Licenciado en Filosofía, historiador y docente. Escribo para invitar a la reflexión, inspirado en la historia y la literatura, impulsando el cambio educativo que necesitamos.

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