El inepto funcional también es ladrón

#LaOpinionDeColmenares.

En la vida pública colombiana hemos normalizado una figura que nadie nombra, pero todos reconocemos: el inepto funcional. Ese personaje que ocupa un cargo, firma documentos, asiste a reuniones, repite discursos y aparece desfilando en todas las redes sociales, pero cuya presencia no mejora nada porque todo sigue igual. No resuelve nada y hasta estorba sin proponérselo. Lo vemos sentado detrás de un escritorio, hablando de “planes”, “estrategias” y “proyecciones”, mientras la realidad camina en dirección contraria.

El inepto funcional no es el corrupto tradicional sino más silencioso: no sabe hacer lo que el cargo exige, confunde trámite con gestión, cree que cumplir un procedimiento es lo mismo que resolver un problema, responde con frases que le hacen porque no entiende la pregunta y celebra avances que no existen. ¡Cínico!

Lo más preocupante es que la ineficacia del inepto funcional no siempre es evidente. A veces parece amable, diligente, y hasta trabajador. Pero queda al descubierto cuando llega la hora de tomar decisiones, interpretar una norma, priorizar recursos o enfrentar una crisis: no tiene criterio, no tiene lectura del contexto, no tiene herramientas. Y el Estado, que debería ser un motor, termina convertido en un carro varado, con el conductor mirando el tablero sin saber qué botón tocar. Y así retrasa procesos, bloquea soluciones, desgasta equipos y, sobre todo, le hace creer a la ciudadanía que el Estado no sirve, cuando en realidad lo que no sirve es el inepto funcional.

Por desgracia, en La Guajira esta figura no solo existe, sino que parece multiplicarse con un agravante: también es ladrón.

Porque en estas tierras hemos visto a muchos que llegan a los cargos con una mano adelante y otra atrás. No han tenido nunca un ladrillo, ni un metro de tierra, y mucho menos pensado en tener un carro. Pero basta con que ocupen un cargo en el gobierno municipal o departamental y a los pocos meses ya tienen apartamentos en Barranquilla y Bogotá, carros blindados, fincas, hacen fiestas con artistas vallenatos reconocidos y un estilo de vida que jamás podrían justificar con el salario de un servidor público.

En Riohacha dicen sin pena que hay un conjunto residencial donde viven los que han saqueado la Gobernación y la Alcaldía. Y hasta en eso se ponen de acuerdo: los ineptos funcionales, además de ladrones, encuentran comodidad en vivir juntos, compartir historias de cómo burlaron los controles y recordar cada jugada como si se tratara de un logro.

Mientras tanto, una cantidad de profesionales guajiros, formados, capaces, preparados, apenas aparecen en las estadísticas del desempleo, porque no pertenecen al círculo del político de turno, no son cuota de nadie o no aceptan las reglas torcidas del clientelismo.

Y luego nos preguntamos por qué La Guajira no avanza. Por qué seguimos cargando con los mismos problemas estructurales: agua, empleo, infraestructura, inseguridad. Pero ¿cómo va a avanzar un territorio cuando sus decisiones quedan en manos de gente que no comprende ni lo que firma? ¿Cómo vamos a hablar de desarrollo si quienes deben liderarlo son incapaces de administrar lo público y, al mismo tiempo, expertos en enriquecerse?

El inepto funcional, el que no sabe hacer nada pero sí sabe robar, se ha convertido en una sombra que recorre todas las oficinas públicas del departamento. Se oculta bajo discursos de prosperidad, se disfraza de gestor comunitario o de tecnócrata improvisado, pero siempre termina dejando la misma huella: problemas sin resolver, promesas incumplidas y bolsillos llenos.

La Guajira no puede seguir siendo el territorio donde los mediocres con cargo desplazan a los capaces sin padrinos. No podemos seguir premiando la ignorancia. No podemos permitir que el futuro del departamento siga en manos de quienes no entienden los desafíos, no conocen la realidad y no desean aprender porque su objetivo no es servir, sino robar.

Mientras no enfrentemos este fenómeno, seguiremos atrapados en una burocracia que funciona en apariencia, pero no en resultados. Y La Guajira ya no puede darse ese lujo. El futuro depende de expulsar al inepto funcional, al torpe, al ladrón, al indolente, y abrir espacio a quienes sí podrían hacer la diferencia.

Y como dijo el filósofo de La Junta: “Se las dejo ahí…” @LColmenaresR

Luis Alonso Colmenares Rodríguez

Me he desempeñado como Subcontador General de la Nación y Contador General de la Nación; Presidente del Consejo Técnico de la Contaduría Pública; Presidente de la Junta Central de Contadores y Asesor de Entidades territoriales en temas relacionados con la hacienda pública, control público, contabilidad pública.

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